jueves, 27 de diciembre de 2007

Otro arte, el de la fuga

Canta Egon Soda en el Arte de la fuga: " Houdini fuma y dice adiós. El medio día nunca fue tan frío. En pirueta interior desaparece para siempre en su cabeza, en perpetua fuga, hacia adentro, hacia adentro. Deconstrucción de luna y café, otro recurso amargo, huir es un arte extraño, voy a volverlo a hacer: disfrazarme de Houdini y encadenarme a tu piel, en perpetua fuga hacia adentro, hacia adentro". Las comas las he puesto a discreción. Y los puntos, y los dos puntos.



Harry Houdini se escurría de las cadenas y las sogas y se escapaba de donde lo metieran. ¿Cómo? qué más da. El tipo sabía escaparse hasta de lo que le encadenara a la piel de Beatrice, y bueno, quitándole romanticismo, tampoco tiene mucho mérito entonces creerse un Houdini del amor, o sí, que parece que ésa es la gracia de la canción. Es decir, que quiere encadenarse para demostrar que sabe soltarse. Para eso no hay que ser mago.




Pero es linda la letra, y lindo que te digan eso de que quieren encadenarse a tu piel. Muy lindo, la verdad. (Qué divertido es ponerse sentimentaloide en final de año, y durante todo el año, ¿no?)



(Houdini pensando cómo escaparse de Beatrice, también en la foto)

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El arte del Refrito

La Estética del Refrito es una teoría de Manuel Horcajo, antiguo jefe de La Negra y cuyo nombre original no quiere que se publique (no sé, tal vez le da cierto pudor el darse cuenta de que sus iniciales coinciden con las mías, etc. etc. etc.).

Dice Manuel Horcajo, en adelante Mi Jefe, mientras sube el Puerto de los Leones y entre interferencia e interferencia del bluetooth, risas y animaladas varias, que nunca se ha valorado el arte del refrito, que es ahí, en ese momento en el que uno se enfrenta al reto de la reescritura, cuando un periodista demuestra lo que vale, cuando se convierte en un auténtico artista de la palabra. Vale, Manolo, es otra manera de piropear a la Negra pasados los años, thanks.

Las cosas ocurren porque tienen que ocurrir, y a veces, las palabras y las ideas se van en enlazando y casi casi que se redactan solas y se te ponen delante cortándote el paso y te obligan a dejar lo que traes en el suelo aunque esté mojado y buscar como una desesperada un boli para escribir la frase clave. Y es que, estaba yo aparcando con ciertas dudas, no porque tuviera problemas (de hecho tenía espacio suficiente para no tener que maniobrar con mi tanque), sino porque me apetecía quedarme mirando el mar que esá alborotado, y sobre todo a un crucero que estaba saliendo de la Ría de Vigo con todas sus lucecitas encendidas y esa lentitud..., me debatía entre el "aparco y me voy a casa de mis papás a escribir el post que quiero", "aparco y me voy al paseo, intento hacer una foto y ya me queda para el post", "no aparco y me voy a mirar el mar negro y a oir esta canción que habla de trenes mientras veo alejarse un barco, huelo los eucaliptos y se me cuelan las gotitas de lluvia por la ventanilla", y cuando... sonó el teléfono. Definitivamente aparqué y me vine hacia casa hablando con Mi Jefe.

No ha hecho falta sino esa conversación para poder arrancar este post. Y es que hoy, 25 de diciembre gallego y lluvioso, he sido consciente de un refrito visual que elaboré hace unos meses, y descubrirlo me ha gustado, me ha enternecido, y me ha dado risa y rabia. Contradictoria, mujer, sí. Negra y artista, cazadora de coincidencias, he visto cómo todo encajaba: un refrito de una cara. Es como si me hubieran dicho "quiero un refrito de veinte líneas de la cara del bajista del grupo de Joe Barnara (que conocí por allá en abril), para diciembre". Y yo, tan aplicadita, lo tuve preparado en noviembre, cuando conocí al guitarrista de otro grupo ¿nacional? Qué cosa. Un refrito visual es otra manera de decir eso de "uy! cómo se parece a ...". Manuel Horcajo suele llamarme Reina de la Modernidad, será por estas cosas con las que sale una.

