miércoles, 31 de octubre de 2007

Me he hecho amiga de Marionnaud Parfumerie




Y no ha sido en myspace. Me he sacado la tarjeta de fidelidad de cliente y soy feliz. Acabo de llegar de allí con una bolsita repleta de muestras gratuitas de perfumes y os de tualets, cremas antiedad y cuatro o cinco papelitos con el logo de la cadena de perfumerías oliendo a quién sabe qué marca. Que si la floral, que si la alimonada, que si esta es mejor porque estamos en invierno y ya sabes que se van los olores con el frío (?), que si la nueva de Carolina Herrera (puro chicle), y qué tal de Chanel, ¿llevabas la de Miyake? sí, muy floral, y Pleasures... hummm, se queda en el armario, deliciosa, pero como la tiene mi hermana no es plan.
Al final salí con 50ml de Coco Mademoiselle en la segunda visita del día a la tienda. Siguiendo más bien un capricho originado por un tremendo impulso de darle un gusto a una nariz que todavía no conozco y que sin embargo me llevó a visitar Marionnaud buscando su colonia, una colonia de un hombre desconocido.


Es curioso cómo pueden influir ciertas nimiedades en las emociones. Qué tanto importará un olor de marca en la balanza de los sentimientos, se preguntarán muchos, pero he ahí que otros como yo ni nos planteamos la pregunta. Una vez conocí un chico encantador al que le importaba un carajo el reloj y la colonia, Cassio y Nenuco. Un tipo práctico, limpito, adorable, encantador, enamorable, y sin embargo no. No me valieron ni sus besos (demasiado apasionados cuando no tenían que serlo, pero podría pasar por alto el detalle), ni su encanto, ni ná, en el fondo yo no olvidaba el cassio y que no me dejara un olor delicioso en la cama. Qué frívola resulto, pero es que ahora que acabo de llegar a casa he descubierto que un simple papelito con olor a Allure Sport ha dejado mi coche oliendo a hombre, y que sería delicioso colgarse del cuello de ese hombre para no dejar de oler la bendita colonia que me llevaría a inundarlo de besos. El simple papelito y el rato que llevo conviviendo con el olor ha completado una imagen que necesitaba tener más cerca, y me ha encantado. Ahora lucen más su música, sus palabras, sus juegos y todo lo que queda por descubrir. Ahora mi memoria olfativa puede apuntar otra marca a la no-nostalgia, a los placeres aplazados, como conducir un volante con olor a Hugo Boss, o dar una abrazo de oso con beso con olor a Aqua de Giò, o a Cacharel, ¿eternity? ¿Miró? ¿CKOne? calla, calla... Dijo Coco ""Perfúmese en todos los lugares donde exista la posibilidad de recibir un beso".



A ver si te gusta mi cuello.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Dudas más o menos razonables

Hace dos días salió en el telediario de telecinco un reportaje (no está todavía en youtube para colgarlo aquí) que comenzaba con una ecografía de un bebé que se movía a lo bestia mientras una voz en off decía algo así como "sólo lleva tres meses en el vientre de su madre y ya tiene precio: 15.000 euros". Y yo me pregunto: ¿por qué nos pone los pelos de punta una noticia como esta sobre el tráfico de niños y no pensar que con la misma edad se le puede quitar la vida a ese "bichito"? Si la voz en off de la misma imagen dijera "sólo lleva tres meses en el vientre de su madre y su vida no vale nada", ¿diríamos que telecinco está volviéndose demasiado... opus?¿sería noticia?¿qué pensaríamos? Sobre el tema de cuánto cuestan las adopciones, cuánto le dan a una madre que "regala" su hijo a una institución que cobra por "gestionar" el asunto no voy a hablar. Creo que estos son temas que miden nuestro nivel de falsa moral, pero mejor ahí les dejo la inquitud.

domingo, 21 de octubre de 2007

Paripés y fiestas infantiles

Ayer estuve en el cumpleaños de unas amiguitas de mis niños sin mis niños. Cosas que pasan cuando las amigas son como hermanas, los hijos de las amigas como sobrinos, y la custodia compartida... una agenda paralela de la vida de tus hijos. La fiesta era la primera de la era de las fiestas infantiles, en el típico parque de piscina de bolas, con merienda incluída de gusanitos y triangulitos de bimbo con nocilla. La fiesta fue un éxito de convocatoria, y no precisamente por la presencia de los niños que había invitado mi amiga, sino precisamente porque los padres decidieron llevar a sus niños y, además, quedarse. Hubo, digamos, muy buen rollito, y por eso les cuento esto.

