jueves, 27 de diciembre de 2007

Otro arte, el de la fuga

Canta Egon Soda en el Arte de la fuga: " Houdini fuma y dice adiós. El medio día nunca fue tan frío. En pirueta interior desaparece para siempre en su cabeza, en perpetua fuga, hacia adentro, hacia adentro. Deconstrucción de luna y café, otro recurso amargo, huir es un arte extraño, voy a volverlo a hacer: disfrazarme de Houdini y encadenarme a tu piel, en perpetua fuga hacia adentro, hacia adentro". Las comas las he puesto a discreción. Y los puntos, y los dos puntos.



Harry Houdini se escurría de las cadenas y las sogas y se escapaba de donde lo metieran. ¿Cómo? qué más da. El tipo sabía escaparse hasta de lo que le encadenara a la piel de Beatrice, y bueno, quitándole romanticismo, tampoco tiene mucho mérito entonces creerse un Houdini del amor, o sí, que parece que ésa es la gracia de la canción. Es decir, que quiere encadenarse para demostrar que sabe soltarse. Para eso no hay que ser mago.




Pero es linda la letra, y lindo que te digan eso de que quieren encadenarse a tu piel. Muy lindo, la verdad. (Qué divertido es ponerse sentimentaloide en final de año, y durante todo el año, ¿no?)



(Houdini pensando cómo escaparse de Beatrice, también en la foto)

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El arte del Refrito

La Estética del Refrito es una teoría de Manuel Horcajo, antiguo jefe de La Negra y cuyo nombre original no quiere que se publique (no sé, tal vez le da cierto pudor el darse cuenta de que sus iniciales coinciden con las mías, etc. etc. etc.).

Dice Manuel Horcajo, en adelante Mi Jefe, mientras sube el Puerto de los Leones y entre interferencia e interferencia del bluetooth, risas y animaladas varias, que nunca se ha valorado el arte del refrito, que es ahí, en ese momento en el que uno se enfrenta al reto de la reescritura, cuando un periodista demuestra lo que vale, cuando se convierte en un auténtico artista de la palabra. Vale, Manolo, es otra manera de piropear a la Negra pasados los años, thanks.

Las cosas ocurren porque tienen que ocurrir, y a veces, las palabras y las ideas se van en enlazando y casi casi que se redactan solas y se te ponen delante cortándote el paso y te obligan a dejar lo que traes en el suelo aunque esté mojado y buscar como una desesperada un boli para escribir la frase clave. Y es que, estaba yo aparcando con ciertas dudas, no porque tuviera problemas (de hecho tenía espacio suficiente para no tener que maniobrar con mi tanque), sino porque me apetecía quedarme mirando el mar que esá alborotado, y sobre todo a un crucero que estaba saliendo de la Ría de Vigo con todas sus lucecitas encendidas y esa lentitud..., me debatía entre el "aparco y me voy a casa de mis papás a escribir el post que quiero", "aparco y me voy al paseo, intento hacer una foto y ya me queda para el post", "no aparco y me voy a mirar el mar negro y a oir esta canción que habla de trenes mientras veo alejarse un barco, huelo los eucaliptos y se me cuelan las gotitas de lluvia por la ventanilla", y cuando... sonó el teléfono. Definitivamente aparqué y me vine hacia casa hablando con Mi Jefe.

No ha hecho falta sino esa conversación para poder arrancar este post. Y es que hoy, 25 de diciembre gallego y lluvioso, he sido consciente de un refrito visual que elaboré hace unos meses, y descubrirlo me ha gustado, me ha enternecido, y me ha dado risa y rabia. Contradictoria, mujer, sí. Negra y artista, cazadora de coincidencias, he visto cómo todo encajaba: un refrito de una cara. Es como si me hubieran dicho "quiero un refrito de veinte líneas de la cara del bajista del grupo de Joe Barnara (que conocí por allá en abril), para diciembre". Y yo, tan aplicadita, lo tuve preparado en noviembre, cuando conocí al guitarrista de otro grupo ¿nacional? Qué cosa. Un refrito visual es otra manera de decir eso de "uy! cómo se parece a ...". Manuel Horcajo suele llamarme Reina de la Modernidad, será por estas cosas con las que sale una.

Hoy el bajista ha tocado el timbre de la casa de mi hermana, (la mujer de Joe) y no he sido capaz de salir a saludar porque... soy una pendeja. Adolescente de 33 que no sigue comiendo porque le apetece levantarse de la mesa y salir a saludar, y a la que no le responden las piernas porque su cerebro (sí, ése que manda las órdenes) estaba entretenido poniendo el retrato del bajista sobre el del guitarrista mientras se partía de la risa él solito. Cerebro traicionero, refritero oficial de caras, y cuerpos y manos, no te pases, coño.

Y justo venía pensando yo en escribir sobre eso y no sabía cómo enfocarlo, y va y me llama Mi Jefe y me da sin darse cuenta el truco, y de paso suena un pipí mientras hablaba con él y resulta que era el guitarrista que me escribe "Reina", y me lo pone todo a huevo. Entonces yo sonrío como una boba, porque me gusta más este músico de barba larga que el otro músico de barba larga, los dos de ojos azules, los dos de manos hermosas, los dos en la porra, los dos personajes de post y yo, artista del refrito universal, ¡hala! como un pendeja en casita de mis papás reescribiendo más de lo mismo. En fin.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

El Bar de Toñi

El bar de Toñi no tiene nombre. "Aquí todos nos sentimos de Salamanca", me dice, y una, que pide un café mientras tanto y mira por la ventana las fachadas del pueblo, tan, tan abulenses, se ríe por el colmillo izquierdo (como diría mi difunta tía Ruth).




Navamorales es un pueblo plano, abierto, con casas antiguas, pajares y cuadras, y otras, muchas, de esas que no me dicen nada. El primero de Salamanca viniendo de Piedrahíta. Cuando llegué a la plaza, de detrás de una puerta de esas que no sé el nombre, de esas de las que se puede abrir la mitad superior solamente, salió una lugareña, viejita y fea como ella sola, y que parecía que me estaba esperando. Le pregunté dónde estaba el bar. Me contestó y cerró la puerta. Con ese frío no me apetecía bajarme del coche, aunque me quedé pensando en el aburrimiento de la pobre mujer. La casa amarilla, la de la esquina, la digna, la de fachada limpia, las ventanas de aluminio plateado, era el bar, y no tenía sino una pegatina de Grefusa en la parte de abajo de la puerta. Casi imperceptible. Y sin embargo, estaba abierto. El bar de Toñi abre siempre. SIEMPRE. Y eso revaloriza un pueblo.




Allí estaba mi nueva amiga cincuentona. "¿Está abierto?", pregunté pendejamente mientras entraba. "Sí hija, lo que pasa es que no hay nadie" (¡!). Tan amable y, por lo que noté, perteneciente a ese grupo de cotillas comedidas como yo (otros le llamaron Cronopios, sorry, Julito), que tenemos curiosidad por los extraños y las circunstancias que los hacen sentarse al calor del brasero. Y es que el bar de Toñi puede que sea el único bar del mundo, síiiii, del mundo, donde de las seis mesas que hay, dos son camillas y con brasero. Brasero CONECTADO, y tremendos mantelitos de ganchillo que, POR SUPUESTO, llamaron mi atención y derritieron el hielo antes de llegar a la barra. "¡Qué bonitos manteles! ¿los hizo usted?", "Ay, hija, no me hables de usted..." Y de ahí, después del break de servirme un café calentito que, sospechosamnte salió de la trastienda y no de la cafetera, de preguntarme por la casa que venía a ver, por María José ("qué buena chica"), la de la inmobiliaria, de contarme que hasta había uno de Alicante que le compró una casa monísima a unos franceses, y uno de Madrid, no, muchos, y de Salamanca, sí, me invitó al brasero y desplegó el contenido de la bolsa de sus labores para explicarme cómo se hacía el mantel para que quedara la forma de estrella en el centro. Y que la lana rinde más que el hilo fino, pero que sí, que había deshecho unos jerseys de sus hijos ("sí, a veces sí utilizo algodón del que viene en hebras gruesas") para hacer otros, "que con los golpes sobre la mesa cuando los hombres juegan la partida cada tarde, no veas tú cómo se desgastan y hay que reponer, jejejej".