Hoy el bajista ha tocado el timbre de la casa de mi hermana, (la mujer de Joe) y no he sido capaz de salir a saludar porque... soy una pendeja. Adolescente de 33 que no sigue comiendo porque le apetece levantarse de la mesa y salir a saludar, y a la que no le responden las piernas porque su cerebro (sí, ése que manda las órdenes) estaba entretenido poniendo el retrato del bajista sobre el del guitarrista mientras se partía de la risa él solito. Cerebro traicionero, refritero oficial de caras, y cuerpos y manos, no te pases, coño.

Y justo venía pensando yo en escribir sobre eso y no sabía cómo enfocarlo, y va y me llama Mi Jefe y me da sin darse cuenta el truco, y de paso suena un pipí mientras hablaba con él y resulta que era el guitarrista que me escribe "Reina", y me lo pone todo a huevo. Entonces yo sonrío como una boba, porque me gusta más este músico de barba larga que el otro músico de barba larga, los dos de ojos azules, los dos de manos hermosas, los dos en la porra, los dos personajes de post y yo, artista del refrito universal, ¡hala! como un pendeja en casita de mis papás reescribiendo más de lo mismo. En fin.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

El Bar de Toñi

El bar de Toñi no tiene nombre. "Aquí todos nos sentimos de Salamanca", me dice, y una, que pide un café mientras tanto y mira por la ventana las fachadas del pueblo, tan, tan abulenses, se ríe por el colmillo izquierdo (como diría mi difunta tía Ruth).




Navamorales es un pueblo plano, abierto, con casas antiguas, pajares y cuadras, y otras, muchas, de esas que no me dicen nada. El primero de Salamanca viniendo de Piedrahíta. Cuando llegué a la plaza, de detrás de una puerta de esas que no sé el nombre, de esas de las que se puede abrir la mitad superior solamente, salió una lugareña, viejita y fea como ella sola, y que parecía que me estaba esperando. Le pregunté dónde estaba el bar. Me contestó y cerró la puerta. Con ese frío no me apetecía bajarme del coche, aunque me quedé pensando en el aburrimiento de la pobre mujer. La casa amarilla, la de la esquina, la digna, la de fachada limpia, las ventanas de aluminio plateado, era el bar, y no tenía sino una pegatina de Grefusa en la parte de abajo de la puerta. Casi imperceptible. Y sin embargo, estaba abierto. El bar de Toñi abre siempre. SIEMPRE. Y eso revaloriza un pueblo.




Allí estaba mi nueva amiga cincuentona. "¿Está abierto?", pregunté pendejamente mientras entraba. "Sí hija, lo que pasa es que no hay nadie" (¡!). Tan amable y, por lo que noté, perteneciente a ese grupo de cotillas comedidas como yo (otros le llamaron Cronopios, sorry, Julito), que tenemos curiosidad por los extraños y las circunstancias que los hacen sentarse al calor del brasero. Y es que el bar de Toñi puede que sea el único bar del mundo, síiiii, del mundo, donde de las seis mesas que hay, dos son camillas y con brasero. Brasero CONECTADO, y tremendos mantelitos de ganchillo que, POR SUPUESTO, llamaron mi atención y derritieron el hielo antes de llegar a la barra. "¡Qué bonitos manteles! ¿los hizo usted?", "Ay, hija, no me hables de usted..." Y de ahí, después del break de servirme un café calentito que, sospechosamnte salió de la trastienda y no de la cafetera, de preguntarme por la casa que venía a ver, por María José ("qué buena chica"), la de la inmobiliaria, de contarme que hasta había uno de Alicante que le compró una casa monísima a unos franceses, y uno de Madrid, no, muchos, y de Salamanca, sí, me invitó al brasero y desplegó el contenido de la bolsa de sus labores para explicarme cómo se hacía el mantel para que quedara la forma de estrella en el centro. Y que la lana rinde más que el hilo fino, pero que sí, que había deshecho unos jerseys de sus hijos ("sí, a veces sí utilizo algodón del que viene en hebras gruesas") para hacer otros, "que con los golpes sobre la mesa cuando los hombres juegan la partida cada tarde, no veas tú cómo se desgastan y hay que reponer, jejejej".



Y así dejé a Toñi, tejiendo y viendo el Tomate, que Darek antes se ponía ciego de esteroides y yo creo (eso no lo comenté con ella) que está mejor ahora con ese toque Obregón que envidiamos todas (sin complejos, sí). Le cerré bien la puerta, que no estaba la tarde para hacerla levantar del braserito que estaba tan rico. Y me fui a ver la futura casa del Productor Titiritero, pero eso, espero, será asunto para otro post.