Fue curioso cómo estábamos todos sentaditos en esa especie de cafetería entre mesitas de colores y cocinitas de juguete. Un Chiki Park al estilo de una pequeña ciudad de provincia como esta en la que vivo, en la que de paso escasea el buen gusto (ese tema para otro día). El caso es que era lindo ver a esas parejas tan bonitas, ellos tan sonrientes haciéndose cargo (a ratos) de sus churumbeles, sentaditos junto a sus mujeres tan encantadoras, tan de verdad, tan poco madres-del-diocesano, tan poco Massimo Dutti, tan encantadoras como Helena, la dueña de una de las floristerías del casco antiguo de esta pequeña ciudad de provincia. Era todo tan encantador, tan comedido en ternura (ni un beso entre parejas, ni un achuchón de más para los niños que escupían huesos de aceitunas de las mesas de los papás, ni una palmadita en el muslo del cónyuge) que mi amiga y yo sentimos nostalgia por la vida marital. Ahí faltaban mis niños y el padre de mis niños. Era curiosa esa sensación de "qué envidia, qué bonitos, qué ideales", y mientras tanto echarse unas risas con el ex de mi amiga, que comentaba con orgullo que se iba a Argentina con otro amigo "soltero y sin compromiso". Y tan curiosa la situación que yo, single again, salté y le dije que sin compromiso nada: que los hijos ya son un compromiso.

Después de darme cuenta de que había metido la pata y de que me habia puesto roja (claro, a pesar de ser una buena persona, no entiendo a ese tipo de padre que no levanta la mano el primero por la custodia compartida o por cumplir al pie de calendario el convenio), comencé a desmitificar tanta belleza. Y me pregunté ¿serán tan felices como aparentan? No conocía más que a una pareja de las que estaba allí que confirmara la excepción: no, ellos eran la personificación del paripé. ¿O se estarían dando una tregua? ¿Será que arrastro resentimientos y nostalgias? Daba igual. El caso es que cuando llegué a casa me metí en google y, no sé cómo, terminé en el blog de Lucía Etxebarría y "me estalló en la mano": hablaba de la felicidad. Que si se nace o se hace. Y hasta el último renglón estuve de acuerdo con ella, pero sobre todo en un punto que venía como anillo al dedo al tema de la fiesta de la tarde. Los hijos: Lucía había descubierto que la felicidad había estado a su lado durante todo el tiempo en que se creyó desdichada, y es que apenas el día en que fechaba el post había mirado a su hija con los ojos que debió mirarla desde que empezaron sus "desgracias", y se vio, de repente, reconociendo que era feliz. Entonces yo digo que da igual que en aquella tertulia de padres de familia hubiera o no armonía entre parejas, que estuviera o no el ex, que la nostalgia atacara, o un montón de etc. Lo que nos permitía la felicidad en ese momento era saber que un monton de churumbeles estaban reboloteando por entre pelotas y toboganes de colores y eran felices. Un montón de niños menos los míos, pero no me entristecí porque total, volvieron al día siguiente. Uno a veces se tarda en reconocer las cosas importantes de la vida, como los hijos (vale, no son cosas) pero cuando las descubre le da igual que no coman, que griten y desordenen. Están con uno en esta vida, y eso ya es sufienciente para ser feliz.

http://www.lucia-etxebarria.com/diario/?p=481

martes, 16 de octubre de 2007

El anuncio de El País

Esas cosas que pasan. Me encanta el anuncio de El País y no tengo demasiado qué decir al respecto.


Que me emocionan los anuncios institucionales y esas cosas. Me ponen la piel de gallina. Y eso me pasa con el de El País, a pesar de que Juan Cruz sea su director adjunto. Esto no viene a nada. Es una bonita etiqueta que puede que sirva para que por aquí pase la gente y lea. Pero ¿aporta algo esto que escribo? He ahí. No siempre hay que aportar cuando se escribe, digo yo. Porque si no que vengan y me cuenten qué aportan las novelas con sus ficciones, y más si son de amor. Sin ir más lejos, la novela que estoy leyendo. Me afecta y demasiado. Qué necesidad tiene de meterse tanto en mi vida una novela de amor. Será sensibilidad artística, porque también me he emocionado viendo el anuncio del Honda Civic, y no es una novela de amor, ni un anuncio institucional.