Y así dejé a Toñi, tejiendo y viendo el Tomate, que Darek antes se ponía ciego de esteroides y yo creo (eso no lo comenté con ella) que está mejor ahora con ese toque Obregón que envidiamos todas (sin complejos, sí). Le cerré bien la puerta, que no estaba la tarde para hacerla levantar del braserito que estaba tan rico. Y me fui a ver la futura casa del Productor Titiritero, pero eso, espero, será asunto para otro post.

(Esta Nikon que no enfoca... o este pulso cafetero...)

sábado, 15 de diciembre de 2007

No es que hoy

"A las 21: 42 de la noche del sábado 15 de diciembre, Pi pensó en escribir un post y en titularlo: Perspectivas. Se arrepintió. Decidió correr un tupido velo entre sus ganas de escribir un post y la necesidad real de su alma para hacerlo. Decidió, además de posponerlo, sumarlo a esa serie de post en borrador que sabe perfectamente que nunca van a ser publicados. Y se dio una ducha.
Casi media hora después, con pijamita y todavía sin chorrete de colacao en la camiseta , experimentó uno de esos momentos que duran demasiado poco tiempo y que están repletos de extrañas coincidencias. Le dió, al Momento, la importancia precisa para servir de desencadenante de un derrumbe de palabras que no sabía a esas alturas si iba a resultar eficaz. Lo tituló: No es que hoy".
Alaska tiene una canción a la que le falta una frase. Dice: "no será astenia primaveral, o tristeza de verano, en otoño siempre me pongo mal y en invierno igual porque se acaba el año", pues le falta "y cada luna por cuestión de hormonas". Y es que... no... será..
No es que hoy fuera yo a acualizar esta cosa, a marear al personal en esta montaña rusa que es mi blog, que pasa de fiestas infantiles a viajes surrealistas pasando por este tipo de temas, como el de las perspectivas, que no se sabe ni dónde encasillarlos. En Desnudos, como siempre, que seguro que los salidos del mundo terminarán pasando por esta página para decir "qué tipa cortorrollos".
Las perspectivas. Yo te miro, tu me miras, él nos mira y todos flipamos. Porque si me tapo un ojo, te veo el perfil que me gusta, y mejor cierra los ojos a ver si me ves mejor. Y sin embargo, ni así me verás. Ni haciéndote fotos e intentando detener el gesto. Siempre te veré desde una perspectiva que no es la definitiva. Como los matices, como las palabras, las miradas. Un día te creo ahí y estás más a la izquierda de lo que concluyo al día siguiente. O más adelante, o más atrás. El factor sorpresa es importante. Me sorprende verte así, tan sonriente, por ejemplo, desde donde estoy, pero si me muevo más a la derecha, no sé, tal vez si hago un pequeño amago de girarme "para veeeeerrrrrte mejoooooor" descubro que detrás de la sonrisa hay una mueca.
Tu me crees aquí y yo me pierdo, o tal vez no es tanto, porque al final, uno a uno mismo se ve desde distintas perspectivas: segun la hora del día, las prisas del día, las responsabilidades de por vida, las de la vida, las de los sueños, las de la noche de sofá o paseo por el Tormes. Un derrumbe (de palabras) pendejo y sin foto. Qué cosa.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Alas de Vanidosa


... es que, qué pedazo de alas!!!! jajajajja

jueves, 13 de diciembre de 2007

Mi reina, mi princesa y mi angelito.

Anoche me fui tarde a dormir. Cuando llegué a mi cuarto había alguien en mi cama. Una bella mujer en mi lado de la cama. Era Alicia. Mi princesa. Le propuse que se quedara conmigo, la puse sobre la otra almohada y la tapé bien, le hice eso que mi mamá siempre ha llamado "choricito" y que ella misma considera poco tierno, pero que es una de sus máximas expresiones de amor, una sacudida firme pero que te mece, te da calor, te hace sonreir.



Y me acosté a su lado. Hacía tiempo que no dormía con Alicia. Ni con Nicolás. Busqué sus piececitos con los míos, una posición extraña, sí, teniendo en cuenta que entre ella y yo hay más de un metro de diferencia en estatura, pero es que cada una quería dormir mirando para su lado. Me dió gustico sentir su calorcito, y pensé que era lindo eso de estar pendiente en sueños de que no se destapara la espalda, de que me tiraba del edredón, en fin, de esas cosas que siempre estuve pendiente cuando dormía acompañada. Una, que pierde la costumbre.









Alicia es mi protagonista estrella del día, a pesar de que llevo más de una semana poniéndola la primera de la lista. Hoy era su fiesta de Navidad en el cole, y tenía que ir vestida de angelito. Yo no soy una madre coraje, de esas cuyo mundo gira alrededor de sus hijos. No, algunos de los que incluso se pasean por este blog pueden dar fe, de que soy más bien una egocéntrica de cuidado. Pero sí soy una de esas mamás que disfutan con hacer las bolsitas de la merienda y la muda del comedor, el disfraz de Navidad, el ajuar del recién nacido, la ropita de las muñecas, las cortinas del cuarto, la colcha, los cojines, y que se esmera porque vean por la ventanilla del coche lo chulo que se ven los pajaritos volando, los atardeceres y la luna cuando parece una uñita de meñique de bebé.













El caso es que, a pesar de las amenazas que me tocó hacerle durante esta semana ante las pataletas y espectaculos varios que se digna en ofrecerme en exclusiva, Alicia se vistió de angelito y fue el más lindo de la clase.

(La más bella)











Yo llevaba dos semanas pendiente de la tela del vestido, de la puntilla horterísima y, sobre todo, de las alas. Pero como soy como soy, ayer, a la una de la mañana estaba todavía yo, aguja en ristre cosiendo el adorno del dobladillo y el escote, porque, además de dejarlo todo para última hora: me falló mi Reina.













Mi Reina es uno de los mejores regalos que me han hecho en la vida. Mi ex suegra, gran mujer encantadora y buena persona, apareció un día del Pilar con tremendo regalo que, por supuesto, yo creo que no me merecía, y menos en esa fecha, en la que la mayoría de gente que conozco me recuerda y yo nunca, nunca he celebrado (cumplo el 28 de abril, para los que estén interesados, me hace más ilusión mi cumple, vaya, y es que tiene más mérito acordarse de eso que de que me llamo Pilar). Mi Reina apareció despanpanante y femenina con ese rosa chicle y sus mil funciones para hacer "virguerías". ¡Yo quiero hacerle vestiditos a Alicia con nido de abeja!(¿se dice así?), ¡¡¡Ahhh, puedo hacer ojales!!!!¡¡¡y bordar!!!! Madre mía, qué ilusión. Estaba emocionada con mi regalo. Y es que mi preciosa máquina de coser ha viajado conmigo hasta Mos, para hacerle arreglitos a mi hermana y mi mamá. Estoy superorgullosa de ella, a pesar de que ayer me fallara para terminar de coserle la puntilla al vestido de angelito, no sé porqué extraño motivo se enredaba el hilo en la canilla. Pero me dio igual: es heróico trasnocharse porque por fin una manualidad quedara "pulidita", total, ya me había tirado toda la mañana pegando plumas en las alas que YO había diseñado y que había arrancado de otras alas superchungas (por supuesto) de los chinos (que además estaban con un alambre suelto y de las que me rebajaron un euro, oye, que una es una negociante, jejejejej). Y qué alas. Y qué corona de espumillón que picaba en la cabeza! estaba preparada para que Alicia la llevara agarradita con una pincita para que quedara ligeramente elevada de su cabeza, vaya, como un ángel de verdad, porque ¿desde cuándo los ángeles llevan espumilllón en plan corona de espinas?












Yo estaba super orgullosa de mi princesa, por vestirla, por verla cantar y bailar, presentía que iba hasta a llorar de la emoción, algo muy típico en mí en mi peculiar amor de madre. Pero... ¿qué más da que se le hayan caído los tirantes de las alas por llevarlos pegados con pegamento y no cosidas?¿y que se haya retrasado un ratillo la función porque había que subir a buscar una grapadora para arreglar el desaguisado? ¿y que mi princesa tuviera una crisis de miedo escénico y entrara en shock y no bailara, ni siquiera aplaudiera, ni sonriera mientras estuvo en el escenario?¿y que la mamá, que regaba la baba por el salón de actos, no soltara ni una lágrima de emoción?¿y que el hermano, y los hermanos de las amiguitas, colegas de 5 años, no les gritaran "guapas" como les teníamos aleccionados las mamás? ¿Qué más da, si después del acto no había quién le quitara el vestido aunque le hubiera quedado largo, aunque hiciera 2 grados en la calle, aunque el panty fuera beige y se le trasparentaran los calcetines rojos, aunque se le salieran las bailarinas blancas, prestadas, un número más que el de ella? ¿aunque no soportara la "corona" y el escote más bien pareciera palabra de honor? ¿qué más da que la mamá confirmara una vez más que McGiver es una chapuza, pero que su niña, su preciosa y tirana princesita, era el Angelito más feliz al bajarse del escenario?