(Esta Nikon que no enfoca... o este pulso cafetero...)

sábado, 15 de diciembre de 2007

No es que hoy

"A las 21: 42 de la noche del sábado 15 de diciembre, Pi pensó en escribir un post y en titularlo: Perspectivas. Se arrepintió. Decidió correr un tupido velo entre sus ganas de escribir un post y la necesidad real de su alma para hacerlo. Decidió, además de posponerlo, sumarlo a esa serie de post en borrador que sabe perfectamente que nunca van a ser publicados. Y se dio una ducha.
Casi media hora después, con pijamita y todavía sin chorrete de colacao en la camiseta , experimentó uno de esos momentos que duran demasiado poco tiempo y que están repletos de extrañas coincidencias. Le dió, al Momento, la importancia precisa para servir de desencadenante de un derrumbe de palabras que no sabía a esas alturas si iba a resultar eficaz. Lo tituló: No es que hoy".
Alaska tiene una canción a la que le falta una frase. Dice: "no será astenia primaveral, o tristeza de verano, en otoño siempre me pongo mal y en invierno igual porque se acaba el año", pues le falta "y cada luna por cuestión de hormonas". Y es que... no... será..
No es que hoy fuera yo a acualizar esta cosa, a marear al personal en esta montaña rusa que es mi blog, que pasa de fiestas infantiles a viajes surrealistas pasando por este tipo de temas, como el de las perspectivas, que no se sabe ni dónde encasillarlos. En Desnudos, como siempre, que seguro que los salidos del mundo terminarán pasando por esta página para decir "qué tipa cortorrollos".
Las perspectivas. Yo te miro, tu me miras, él nos mira y todos flipamos. Porque si me tapo un ojo, te veo el perfil que me gusta, y mejor cierra los ojos a ver si me ves mejor. Y sin embargo, ni así me verás. Ni haciéndote fotos e intentando detener el gesto. Siempre te veré desde una perspectiva que no es la definitiva. Como los matices, como las palabras, las miradas. Un día te creo ahí y estás más a la izquierda de lo que concluyo al día siguiente. O más adelante, o más atrás. El factor sorpresa es importante. Me sorprende verte así, tan sonriente, por ejemplo, desde donde estoy, pero si me muevo más a la derecha, no sé, tal vez si hago un pequeño amago de girarme "para veeeeerrrrrte mejoooooor" descubro que detrás de la sonrisa hay una mueca.
Tu me crees aquí y yo me pierdo, o tal vez no es tanto, porque al final, uno a uno mismo se ve desde distintas perspectivas: segun la hora del día, las prisas del día, las responsabilidades de por vida, las de la vida, las de los sueños, las de la noche de sofá o paseo por el Tormes. Un derrumbe (de palabras) pendejo y sin foto. Qué cosa.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Alas de Vanidosa


... es que, qué pedazo de alas!!!! jajajajja

jueves, 13 de diciembre de 2007

Mi reina, mi princesa y mi angelito.

Anoche me fui tarde a dormir. Cuando llegué a mi cuarto había alguien en mi cama. Una bella mujer en mi lado de la cama. Era Alicia. Mi princesa. Le propuse que se quedara conmigo, la puse sobre la otra almohada y la tapé bien, le hice eso que mi mamá siempre ha llamado "choricito" y que ella misma considera poco tierno, pero que es una de sus máximas expresiones de amor, una sacudida firme pero que te mece, te da calor, te hace sonreir.



Y me acosté a su lado. Hacía tiempo que no dormía con Alicia. Ni con Nicolás. Busqué sus piececitos con los míos, una posición extraña, sí, teniendo en cuenta que entre ella y yo hay más de un metro de diferencia en estatura, pero es que cada una quería dormir mirando para su lado. Me dió gustico sentir su calorcito, y pensé que era lindo eso de estar pendiente en sueños de que no se destapara la espalda, de que me tiraba del edredón, en fin, de esas cosas que siempre estuve pendiente cuando dormía acompañada. Una, que pierde la costumbre.