Es bonito. Y las historias de amor también. Vamos a reflexionar sobre la belleza. Qué subjetivo. Qué relativo, y cómo me voy por las ramas. El hecho es que he estado pensando en cómo el tiempo transforma la percepción de la belleza, para bien y para mal, y cuando es para mal no deja de ser además, triste. La belleza no se idealiza, creo yo, es sólo que se percibe con demasiada subjetividad, y lo subjetivo varía con el paso de los años, de la edad, y todo cambia cuando uno vuelve a ver algo bello con los ojos de una nueva subjetividad. Tal vez sea la memoria, no como recuerdo nostálgico, sino como la RAM del ordenador, memoria objetiva de cómo percibíamos eso que tenemos de nuevo delante como bello. O tal vez la nostalgia de haberlo visto bello. A veces también la ternura. El caso es que suele cambiar la percepción, y uno puede reirse, descansar incluso por creer ser un poco más objetivo, pero la mayoría de las veces termina sintiendo cierta tristeza. Es demasiado triste dejar de ver bello lo que lo fue tanto. Como el anuncio de El País, que como ya se metió una voz en off hablando del reloj de regalito del próximo domingo (el 21 en tu kiosco amigo) ya perdió el encanto. Quiero comprender lo escrito.

martes, 9 de octubre de 2007

McGiver ha rayado su coche


Pero como no iba a escuchar la bronca de nadie, no le importó demasiado. Es curioso cómo el nivel de importancia de ciertos acontecimientos, digamos, accidentes, depende de terceras personas.
Se hizo de noche y en la tele, como todos los lunes, comenzó el reality de turno y se echó unas buenas risas, feliz porque estaba sola en su sofá beige, riéndose de las adolescentes que quieren ser modelos. Pero de repente se vio emocionándose por una escenita tonta del programa, y descubrió que las lentillas se le aclaraban y que, efectivamente, se le estaban escapando las lágrimas. Se hizo la pendeja. Volvió a reirse precisamente por ser tan pendeja. Pero ya había ocurrido. En el fondo, haber rozado su tanque verde y haberse comprado un bolso de mujer, no era ninguna tontería, y por supuesto, ante la soledad del momento en su sofá sintió cierto vértigo. Cogió el libro de turno y, no es que le haya escupido, pero casi, porque lo simultaneó con el reality, la vida es así. No pienso disculparla. Y sin embargo volvió a suceder: las terceras personas que interfieren en la percepción de la importancia de las cosas no tienen que estar necesariamente a este lado de la pantalla del televisor, ni mucho menos ser de carne y hueso. Recordó lo que no debería recordar, y sintió la intensidad del recuerdo. Eso a veces no es bueno. No por lo menos en noches como la de hoy, cuando la sensibilidad es una heridita con la costrita muy, muy desgastada. Le dió nostalgia, puta nostalgia, y empezó a sucumbir. Eso no es bueno (...).
Entonces McGiver se desenroscó de la manta, encendió de nuevo la tele, cogió el ordenador y comenzó a escribir sobre el gran suceso del día: su bella Toyota, su Hilux(ión), se había quedado medio atascada en un puto parking salmantino, donde los todoterrenos pagan más por hora aunque ocupen las mismas plazas que un miserable Mini (¿?). McGiver, deshacedora de entuertos, hay que ponerle soportes más fuertes al alma.