(My Queen, the best, the one and only)

lunes, 10 de diciembre de 2007

En la línea "Perdonen las molestias"



Yo pensaba escribir un post que se llamara: "Redacción: Mi familia", pero va a ser que no. Será "oto día", como dice Alicia y se resigna, o se organiza su agenda, como queramos interepretarlo. Oto día escribiré un post sobre el Puente de la Inmaculada, aquel que transcurrió entre una nube en Mos, con música chula, ocho niños pululando, las caras de la madrecita, las carcajadas de la hermana y los aperitivo del cuñado. Y el Belén del abuelo pintado entre paseo y paseo al invernadero. Oto día, tí.






Ayer recibí una llamada desnuda. De esas que uno no espera, o cuyo contenido, más bien, no espera. De esas que uno siente hasta pudor porque ve el alma de quien habla sin los cartelones de "estamos mejorando para usted" escondiendo el interior. Es bonito vivir cosas así, aunque supongan una pequeña derrota para el propio ego, y eso que últimamente paso por la vida como la vanidosa number one. Pobres nuevos amigos que me desconocéis tanto.






La Vanidosa siente envidia del objeto del deseo de mi interloculor de añoche. Siente envida porque ha sabido permanecer en un corazón. ¿Cómo es posible dejar tanta huella? Que me digan cómo carajo se hace para "entrar a saco en la memoria" para desmantelar, para desmentir, para despojar de su último reducto la soledad de otra persona (perdóname, Mario). ¿Qué poder hay que tener? Y esto es sólo una reflexión, porque después, ¿cómo carajo se mantiene? Y sobre todo, ¿cómo se reponde a la pregunta de cómo se saca del corazón a una mujer así?






Me quedé pensando en eso del amor, los flechazos, de los fogonazos, en los enamoramientos lentos (si es que existen) y en los eternos, que no sé yo a estas alturas. Me miré por dentro para sacar argumentos y defender por lo menos una postura que sirviera de consuelo a esa pregunta retórica (porque era retórica, ¿no?) Y hablé, y hablé, y hablé, y como no tengo rollo ni ná, yo creo que el tu tu tú que escuchaba era una clara directa de que ya me estaba pasando.




El caso es que es tremendo encontrarse con alguien que ama. O que supuestamente ama. Y da envidia porque una quiere ser así, amada, y da miedo porque una se siente cobarde para recibir amor, para corresponderlo, para sentirlo incluso. Una, la Vanidosa, la que va últimamente por la vida sacando pecho y retando al aire diciendo "venga, que yo me atrevo a querer, ¡coño!", se miente. Y siente envidia de las que se enganchan en los corazones ajenos, y de las que reciben llamadas de la Felicidad cuando se van de viaje a Francia, o de la mujer valiente que se dejó ver tan bella como supuestamente es por aquel fotógrafo del blog de aquí al lado. Mujeres valientes, sí. O kamikazes. En activo, por supuesto. ¿Seré así? no sé. Siempre que hablo de estas cosas me acuerdo de un trocito de la La Náusea, de Sartre, que apunté en mi libro de escritos a los 17 años: "Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera... Hasta hay un momento, al principio mismo, es que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré".


No sé, no sé. Yo por si acaso llevo puesto un paracaídas (de atrezzo).

(Aperitivo. No nos gusta el Cardhu)

jueves, 6 de diciembre de 2007

Y amaneció...

... y salió un día nublado y gris. Guay, las cosas cambian!

Conmemoración y escenas épicas

El 6 de diciembre de 2006 amaneció espectacular y, aunque no hubiera sido así también habría hecho lo que hice. Me fui N110 más allá del Barco de Ávila, llegué al puerto de Tornavacas, paré, miré, flipé, hice una foto y seguí carretera abajo. Me tomé un café en el primer bar del pueblo, eché uno vistazo a los cerezos que algún día veré florecidos y dí señales de vida, las madres, la carretera, ya se sabe.

(Que no tengo photoshoooop...)

Después dí media vuelta, hasta que la misma N110 me dejó en el desvío al puerto de Chía. Chía es un pueblito muy mono a... no sé cuántos kilómetros de Bogotá. Curioso. Me hizo gracia. Me desvié. Le pregunté, por supuesto, a un par de lugareños por dónde llegaría al otro lado de la montaña, y ellos me dieron las instrucciones pertinentes y respondieron, como la gran mayoría de los "lugareños" que me cruzo por estos pueblos, a la pregunta de si se podría pasar a pesar de estar alto y ser invierno: "jajaj, ese coche pasa por donde quieras, guapa!". "Ya, el problema es saber hacerlo pasar", suelo añadir yo. Y subí. Y subí. Y flipé. Hice fotos, malísimas, empecé a ver la nieve, empezó a ponerse el sol. Pasó un Defender cuyos tripulantes me miraron raro. Y yo a ellos por eso mismo. Y después de un rato, cuando estaba emocionada con el paisaje y quise dar señales de vida: no tenía cobertura. Si me caía barranco abajo, a nadie, absolutamente a nadie se le ocurriría buscarme por esa zona. La última noticia de mi vida se había quedado cien kilómetros al oeste, y las asociaciones nostálgicas de Chía, como que no. No pasó nada, salvo que empecé a pensar en qué cosa es la vida.

El 6 de diciembre de 2005, también amaneció espectacular, y sin salir de casa, sin arrancar un coche, casi casi sin ponerme las gafas, mi vida cambió. A pesar de la cobertura, de estar bajo techo, segura, con sol y acompañada, pasó todo.

El 6 de diciembre de 2007 no sé cómo va a amanecer porque apenas son las cero y pico. Ni una hora hace. Y sin embargo, en mi vida, a estas alturas pasan cosas. Y como tengo la manía de montar pequeños templos, de no olvidar las fechas y de conmemorar los hechos trascendentales, pues ala, éste es uno de los más importantes de mi vida y aquí estamos. Sin tristezas, sin sensación de derrota, asimilada, superada y sin miedo a quedarme en casa en este día señalado, entre otras cosas por ser San Nicolás, el santo de mi niño que nunca celebro. Ahora, desde este sofá beige vestigio de batallas ( y me voy a poner épica), pero desde otro campo donde no he librado guerras de esas a las que conduce el amor (lo siento, tiendo a pensar que el amor es finito, y los finales importantes tienden al drama), desde aquí, con gafas y pijama con chorrete de colacao (no es mi intención resultar atractiva a estas horas, señores), me veo desde fuera y sonrío. Sonrío porque recuerdo también aquella mañana del 13 de mayo de 2006 en el que, con el sol en el café, volví a escribir, y sobre todo porque a estas alturas siento como un extraño sosiego rodeado de dinamita. Qué vértigo, qué emoción, cómo se pone la piel de gallina con sólo pensar en una mínima chispita. Una mínima chispita.

domingo, 2 de diciembre de 2007

El puzzle de Natalie Portman y el árbol seco

Natalie Portman se arrepiente de haber salido desnuda en el corto de Wes Anderson. Eso dicen. Que ella no quería dejar la imagen de niña buena que siempre ha dado y que tanto, tanto seduce. Si fuera hombre, de esos con imaginación que tanto me gustan, también me enamoraría de Natalie Portman. Y chica, por muy desnuda que aparezcas en determinados sitios, seguirás siendo lo que siempre has sido: una preciosa mujer que a veces parece una niña.






Esta madrugada venía conduciendo por la A6 y pensaba en la guapa Natalie y en este rompecabezas tan divertido que es la vida. Rompecabezas o carta celeste, porque unas veces se trata de unir piezas, y otras de trazar líneas que forman constelaciones que le dan sentido a nuestro universo particular. Yo de pequeña quería ser astrónoma, por eso me emociona tanto el tema de las estrellas y el vértigo que produce pensar en la infinito que es esa vaina del universo.






Ayer estuve en Madrid y digamos que fue un día raro, de los que no se olvidan en la vida. Y no solo porque fuera uno de diciembre, (aniversario de esos de adolescente que una no se atreve ni a confesar el motivo pero que sigue celebrando en secreto), sino porque de una manera u otra iba a significar un antes y un después en mi Fantástica Recopilación de Historias Freakies. Feakies pero entrañables.