Alicia es mi protagonista estrella del día, a pesar de que llevo más de una semana poniéndola la primera de la lista. Hoy era su fiesta de Navidad en el cole, y tenía que ir vestida de angelito. Yo no soy una madre coraje, de esas cuyo mundo gira alrededor de sus hijos. No, algunos de los que incluso se pasean por este blog pueden dar fe, de que soy más bien una egocéntrica de cuidado. Pero sí soy una de esas mamás que disfutan con hacer las bolsitas de la merienda y la muda del comedor, el disfraz de Navidad, el ajuar del recién nacido, la ropita de las muñecas, las cortinas del cuarto, la colcha, los cojines, y que se esmera porque vean por la ventanilla del coche lo chulo que se ven los pajaritos volando, los atardeceres y la luna cuando parece una uñita de meñique de bebé.













El caso es que, a pesar de las amenazas que me tocó hacerle durante esta semana ante las pataletas y espectaculos varios que se digna en ofrecerme en exclusiva, Alicia se vistió de angelito y fue el más lindo de la clase.

(La más bella)











Yo llevaba dos semanas pendiente de la tela del vestido, de la puntilla horterísima y, sobre todo, de las alas. Pero como soy como soy, ayer, a la una de la mañana estaba todavía yo, aguja en ristre cosiendo el adorno del dobladillo y el escote, porque, además de dejarlo todo para última hora: me falló mi Reina.













Mi Reina es uno de los mejores regalos que me han hecho en la vida. Mi ex suegra, gran mujer encantadora y buena persona, apareció un día del Pilar con tremendo regalo que, por supuesto, yo creo que no me merecía, y menos en esa fecha, en la que la mayoría de gente que conozco me recuerda y yo nunca, nunca he celebrado (cumplo el 28 de abril, para los que estén interesados, me hace más ilusión mi cumple, vaya, y es que tiene más mérito acordarse de eso que de que me llamo Pilar). Mi Reina apareció despanpanante y femenina con ese rosa chicle y sus mil funciones para hacer "virguerías". ¡Yo quiero hacerle vestiditos a Alicia con nido de abeja!(¿se dice así?), ¡¡¡Ahhh, puedo hacer ojales!!!!¡¡¡y bordar!!!! Madre mía, qué ilusión. Estaba emocionada con mi regalo. Y es que mi preciosa máquina de coser ha viajado conmigo hasta Mos, para hacerle arreglitos a mi hermana y mi mamá. Estoy superorgullosa de ella, a pesar de que ayer me fallara para terminar de coserle la puntilla al vestido de angelito, no sé porqué extraño motivo se enredaba el hilo en la canilla. Pero me dio igual: es heróico trasnocharse porque por fin una manualidad quedara "pulidita", total, ya me había tirado toda la mañana pegando plumas en las alas que YO había diseñado y que había arrancado de otras alas superchungas (por supuesto) de los chinos (que además estaban con un alambre suelto y de las que me rebajaron un euro, oye, que una es una negociante, jejejejej). Y qué alas. Y qué corona de espumillón que picaba en la cabeza! estaba preparada para que Alicia la llevara agarradita con una pincita para que quedara ligeramente elevada de su cabeza, vaya, como un ángel de verdad, porque ¿desde cuándo los ángeles llevan espumilllón en plan corona de espinas?












Yo estaba super orgullosa de mi princesa, por vestirla, por verla cantar y bailar, presentía que iba hasta a llorar de la emoción, algo muy típico en mí en mi peculiar amor de madre. Pero... ¿qué más da que se le hayan caído los tirantes de las alas por llevarlos pegados con pegamento y no cosidas?¿y que se haya retrasado un ratillo la función porque había que subir a buscar una grapadora para arreglar el desaguisado? ¿y que mi princesa tuviera una crisis de miedo escénico y entrara en shock y no bailara, ni siquiera aplaudiera, ni sonriera mientras estuvo en el escenario?¿y que la mamá, que regaba la baba por el salón de actos, no soltara ni una lágrima de emoción?¿y que el hermano, y los hermanos de las amiguitas, colegas de 5 años, no les gritaran "guapas" como les teníamos aleccionados las mamás? ¿Qué más da, si después del acto no había quién le quitara el vestido aunque le hubiera quedado largo, aunque hiciera 2 grados en la calle, aunque el panty fuera beige y se le trasparentaran los calcetines rojos, aunque se le salieran las bailarinas blancas, prestadas, un número más que el de ella? ¿aunque no soportara la "corona" y el escote más bien pareciera palabra de honor? ¿qué más da que la mamá confirmara una vez más que McGiver es una chapuza, pero que su niña, su preciosa y tirana princesita, era el Angelito más feliz al bajarse del escenario?