sábado, 6 de octubre de 2007

Hay un nudo de Hartmann debajo de mi cama

Esas temidas paredes de energía telúrica, ya sabes. Tengo un tremendo nudo de Hartmann que mueve el péndulo dorado que me regaló César (ya estoy hablando de mis amigos, como Juan Cruz!), a un ritmo vertiginoso justo debajo del lado izquierdo de mi cama. ¿Cómo, desde dónde se decide qué lado es el derecho o el izquierdo de una cama? ¿desde donde se mira? ¿desde donde se duerme? Yo sólo sé que duermo pegadita a una esquina, recostada a la unión de dos muros invisibles de energía poderosa que me han permitido llegar a una conclusión importante sobre quienes algún día han dormido en ese lugar junto a mí: con razón ninguno de ellos, ninguno de mis huéspedes ha pedido renta perpetua. Y cuando digo esto, señores, también me río, porque no sé si he viajado piso tras piso, casa tras casa, con el nudo bendito (¿?) debajo del colchón, o si más bien es la típica bromita de la vida misma que nunca me deja opción para orientar la cama sin que una de sus esquinas coincida con la unión de un par de líneas Hartmann. Eso me pasa por tener una cama tan grande (Ikea, para ti mi próximo blog peleón). Pero es así, y debe ser que desde que he sido consciente de la presencia del nudo, cuando cruzo el límite entre mi almohada y la otra, comienzo a soñar sin tregua. Un sueño tras otro hasta despertarme agotada. Le atribullo al pobre la intensidad de esos sueños, si no duermo o si . me duele la garganta, incluso si por su culpa se me ha muerto la plantita de la mesita de noche. En ese segundo casi infinito me digo "el nudo, el nudo",y busco con desesperación de miope e insomne la tranquilidad de mi almohada (my pillow, qué bonito suena en inglés), y cuando vuelvo a mi lado de la cama, al que mira a la puerta, siento paz a pesar de que esa orientación tampoco es la ideal: no me gusta mirar las escaleras, temo, sí, temo a abrir los ojos y encontrarme de frente, así, sin presentaciones, con el osado Pietro Arkan de turno que busque un tesoro en mi casa. Entre el feng shui y los nudos de marras (¡uy!) la naturaleza está acabando conmigo. Menos mal últimamente no hay nadie ara condenar a dormir a mi lado.

martes, 2 de octubre de 2007

Un brindis de bienvenida





Tengo un montón de cosas en la cabeza y sólo una clara, muy clara: no soporto a Juan Cruz. Lo siento. O no, pero por si acaso lo digo, no sea que alguno de mis posibles lectores me salgan ahora susceptibles. El domingo me levanté llena de ilusión, a pesar de haber dormido poco esa desconcertante y fresca noche segoviana, porque iba a ver a Julio Llamazares hablando de sus cosas. Y no me importaba demasiado que el maestro de ceremonias fuera Juan Cruz, ya se sabe, el peaje que hay que pagar. Lo triste, más bien descepcionante, fue que el telonero, como se llamó él mismo, era Llamazares, y el que iba a hablar de sus cositas era mi querido JC. Y mira que lo intenté, que me dije, "Pi, querida, no seas intolerante". Y que aguanté. Hasta hoy, que la furia me ha podido y ahora, dos días después, me sale todo decorrido: ¡hala!, que no puedo con Juan Cruz, con su manera de hablar, con su vocabulario, con su manera de adornar las historias. Y no quiero faltar al respeto, no, por favor, en el fondo soy respetuosa (y cobarde). El hombre hasta puede ser ameno (¿?), pero es que no logró conmoverme ni con la historia del papá, que sí, que debía ser un buen hombre, pero que sobraba el rollito "víctima inocente de la guerra" que sí, que lo era, que no lo pongo en duda, pero que por favor... el rojo extremo canta, señores, canta y sobra, como el azul, o el negro. Que los colores son bonitos si se mezclan, digo yo. En un afán de hacer justicia queda más bonito. Y elegante. Y que la idea era hablar de literatura, de la suya, a la que habrá que darle el beneficio de la duda (sí, ¿se lo daré?), y de anécdotas, y de periodismo. Aunque no nos mintamos, cuando hablaba Llamazares se olvidaban los colores y ya sólo con esa voz (ese pedazo de voz) una ya disfrutaba hasta de saber que eran amigos. Y te juro Julio que no me importa!
Pero es que además soy masoquista, y cuando llegué a casa visité su blog (síiiii, le daba el beneficio de la duda) y hete aquí que ya.... digamos... flipé... Me perdonan la incultura, soy nueva por aquí, pero en ¿qué consiste esto? ¿en hacer un "querido diario hoy me he encontrado con ... a la salida del cole"? no sé, porque entonces yo les cuento a quién he visto importante y que me importa por la calle, y vaya, que llenamos blogs y blogs y blogs, que los nombres propios tienen muchos caracteres, lo sé, pero es que así, querido Juan, sólo me queda decirte "jo, qué guay! cuántos amigos tienes", y para eso... ¿qué tal en myspace? Cuéntanos algo que aporte más a la historia, por lo menos describe una jugadita de Henry, seguro que le pones emoción. En fin, salud por la libertad de expresión.