Ayer aparqué mi bella Hiluxión verde en un barrio de Madrid que me encanta por los recuerdos que me trae. Allí trabajé durante un buen tiempo, escribiendo sobre viajes que no hacía, ejerciendo de negra sin tomar el sol. Aparqué además delante de un edificio que hacía tiempo había visitado, donde había vivido otra de mis historias absurdas del tipo: "te a va a sonar extraño que te diga esto, pero aunque sé que no te conozco de nada,tengo que ayudarle a mi padre a mover unos muebles, te dejo la llave de mi casa, mi móvil para que llames a "papá" si necesitas algo, la mantita del sofá y, por fa, no te lleves la tele de plasma, que es de una amiga". Yo, que por supuesto estaba sin móvil porque se le había acabado la batería, esperé hasta que mi anfitrión volviera, y escuchamos llover y caminamos medio mojados hasta el metro cuando nos despedimos. Recorrimos bajo la lluvia el mismo tramo que ayer conduje para aparcar. También llovía. Mi anfitrión de aquel día desaparecío sin dejar rastro mucho tiempo después de ocurrir aquello, sin motivo, como suele ser habitual, y sin explicaciones, como suele ser más habitual. Y yo, pendeja que soy, recuerdo con nostalgia esas cosas.






Sin embargo lo de ayer tuvo más tintes de sorpresa, de cruce de caminos, de presencias impronunciables que no venían a cuento. Natalie Portman que sale en "Algo en común" escuchando una canción que suena genial. La canción es New Slang de The Shins, que con su "uhuhuhu" y un " qué bonito suena eso", nos despistó de la conversación sobre desnudos y no precisamente sobre el de la bella Naty, y por supuesto del objetivo del aperitivo . ¿Qué tiene que ver ella en todo esto? No sé, tal vez que seamos muchos los interesados en su belleza.


Ya tenemos banda sonora para esta amistad fraguada en una mesa camilla, con filetes de pollo doraditos y guarnición de champiñones con bacon y nata que rebañamos hasta pelearnos la cuchara de servir. Los árboles secos tienen su encanto, si, y el mar, sí, también, pero yo soy más de atardeceres en la montaña y Madrid. Y hablando de Madrid y del cd para los viajes, la Hiluxión nos llévo Paseo de Extramadura abajo mientras el random pinchó Big Exit de PJ Harvey. Sí, conozco esta canción, ¿qué pintan ahora aquí las aceras barcelonesas? será que no quieren que las olvide definitivamente. Y una sonríe.






La Felicidad son momentos como estos de buscar aparcamiento en Madrid atiborrado, tomar un café y dejar que se sienten a tu lado un montón de desaparecidos en combates que nisiquiera has presenciado, y reirte y perdir que sean más estos momentos mágicos, con mojitos, cortilandias, espirales, y eternas A6 con música tan espectacular como la Porcupine Tree sonando a todo volumen y atravesando bancos de niebla sin ser abducida. Maravilloso. Sencillamente, maravilloso.

(Que sí, que lo voy a leer...)

jueves, 29 de noviembre de 2007

No son horas

Son las doce de la mañana, he hecho ya un montón de cosas que tenía que hacer, me he portado bien, he cumplido, y cuando termine de escribir esto seguiré cumpliendo con lo que me propuse para hoy. Hace un día hermoso, con el cielo azul raso, un día frío (como es habitual en mi pequeña ciudad de provincia) y brillante.



Y sin embargo. (A mí también me gusta dejar frases inacabadas, pero lo hago poco, escribo y borro, escribo y borro, pero corrijo poco, se nota, no soy una profesional. Me parece valiente y creativo ser capaz de decir con palabras sin articular, quiero decir, sin sujeto verbo y predicado, contar con palabras desnudas una historia. Porque al fin y al cabo si juntas palabras formas historias. O sentencias. En el Hay Festival de este año hicieron una cosa espectacular, por lo menos eso nos pareció a La Semana Fantástica y a mí, que fue proyectar sobre el murito más ancho del Acueducto de Segovia un montón de palabras mezcladas aleatoriamente y en forma de pregunta. Así buena parte de la noche. Entretenido, sinsentido o con sentidos. Pero salía movido en las fotos. En fin. Jugar con palabras, es bonito).







Pero iba en el "y sin embargo", y es que hoy, no sé, tengo el alma al ralentí. No es tristeza, ni nostalgia, ni pereza. Es el alma al ralentí. Pérdida de ganas, tal vez. Y en eso ha colaborado mucho Alan Pauls.


No me voy a poner a contar aquí cómo carajo llegué a donde llegué, pero descubrí un comentario que hizo el hombre y me dio pena. Por lo visto salió en un programa argentino hablando de todo y supongo que de su último libro, y por lo visto habló también de los blogs. Y por lo visto dijo algo así como que no le gustaban los blogs porque la gente se escondía detrás de ellos, cobardes, bajo seudónimos. Teniendo en cuenta que esto lo leí de alguien que lo vio por la tele, en un programa editado y en un país lejano, puede que se haya ido perdiendo la esencia del mensaje, pero tampoco encuentro éste muy complicado de transmitir.

Pauls acaba de publicar un libro que leeré y reseñaré, y tal vez le haga una entrevista porque ya me la he pedido desde que supe que iba a sacar "Historia del llanto". Sé que me tengo que encontrar con este hombre de alguna manera y quiero que sea cara a cara, porque quiero decirle que por lo menos yo no soy una cobarde, no me escondo detrás de mi teclado, es más: que me pongan delante a Juan Cruz que se lo digo todo a la cara. Y como yo creo que muchos. Pero el aire es libre. Y tal vez la entrevista termine haciéndola por mail. Patético, sí. Porque tambien podré pensar yo que aquel que me responde se esconde de sus respuestas, no da la cara, nisiquiera da correctamente su dirección de email.

Hoy curiosamente me he vestido de negro, cosa rara en mí. Me he puesto la camiseta de Brie Vandecamp con pelo fucsia y no sé, me siento extraña. Porque aunque crean que este post está resultando tremendamente incoherente, yo les aseguro que no, todo tiene una razón de ser. Una mañana una se levanta con el alma atolondrada y va y descubre que al escritor que le gustó primero como tremendo-hombre-que-se-sienta-como-público-en-un-coloquio, y después resulta ser quién es, opina que los blogs son una estafa. Y resulta que ese que antes que nada es un bombonazo de madurito que además gana Herraldes, es el mismo que te dice escribí, hacete un blog, yo te leo, mirá mi mail, escribime, yo te comento, de verdad. Andate a la mierda, Pauls. Cuán humano eres, hombre de Dios.

El Hay Festival de Segovia fue como una cosa mágica que me movió a montar este blog para agilizar mi mente y sacudirme las palabras que me estaban pesando en los dedos. Aquí soy feliz, y por eso escribo a deshoras. Ya llegará el día que deje de escribir pendejadas, que "mi verbo" no le atraiga a nadie, que me de pereza, o que aparezca otro asunto con el que entretener mis ratos muertos.

En fin, en todo caso hoy tengo penita por la opinión de Pauls, y buscando buscando encontré este, digamos, avance, del programa en el que la dijo. Y aparecen otros escritores argentinos (incluso su suegro si no estoy mal) diciendo cuatro tonterías, que con el acento y el contenido la hacen pensar a una que esta vida es muy triste, coño, o yo qué sé, con tanta pedantería y ese acento tan tremendamente bonito (¿porqué una los tiene que ver guapos sólo porque hablan así? manda huevos!). Ay, por favor! y encima sale Pauls, con su look-primer-día-en-Segovia, con esa sudaderita de treintañero guay y esas arruguitas, y hablando del amor. Voy a mirarlo de ahora en adelate como un vil hombre guapo, sin más. Es un poco de risa.
Me voy.








miércoles, 28 de noviembre de 2007

Ismael, Ismael

El tipo tiene un punto. Pero pero
pero
pero
que alguien le quite la guitarra, le tape la boca y le diga a su padre que le presente al Ché aunque sea un foto, coño!!!!!!!
Dios Mío, entre Juan Cruz e Ismael van a acabar conmigo....

Y por favor, no me toques a Mercedes Sosa, por favor.
(y hay un montón de fotos de él en internet, pero no me dejan copiar ninguna, vaya)

martes, 27 de noviembre de 2007

Super final, super modelo

Aquí ando, trasnochando tontamente mientras veo la final de Supermodelo, flipando con el peloteo, la inmadurez y las imprudencias de las adolescentes que juegan a mayores, y me encanta reirme con ellas tan guapas y tremendas y tan inseguras, las pobres. Cómo sufren con lo feítas que son. Y la Judith Mascó... sin comentarios. Me encanta, sin complejos. Atención a la frase de la abuela de Alba, sabia señora: "quien tiene vergüenza, ni come ni almuerza". Tomo nota y dejo la cama sin hacer.