(My Queen, the best, the one and only)

lunes, 10 de diciembre de 2007

En la línea "Perdonen las molestias"



Yo pensaba escribir un post que se llamara: "Redacción: Mi familia", pero va a ser que no. Será "oto día", como dice Alicia y se resigna, o se organiza su agenda, como queramos interepretarlo. Oto día escribiré un post sobre el Puente de la Inmaculada, aquel que transcurrió entre una nube en Mos, con música chula, ocho niños pululando, las caras de la madrecita, las carcajadas de la hermana y los aperitivo del cuñado. Y el Belén del abuelo pintado entre paseo y paseo al invernadero. Oto día, tí.






Ayer recibí una llamada desnuda. De esas que uno no espera, o cuyo contenido, más bien, no espera. De esas que uno siente hasta pudor porque ve el alma de quien habla sin los cartelones de "estamos mejorando para usted" escondiendo el interior. Es bonito vivir cosas así, aunque supongan una pequeña derrota para el propio ego, y eso que últimamente paso por la vida como la vanidosa number one. Pobres nuevos amigos que me desconocéis tanto.






La Vanidosa siente envidia del objeto del deseo de mi interloculor de añoche. Siente envida porque ha sabido permanecer en un corazón. ¿Cómo es posible dejar tanta huella? Que me digan cómo carajo se hace para "entrar a saco en la memoria" para desmantelar, para desmentir, para despojar de su último reducto la soledad de otra persona (perdóname, Mario). ¿Qué poder hay que tener? Y esto es sólo una reflexión, porque después, ¿cómo carajo se mantiene? Y sobre todo, ¿cómo se reponde a la pregunta de cómo se saca del corazón a una mujer así?






Me quedé pensando en eso del amor, los flechazos, de los fogonazos, en los enamoramientos lentos (si es que existen) y en los eternos, que no sé yo a estas alturas. Me miré por dentro para sacar argumentos y defender por lo menos una postura que sirviera de consuelo a esa pregunta retórica (porque era retórica, ¿no?) Y hablé, y hablé, y hablé, y como no tengo rollo ni ná, yo creo que el tu tu tú que escuchaba era una clara directa de que ya me estaba pasando.




El caso es que es tremendo encontrarse con alguien que ama. O que supuestamente ama. Y da envidia porque una quiere ser así, amada, y da miedo porque una se siente cobarde para recibir amor, para corresponderlo, para sentirlo incluso. Una, la Vanidosa, la que va últimamente por la vida sacando pecho y retando al aire diciendo "venga, que yo me atrevo a querer, ¡coño!", se miente. Y siente envidia de las que se enganchan en los corazones ajenos, y de las que reciben llamadas de la Felicidad cuando se van de viaje a Francia, o de la mujer valiente que se dejó ver tan bella como supuestamente es por aquel fotógrafo del blog de aquí al lado. Mujeres valientes, sí. O kamikazes. En activo, por supuesto. ¿Seré así? no sé. Siempre que hablo de estas cosas me acuerdo de un trocito de la La Náusea, de Sartre, que apunté en mi libro de escritos a los 17 años: "Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera... Hasta hay un momento, al principio mismo, es que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré".


No sé, no sé. Yo por si acaso llevo puesto un paracaídas (de atrezzo).

(Aperitivo. No nos gusta el Cardhu)

jueves, 6 de diciembre de 2007

Y amaneció...

... y salió un día nublado y gris. Guay, las cosas cambian!

Conmemoración y escenas épicas

El 6 de diciembre de 2006 amaneció espectacular y, aunque no hubiera sido así también habría hecho lo que hice. Me fui N110 más allá del Barco de Ávila, llegué al puerto de Tornavacas, paré, miré, flipé, hice una foto y seguí carretera abajo. Me tomé un café en el primer bar del pueblo, eché uno vistazo a los cerezos que algún día veré florecidos y dí señales de vida, las madres, la carretera, ya se sabe.

(Que no tengo photoshoooop...)