Y esto no lo dice nadie más que yo, la de la foto borrosa, que hoy no tiene más novedad que la de estar contenta por una extraña sensación. Y es que, a pesar de que mi vida se reduce a poco más que unos proyectos que se están ralentizando, a tener el turno de los niños cedido al ex y a este blog que me mantiene la mente despierta, siento que me pasan cosas. Creo que la vida necesita ser divertida aunque la diversión no se corresponda con los topicazos urbanitas. Este fin de semana sin ir mas lejos, fui consciente de que la humilde vida en esta slowcity me salva de la ansiedad de estar perdiéndome el montón de cosas que ofrece Madrid, que al fin y al cabo está aquí al ladito, y que por cuestiones de gente o maternidad no podría disfrutar. Me hice ese planteamiento con satisfacción, porque eso no convierte mi vida en algo aburrido, porque no sufro, porque me hace centrarme en lo que verdaderamente tengo y debo cuidar. Pero maticé: estoy satisecha de mi vida porque no es plana, porque va más allá del día a día de una clásica ciudad de provincia. Alguien me dijo ayer que la vida era como una composición musical que no puede ser lineal, que necesita arreglos. Me pierdo con los términos musicales, pero cuánta razón tenías.


Mi vida, a pesar de tirarme un montón de horas en mi sofá beige o conduciendo o delante de este ordenador está repleta de arreglos, matices, tonos, politonos o como queráis llamarlos. Y hoy, simplemente por estar aquí tengo una sonrisa tan, pero tan tonta, que todavía me dura. Qué cosa. Y ganó Noelia. Es mona la chica.

Noelia la bella, aunque yo prefería a Magdalena

domingo, 25 de noviembre de 2007

Sobre fulanos y menganas como nosotros

"Hablo de tu infinita soledad /
dijo el fulano /
quisiera entrar a saco en tu memoria
apoderarme de ella,
desmantelarla, desmentirla,
despojarla de su último reducto.



Tu soledad me abruma, me alucina /
dijo el fulano con dulzura /
quisiera que en las noches me añorara,
que me echara de menos,
me recibiera a solas.

Pero sucede que/
dijo calmosamente la mengana/
si tu bendita soledad se funde con la mía,
ya no sabré si soy en vos,
o vos terminás siéndome.

¿Cuál de las dos será
después de todo
mi soledad legítima?

Mirándose a los ojos,
como si perdonaran
perdonándose,
adiós/
dijo el fulano/
y la mengana,
adiós"

Lo escribió Benedetti, ehhhh....

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Braulio, mi hombre desnudo

Sí, me he trasnochado y no he contado un par de cosas más de mi perro freaky. Este homenaje a mi canchoso está siendo como una reconciliación con él, por haber soportado tantos años de indiferencia y mal humor. Ay, canino mío.


El Braulio es un perro humanizado y bipolar, como me dijo un amigo el otro día cuando le hablaba de él. Se pierde en sus propias contradicciones de perro neura, hasta el punto de gruñir a todo el que se acerque a su correa, pero a la vez morirse de ganas de salir a la calle. Morirse de ganas es morirse de ganas, hasta el punto de querer llamar la atención sobre su correa y su paseo, que no le importa plantarse trece escalones por encima de ésta y gruñir cada vez que cualquiera de la casa pase a un metro de su hocico. Braulio, neura y macarra.





Pero es que cada noche, desde que era cachorrito (y por lo menos en mi casa, que con esto de la custodia compartida del perro una también deja de controlar las costumbres de la mascota) , el tipo se planta en la puerta del salón y, sin entrar, me mira de frente y hace un gesto como de "¿qué? nos vamos a la cama? yo me retiro, ¿eh? qué tengo sueño", y se va. Después, cuando subo suelo escuchar el salto que da bajándose de la cama, ý el sonido del mimbre de su cunita. Él no quiere que yo lo descubra, pero sin embargo la otra noche me desconcertó.


Me iba ya a dormir y me lo encontré tumbado de lado en mi cama. Le dije "abajo", le repetí "abajo, Braulio", le insití "venga, Braulio, tío, abajo", y mientras tanto me miraba sin pestañar. De repente me empecé a reir observando la imagen y viendo que el tipo podría ser un hombre desnudo que me esperara en mi cama haciendo señas con el dedo, "ven, rujuuuu, ven", y que, mientras, me sonreiría guiñándome el ojo... Con la risa me acerqué a él y le puse la mano como a diez centímetros el cuerpo y, como sabía que iba a suceder, el tipo se puso boca arriba para que le acariciara la barriga. Pobre hombre necesitado de afecto. ¿Y si se me muere el neura de mi perro?
(Braulio con su ¿andrés? azul se va a dormir)

lunes, 19 de noviembre de 2007

Para freaky mi perro






Braulio tiene nueve años y es un neura. Sueña que ladra y persigue a otros perros, pero a mí me tranquiliza escucharle sus respingos por las noches. Desde hace un par de meses hemos vuelto a retomar esta relación de amor odio que nos ha caracterizado, y que pospusimos desde que nació Nicolás hace cinco años. Braulio es un personaje, el más freaky de los varones que me rodea. Con su complejo de Rotwailer (no sé cómo se escribe y no tengo ningún interés en contrastar la información, queridos lectores) me ha hecho cogerle el miedo a pasearlo a las horas en que otros perros salen a la calle. Sólo él ha logrado sacar de sus casillas a un pastor ovejero en plena calle Atocha. Braulio toca huevos. Él, tan bajito y paticorto, tan pijo desmelenado, sucio y garrapatudo, con ese olor tan espantoso que le queda cuando se echa una de esas carreras de histérico en el campo. Esos pedos (con perdón) de mi Braulio que le asustan cuando suenan y le hacen meterse debajo de la mesa. Esa manía por tirar a morder cuando levanto los pies para tumbarme en la cama, y no en el sofá, sólo en la cama. Esas carreras de galgo detrás de las motos y los todoterrenos, sólo todoterrenos y motos de gran cilindrada. Esa ansiedad que le entra cuando escucha el pitidito de un juguete (sí como el que se traga el bulldog de Cerdos y Diamantes), y cuando le dices "dónde está el pato" y lo busca, y lo trae sin cabeza. Y cuando juega al fútbol gruñendo pero dejándote la pelota a tus pies para que juegues con él. Ay,mi Braulio. El canino que somatizó el nacimiento del primer bebé y la separación de sus amos, y al que le dieron agujetas cuando nso fuimos a recorrer el Curueño, el que busca afecto, el que da la pata, y la otra, resignado, el que tuerce la cabeza cuando le dices andrés y él entiendo arnés, el que se queda inmóvil cuando éste está sin abrochar y solo se pone en marcha cuando hace click. El eterno enamorado de Holly la Teckel de su infancia. El incontinente. El de las gastroenteritis, las conjuntivitis y el espolón incrustado. Braulio de amor, Braulín, Braulio Antonio. ¿Y si se muriera? ¿y si me tuviera que resignar a estar sola de verdad cuando los niños se van con el papá? ¿y si no le puedo echar más la bronca?¿y si me quedo sin cargos de conciencia por los paseos cortos?¿y sin poderle dar las cortezas del pan bimbo? ¿a quién le grito por tumbarse justo encima de almohada? ¿y por rascarse y levantar las tablas de ésta?¿y si se me muere Braulio?

viernes, 16 de noviembre de 2007

A Juan Cruz le robaron el portátil




En Barajas. Todo en él, en Juan Cruz, es super de actualidad, porque, ahora que está de moda eso de los vídeos de los carteristas y ladronzuelos del aeropuerto, él no podría ser menos, y por supuesto a él le pasó. Perdóname, Juan Cruz, me lo has puesto a huevo para escribir este minipost.



(Pobrecito)


Voy a buscar en las casas de empeños, en el mercado negro, en E-bay, quiero ese ordenador, quiero curiosear en los borradores del blog de miamigojuancruz, en sus documentos, en sus myspacepics. ¿Qué encontraría? Qué delicioso sería. ¿Sus borradores literarios, sus manuscritos escaneados, sus autofotos probando la cámara nueva, su carpeta "mis amantes freak"? Ay, Juan Cruz, tendremos todo esto en común? Quién lo sabe.

martes, 13 de noviembre de 2007

De todo lo visible y lo invisible

Me voy mañana de Barcelona y sólo he hecho un par de fotos. A veces ocurre que uno pierde fuelle en el camino y se queda sin hacer clik al obturador.








Me pateé el barrio de Gracia, supongo que el centro y no encontré un abrigo que me enamorara. Hablé de arquitectura, no precisamente moderna, ni modernista, ni ná. Quería un yoyó y sólo obtuve por respuesta: "los yoyós son una cosa más del verano" (?). En Barcelona, en noviembre, no hay yoyós para Nicolás. A veces los viajes terminan siendo surreaistas y no por eso menos interesantes o entrañables.






De lo visible: mis amigas, mis viejas amigas del alma, una ciudad linda con aceras floreadas pero rotas, un cielo encapotado y un ir y venir de gente guapa. Y a pesar de todo, la conclusión de que adoror Madrid. Haría a gusto el puente aéreo Barcelona - Madrid, me encanta esta ciudad, quiero volver, ya lo he hecho, pero mi Madrid es mi Madrid. Y el lugar donde vivo, el lugar donde debo y quiero estar. Este tipo de conclusiones son las que te permiten caminar con ganas, no perder detalle en los escaparates y sentirte guapa. Es una forma de felicidad.






De lo invisible: se me quedó el móvil en Ávila. Me faltaban treinta kilómetros para llegar al aeropuerto y me di cuenta de que lo había olvidado. Viajé, como se dice en mi país, "empelota" (?). Rodeada de gente y estaba incomunicada. De repente, mi cabeza empezó a organizar una estrategia para localizar los teléfonos de quienes tenía que ver en Barcelona, y nisiquiera pudo conmigo el control de los nacionales en la A6 a las 5:40 de la mañana. ¿qué hacía un policía con el arma en ristre a esas horas de la madrugada? Daba igual. En esos breves momentos de crisis me di cuenta de que no recordaba ningún número y que apenas podía recurrir a un par de rutas para dar con mis amigos. Las cosas se dan así por algo. Me he pasado un fin de semana dependiendo de móviles ajenos, experimentando la desnudez en su sentido más tecnológico posible, hasta el punto de entrar al Ciberlang y encontrarme con 40 ordenadores y 15 orientales hablando en sus idiomas ininteligibles por el SkyP y abrir un Windows Vista con caracteres chinos (¿o serían nipones?). ¿Cómo se dice aceptar en chino? ¿usted sabe dónde pone cerrar sesión? Desnuda, indefensa e incomunicada en Barcelona.






Y sigo con lo invisible, porque suena Masha Qrella, a quien todavía no conozco. Prefiero escuchar "Insolved Remained" aunque no sé lo que dice, mejor que este "Corazón Espinado" que me está quitando la concentración en este bar en el que escribo esto en plena calle Mayor de Gracia. En realidad no tengo fondo musical, ni abrigo, ni yoyó. Sólo una foto que no dice nada y podría decirlo todo. "De todo lo visible y lo invisible", un credo en toda regla.


(Una parte del borrador de esto que habéis leído)

jueves, 8 de noviembre de 2007

Faustina no para de llorar

Mis ganas de hacer amigos dependen de mi estado de ánimo y, sobre todo, de mi nivel de agresividad. Es lo que tiene hacer casas en pueblos perdidos dé Ávila, que una llega a la obra un día en el que ha fallado el fontanero, se ha caído una teja a la calle o el de la madera no ha traído las vigas y las puertas, cuando de repente viene el viejito de turno y da el parte. En Malpartida era Felicísimo el que me mantenía al tanto, y en Serranía, mi querido Antolín, que a veces me llenaba de ternura, otras me tocaba la paciencia, y otras (dos), el culo. Uy!
Unos días yo llegaba al pueblo y, sintiéndome Letizia Ortiz, levantaba la mano izquierda y, sin moverla, sonreía a modo de saludo. Otros, sonreía a desgana y pasaba de saludar. Ay! qué pereza los viejitos! Ay, cómo se aburren! ay, pobrecitos mis albañiles con ese público tan entregado mirando desde el sol cómo carajo les queda la pared! A veces no los soporto, pero en general me enternecen.
Esta semana llegó el momento de enfrentarme a los "lugareños" de Horcajo de la Rivera, el pueblito de Gredos donde me he comprado un diminuto pajar. Desde el día que me convertí en su propietaria, y en menos de un mes, recibí tres llamadas con muy mal rollo de tres de mis vecinos de medianeras y he aquí que iba más bien armada de paciencia y con un speach casi redactado de lo que le iba a decir a todo aquel se te atreviera a meterse con mis piedras, con los muros comunes y con mi supuesta intención de "no colaborar" ¡¡Que a mí nadie me viene amenazando!! (y, por supuesto, yo tengo la razón).
El lunes amaneció brillante, con ese cielo azul espectacular del que siempre hablo, y parece que esa calma de mañana en el campo y otoño de robles naranjas afectó a los viejitos de Horcajo, y me enamoré de todos. Podría contarles de Lorenzo, ése sesentón y soltero, que con su voz radiofónica me dejó caer que siempre era bueno tener nuevas vecinas, y guapas, en el pueblo. O de Felipe, que se metió en su casa y salió con cuatro manzanas rojas y dos reinetas de su huerto (y una propuesta firme de negocio con las alubias blancas, que ya se sabe, la tierra del Barco de Ávila y alrededores es la mejor, así que ya sabes, guapa!). O de Pedro y Práxedes, tan modernos a su manera, con su cafecito con leche y esas pastas tan ricas. O de Visitación, con su sombrerito de paja y ala ancha, digámosle pamela de pueblo, que es la encargada de limpiar la fuente, "que sale mejor del grifo, guapa, directa de la montaña, y oyes, qué bueno que te hagas una casa, que a mí me gusta mucho hablar con gente joven". Ay, Visitación se merece un post.

(Felipe y Faustina posando para la foto)
Pero no. Voy a contarles de Faustina, la madre de Cesáreo, uno de los tocagüevos del teléfono. Faustina va vestida de negro y tiene 80 años, lee sin gafas y escucha mejor que yo, que tampoco es nada raro. Tiende, como Irene la de la canción de Serrat, sus bragas al sol y las ven todos los vecinos, en ese afán extraño que tiene la gente de pueblo de dejar ver su ropa mientras se seca. Faustina me saludó muy amable y se mostro muy dispuesta a enseñarme su lado del muro de la discordia. Pero nada más atravesamos la puerta de su casa me agarró del brazo y comenzó a llorar. "Es que no puedo aguantarme, hace dos años que se murió mi marido, al mes que a mí se me había roto la cadera", y volvía a recuperarse para hablarme del muro, y, aunque pasábamos al tema de la despensa y que no habían aparecido humedades, ella volvía de nuevo a su marido, el artífice de la "modernización" de la casa. "Es que de seis embarazos sólo me quedé con un hijo, que mi madre se murió cuando yo tenía 11 años, ay! que yo he sufrido mucho en esta vida, Pili", y mientras se secaba los mocos me decía "¿te gustan las mantas de ganchillo? tráeme la lana y te hago una". Y así terminé conociendo el sobrao de la casa de Faustina y las puntillas de hilo blanco para toallas. No me dió pena sino ternura. La soledad es dificil de entender cuando no estás sola, cuando no te quedas sin vecinos en el pueblo y cuando de seis embarazos sólo te queda un hijo que, como haríamos todos en su caso, dice "mi madre llora con demasiada facilidad". Yo soy una egoísta de primera, una amiga que llama poco, una sobrina que da señales de vida cuando ya le han dado el alta a la tía muy muy enferma, y me escondo detrás de la disculpa de que los llevo en el corazón aunque no lo demuestre, "con lo fácil, me digo, que es hacer feliz a la gente diciéndole hola, qué tal te va", pero me cuesta, lo siento. Faustina y su inmensa soledad y tristeza me ha llegado al corazón, aunque sin embargo me llega más que todavía se mantenga en pie a pesar de todo, con sus ojos sin gafas, su pulso para el ganchillo, su conversación y poder de convocatoria (su porche "está a tope" mientras brilla el sol) y sus ganas de irse de paseo Gredos arriba. Cuánto nota hay que tomar de mis viejitos de pueblo. No puedo negarle un saludo cariñoso.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Me he hecho amiga de Marionnaud Parfumerie




Y no ha sido en myspace. Me he sacado la tarjeta de fidelidad de cliente y soy feliz. Acabo de llegar de allí con una bolsita repleta de muestras gratuitas de perfumes y os de tualets, cremas antiedad y cuatro o cinco papelitos con el logo de la cadena de perfumerías oliendo a quién sabe qué marca. Que si la floral, que si la alimonada, que si esta es mejor porque estamos en invierno y ya sabes que se van los olores con el frío (?), que si la nueva de Carolina Herrera (puro chicle), y qué tal de Chanel, ¿llevabas la de Miyake? sí, muy floral, y Pleasures... hummm, se queda en el armario, deliciosa, pero como la tiene mi hermana no es plan.
Al final salí con 50ml de Coco Mademoiselle en la segunda visita del día a la tienda. Siguiendo más bien un capricho originado por un tremendo impulso de darle un gusto a una nariz que todavía no conozco y que sin embargo me llevó a visitar Marionnaud buscando su colonia, una colonia de un hombre desconocido.


Es curioso cómo pueden influir ciertas nimiedades en las emociones. Qué tanto importará un olor de marca en la balanza de los sentimientos, se preguntarán muchos, pero he ahí que otros como yo ni nos planteamos la pregunta. Una vez conocí un chico encantador al que le importaba un carajo el reloj y la colonia, Cassio y Nenuco. Un tipo práctico, limpito, adorable, encantador, enamorable, y sin embargo no. No me valieron ni sus besos (demasiado apasionados cuando no tenían que serlo, pero podría pasar por alto el detalle), ni su encanto, ni ná, en el fondo yo no olvidaba el cassio y que no me dejara un olor delicioso en la cama. Qué frívola resulto, pero es que ahora que acabo de llegar a casa he descubierto que un simple papelito con olor a Allure Sport ha dejado mi coche oliendo a hombre, y que sería delicioso colgarse del cuello de ese hombre para no dejar de oler la bendita colonia que me llevaría a inundarlo de besos. El simple papelito y el rato que llevo conviviendo con el olor ha completado una imagen que necesitaba tener más cerca, y me ha encantado. Ahora lucen más su música, sus palabras, sus juegos y todo lo que queda por descubrir. Ahora mi memoria olfativa puede apuntar otra marca a la no-nostalgia, a los placeres aplazados, como conducir un volante con olor a Hugo Boss, o dar una abrazo de oso con beso con olor a Aqua de Giò, o a Cacharel, ¿eternity? ¿Miró? ¿CKOne? calla, calla... Dijo Coco ""Perfúmese en todos los lugares donde exista la posibilidad de recibir un beso".



A ver si te gusta mi cuello.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Dudas más o menos razonables

Hace dos días salió en el telediario de telecinco un reportaje (no está todavía en youtube para colgarlo aquí) que comenzaba con una ecografía de un bebé que se movía a lo bestia mientras una voz en off decía algo así como "sólo lleva tres meses en el vientre de su madre y ya tiene precio: 15.000 euros". Y yo me pregunto: ¿por qué nos pone los pelos de punta una noticia como esta sobre el tráfico de niños y no pensar que con la misma edad se le puede quitar la vida a ese "bichito"? Si la voz en off de la misma imagen dijera "sólo lleva tres meses en el vientre de su madre y su vida no vale nada", ¿diríamos que telecinco está volviéndose demasiado... opus?¿sería noticia?¿qué pensaríamos? Sobre el tema de cuánto cuestan las adopciones, cuánto le dan a una madre que "regala" su hijo a una institución que cobra por "gestionar" el asunto no voy a hablar. Creo que estos son temas que miden nuestro nivel de falsa moral, pero mejor ahí les dejo la inquitud.

domingo, 21 de octubre de 2007

Paripés y fiestas infantiles

Ayer estuve en el cumpleaños de unas amiguitas de mis niños sin mis niños. Cosas que pasan cuando las amigas son como hermanas, los hijos de las amigas como sobrinos, y la custodia compartida... una agenda paralela de la vida de tus hijos. La fiesta era la primera de la era de las fiestas infantiles, en el típico parque de piscina de bolas, con merienda incluída de gusanitos y triangulitos de bimbo con nocilla. La fiesta fue un éxito de convocatoria, y no precisamente por la presencia de los niños que había invitado mi amiga, sino precisamente porque los padres decidieron llevar a sus niños y, además, quedarse. Hubo, digamos, muy buen rollito, y por eso les cuento esto.

Fue curioso cómo estábamos todos sentaditos en esa especie de cafetería entre mesitas de colores y cocinitas de juguete. Un Chiki Park al estilo de una pequeña ciudad de provincia como esta en la que vivo, en la que de paso escasea el buen gusto (ese tema para otro día). El caso es que era lindo ver a esas parejas tan bonitas, ellos tan sonrientes haciéndose cargo (a ratos) de sus churumbeles, sentaditos junto a sus mujeres tan encantadoras, tan de verdad, tan poco madres-del-diocesano, tan poco Massimo Dutti, tan encantadoras como Helena, la dueña de una de las floristerías del casco antiguo de esta pequeña ciudad de provincia. Era todo tan encantador, tan comedido en ternura (ni un beso entre parejas, ni un achuchón de más para los niños que escupían huesos de aceitunas de las mesas de los papás, ni una palmadita en el muslo del cónyuge) que mi amiga y yo sentimos nostalgia por la vida marital. Ahí faltaban mis niños y el padre de mis niños. Era curiosa esa sensación de "qué envidia, qué bonitos, qué ideales", y mientras tanto echarse unas risas con el ex de mi amiga, que comentaba con orgullo que se iba a Argentina con otro amigo "soltero y sin compromiso". Y tan curiosa la situación que yo, single again, salté y le dije que sin compromiso nada: que los hijos ya son un compromiso.

Después de darme cuenta de que había metido la pata y de que me habia puesto roja (claro, a pesar de ser una buena persona, no entiendo a ese tipo de padre que no levanta la mano el primero por la custodia compartida o por cumplir al pie de calendario el convenio), comencé a desmitificar tanta belleza. Y me pregunté ¿serán tan felices como aparentan? No conocía más que a una pareja de las que estaba allí que confirmara la excepción: no, ellos eran la personificación del paripé. ¿O se estarían dando una tregua? ¿Será que arrastro resentimientos y nostalgias? Daba igual. El caso es que cuando llegué a casa me metí en google y, no sé cómo, terminé en el blog de Lucía Etxebarría y "me estalló en la mano": hablaba de la felicidad. Que si se nace o se hace. Y hasta el último renglón estuve de acuerdo con ella, pero sobre todo en un punto que venía como anillo al dedo al tema de la fiesta de la tarde. Los hijos: Lucía había descubierto que la felicidad había estado a su lado durante todo el tiempo en que se creyó desdichada, y es que apenas el día en que fechaba el post había mirado a su hija con los ojos que debió mirarla desde que empezaron sus "desgracias", y se vio, de repente, reconociendo que era feliz. Entonces yo digo que da igual que en aquella tertulia de padres de familia hubiera o no armonía entre parejas, que estuviera o no el ex, que la nostalgia atacara, o un montón de etc. Lo que nos permitía la felicidad en ese momento era saber que un monton de churumbeles estaban reboloteando por entre pelotas y toboganes de colores y eran felices. Un montón de niños menos los míos, pero no me entristecí porque total, volvieron al día siguiente. Uno a veces se tarda en reconocer las cosas importantes de la vida, como los hijos (vale, no son cosas) pero cuando las descubre le da igual que no coman, que griten y desordenen. Están con uno en esta vida, y eso ya es sufienciente para ser feliz.

http://www.lucia-etxebarria.com/diario/?p=481

martes, 16 de octubre de 2007

El anuncio de El País

Esas cosas que pasan. Me encanta el anuncio de El País y no tengo demasiado qué decir al respecto.


Que me emocionan los anuncios institucionales y esas cosas. Me ponen la piel de gallina. Y eso me pasa con el de El País, a pesar de que Juan Cruz sea su director adjunto. Esto no viene a nada. Es una bonita etiqueta que puede que sirva para que por aquí pase la gente y lea. Pero ¿aporta algo esto que escribo? He ahí. No siempre hay que aportar cuando se escribe, digo yo. Porque si no que vengan y me cuenten qué aportan las novelas con sus ficciones, y más si son de amor. Sin ir más lejos, la novela que estoy leyendo. Me afecta y demasiado. Qué necesidad tiene de meterse tanto en mi vida una novela de amor. Será sensibilidad artística, porque también me he emocionado viendo el anuncio del Honda Civic, y no es una novela de amor, ni un anuncio institucional.

Es bonito. Y las historias de amor también. Vamos a reflexionar sobre la belleza. Qué subjetivo. Qué relativo, y cómo me voy por las ramas. El hecho es que he estado pensando en cómo el tiempo transforma la percepción de la belleza, para bien y para mal, y cuando es para mal no deja de ser además, triste. La belleza no se idealiza, creo yo, es sólo que se percibe con demasiada subjetividad, y lo subjetivo varía con el paso de los años, de la edad, y todo cambia cuando uno vuelve a ver algo bello con los ojos de una nueva subjetividad. Tal vez sea la memoria, no como recuerdo nostálgico, sino como la RAM del ordenador, memoria objetiva de cómo percibíamos eso que tenemos de nuevo delante como bello. O tal vez la nostalgia de haberlo visto bello. A veces también la ternura. El caso es que suele cambiar la percepción, y uno puede reirse, descansar incluso por creer ser un poco más objetivo, pero la mayoría de las veces termina sintiendo cierta tristeza. Es demasiado triste dejar de ver bello lo que lo fue tanto. Como el anuncio de El País, que como ya se metió una voz en off hablando del reloj de regalito del próximo domingo (el 21 en tu kiosco amigo) ya perdió el encanto. Quiero comprender lo escrito.

martes, 9 de octubre de 2007

McGiver ha rayado su coche


Pero como no iba a escuchar la bronca de nadie, no le importó demasiado. Es curioso cómo el nivel de importancia de ciertos acontecimientos, digamos, accidentes, depende de terceras personas.
Se hizo de noche y en la tele, como todos los lunes, comenzó el reality de turno y se echó unas buenas risas, feliz porque estaba sola en su sofá beige, riéndose de las adolescentes que quieren ser modelos. Pero de repente se vio emocionándose por una escenita tonta del programa, y descubrió que las lentillas se le aclaraban y que, efectivamente, se le estaban escapando las lágrimas. Se hizo la pendeja. Volvió a reirse precisamente por ser tan pendeja. Pero ya había ocurrido. En el fondo, haber rozado su tanque verde y haberse comprado un bolso de mujer, no era ninguna tontería, y por supuesto, ante la soledad del momento en su sofá sintió cierto vértigo. Cogió el libro de turno y, no es que le haya escupido, pero casi, porque lo simultaneó con el reality, la vida es así. No pienso disculparla. Y sin embargo volvió a suceder: las terceras personas que interfieren en la percepción de la importancia de las cosas no tienen que estar necesariamente a este lado de la pantalla del televisor, ni mucho menos ser de carne y hueso. Recordó lo que no debería recordar, y sintió la intensidad del recuerdo. Eso a veces no es bueno. No por lo menos en noches como la de hoy, cuando la sensibilidad es una heridita con la costrita muy, muy desgastada. Le dió nostalgia, puta nostalgia, y empezó a sucumbir. Eso no es bueno (...).
Entonces McGiver se desenroscó de la manta, encendió de nuevo la tele, cogió el ordenador y comenzó a escribir sobre el gran suceso del día: su bella Toyota, su Hilux(ión), se había quedado medio atascada en un puto parking salmantino, donde los todoterrenos pagan más por hora aunque ocupen las mismas plazas que un miserable Mini (¿?). McGiver, deshacedora de entuertos, hay que ponerle soportes más fuertes al alma.

sábado, 6 de octubre de 2007

Hay un nudo de Hartmann debajo de mi cama

Esas temidas paredes de energía telúrica, ya sabes. Tengo un tremendo nudo de Hartmann que mueve el péndulo dorado que me regaló César (ya estoy hablando de mis amigos, como Juan Cruz!), a un ritmo vertiginoso justo debajo del lado izquierdo de mi cama. ¿Cómo, desde dónde se decide qué lado es el derecho o el izquierdo de una cama? ¿desde donde se mira? ¿desde donde se duerme? Yo sólo sé que duermo pegadita a una esquina, recostada a la unión de dos muros invisibles de energía poderosa que me han permitido llegar a una conclusión importante sobre quienes algún día han dormido en ese lugar junto a mí: con razón ninguno de ellos, ninguno de mis huéspedes ha pedido renta perpetua. Y cuando digo esto, señores, también me río, porque no sé si he viajado piso tras piso, casa tras casa, con el nudo bendito (¿?) debajo del colchón, o si más bien es la típica bromita de la vida misma que nunca me deja opción para orientar la cama sin que una de sus esquinas coincida con la unión de un par de líneas Hartmann. Eso me pasa por tener una cama tan grande (Ikea, para ti mi próximo blog peleón). Pero es así, y debe ser que desde que he sido consciente de la presencia del nudo, cuando cruzo el límite entre mi almohada y la otra, comienzo a soñar sin tregua. Un sueño tras otro hasta despertarme agotada. Le atribullo al pobre la intensidad de esos sueños, si no duermo o si . me duele la garganta, incluso si por su culpa se me ha muerto la plantita de la mesita de noche. En ese segundo casi infinito me digo "el nudo, el nudo",y busco con desesperación de miope e insomne la tranquilidad de mi almohada (my pillow, qué bonito suena en inglés), y cuando vuelvo a mi lado de la cama, al que mira a la puerta, siento paz a pesar de que esa orientación tampoco es la ideal: no me gusta mirar las escaleras, temo, sí, temo a abrir los ojos y encontrarme de frente, así, sin presentaciones, con el osado Pietro Arkan de turno que busque un tesoro en mi casa. Entre el feng shui y los nudos de marras (¡uy!) la naturaleza está acabando conmigo. Menos mal últimamente no hay nadie ara condenar a dormir a mi lado.

martes, 2 de octubre de 2007

Un brindis de bienvenida





Tengo un montón de cosas en la cabeza y sólo una clara, muy clara: no soporto a Juan Cruz. Lo siento. O no, pero por si acaso lo digo, no sea que alguno de mis posibles lectores me salgan ahora susceptibles. El domingo me levanté llena de ilusión, a pesar de haber dormido poco esa desconcertante y fresca noche segoviana, porque iba a ver a Julio Llamazares hablando de sus cosas. Y no me importaba demasiado que el maestro de ceremonias fuera Juan Cruz, ya se sabe, el peaje que hay que pagar. Lo triste, más bien descepcionante, fue que el telonero, como se llamó él mismo, era Llamazares, y el que iba a hablar de sus cositas era mi querido JC. Y mira que lo intenté, que me dije, "Pi, querida, no seas intolerante". Y que aguanté. Hasta hoy, que la furia me ha podido y ahora, dos días después, me sale todo decorrido: ¡hala!, que no puedo con Juan Cruz, con su manera de hablar, con su vocabulario, con su manera de adornar las historias. Y no quiero faltar al respeto, no, por favor, en el fondo soy respetuosa (y cobarde). El hombre hasta puede ser ameno (¿?), pero es que no logró conmoverme ni con la historia del papá, que sí, que debía ser un buen hombre, pero que sobraba el rollito "víctima inocente de la guerra" que sí, que lo era, que no lo pongo en duda, pero que por favor... el rojo extremo canta, señores, canta y sobra, como el azul, o el negro. Que los colores son bonitos si se mezclan, digo yo. En un afán de hacer justicia queda más bonito. Y elegante. Y que la idea era hablar de literatura, de la suya, a la que habrá que darle el beneficio de la duda (sí, ¿se lo daré?), y de anécdotas, y de periodismo. Aunque no nos mintamos, cuando hablaba Llamazares se olvidaban los colores y ya sólo con esa voz (ese pedazo de voz) una ya disfrutaba hasta de saber que eran amigos. Y te juro Julio que no me importa!
Pero es que además soy masoquista, y cuando llegué a casa visité su blog (síiiii, le daba el beneficio de la duda) y hete aquí que ya.... digamos... flipé... Me perdonan la incultura, soy nueva por aquí, pero en ¿qué consiste esto? ¿en hacer un "querido diario hoy me he encontrado con ... a la salida del cole"? no sé, porque entonces yo les cuento a quién he visto importante y que me importa por la calle, y vaya, que llenamos blogs y blogs y blogs, que los nombres propios tienen muchos caracteres, lo sé, pero es que así, querido Juan, sólo me queda decirte "jo, qué guay! cuántos amigos tienes", y para eso... ¿qué tal en myspace? Cuéntanos algo que aporte más a la historia, por lo menos describe una jugadita de Henry, seguro que le pones emoción. En fin, salud por la libertad de expresión.