Después dí media vuelta, hasta que la misma N110 me dejó en el desvío al puerto de Chía. Chía es un pueblito muy mono a... no sé cuántos kilómetros de Bogotá. Curioso. Me hizo gracia. Me desvié. Le pregunté, por supuesto, a un par de lugareños por dónde llegaría al otro lado de la montaña, y ellos me dieron las instrucciones pertinentes y respondieron, como la gran mayoría de los "lugareños" que me cruzo por estos pueblos, a la pregunta de si se podría pasar a pesar de estar alto y ser invierno: "jajaj, ese coche pasa por donde quieras, guapa!". "Ya, el problema es saber hacerlo pasar", suelo añadir yo. Y subí. Y subí. Y flipé. Hice fotos, malísimas, empecé a ver la nieve, empezó a ponerse el sol. Pasó un Defender cuyos tripulantes me miraron raro. Y yo a ellos por eso mismo. Y después de un rato, cuando estaba emocionada con el paisaje y quise dar señales de vida: no tenía cobertura. Si me caía barranco abajo, a nadie, absolutamente a nadie se le ocurriría buscarme por esa zona. La última noticia de mi vida se había quedado cien kilómetros al oeste, y las asociaciones nostálgicas de Chía, como que no. No pasó nada, salvo que empecé a pensar en qué cosa es la vida.

El 6 de diciembre de 2005, también amaneció espectacular, y sin salir de casa, sin arrancar un coche, casi casi sin ponerme las gafas, mi vida cambió. A pesar de la cobertura, de estar bajo techo, segura, con sol y acompañada, pasó todo.

El 6 de diciembre de 2007 no sé cómo va a amanecer porque apenas son las cero y pico. Ni una hora hace. Y sin embargo, en mi vida, a estas alturas pasan cosas. Y como tengo la manía de montar pequeños templos, de no olvidar las fechas y de conmemorar los hechos trascendentales, pues ala, éste es uno de los más importantes de mi vida y aquí estamos. Sin tristezas, sin sensación de derrota, asimilada, superada y sin miedo a quedarme en casa en este día señalado, entre otras cosas por ser San Nicolás, el santo de mi niño que nunca celebro. Ahora, desde este sofá beige vestigio de batallas ( y me voy a poner épica), pero desde otro campo donde no he librado guerras de esas a las que conduce el amor (lo siento, tiendo a pensar que el amor es finito, y los finales importantes tienden al drama), desde aquí, con gafas y pijama con chorrete de colacao (no es mi intención resultar atractiva a estas horas, señores), me veo desde fuera y sonrío. Sonrío porque recuerdo también aquella mañana del 13 de mayo de 2006 en el que, con el sol en el café, volví a escribir, y sobre todo porque a estas alturas siento como un extraño sosiego rodeado de dinamita. Qué vértigo, qué emoción, cómo se pone la piel de gallina con sólo pensar en una mínima chispita. Una mínima chispita.

domingo, 2 de diciembre de 2007

El puzzle de Natalie Portman y el árbol seco

Natalie Portman se arrepiente de haber salido desnuda en el corto de Wes Anderson. Eso dicen. Que ella no quería dejar la imagen de niña buena que siempre ha dado y que tanto, tanto seduce. Si fuera hombre, de esos con imaginación que tanto me gustan, también me enamoraría de Natalie Portman. Y chica, por muy desnuda que aparezcas en determinados sitios, seguirás siendo lo que siempre has sido: una preciosa mujer que a veces parece una niña.






Esta madrugada venía conduciendo por la A6 y pensaba en la guapa Natalie y en este rompecabezas tan divertido que es la vida. Rompecabezas o carta celeste, porque unas veces se trata de unir piezas, y otras de trazar líneas que forman constelaciones que le dan sentido a nuestro universo particular. Yo de pequeña quería ser astrónoma, por eso me emociona tanto el tema de las estrellas y el vértigo que produce pensar en la infinito que es esa vaina del universo.






Ayer estuve en Madrid y digamos que fue un día raro, de los que no se olvidan en la vida. Y no solo porque fuera uno de diciembre, (aniversario de esos de adolescente que una no se atreve ni a confesar el motivo pero que sigue celebrando en secreto), sino porque de una manera u otra iba a significar un antes y un después en mi Fantástica Recopilación de Historias Freakies. Feakies pero entrañables.






Ayer aparqué mi bella Hiluxión verde en un barrio de Madrid que me encanta por los recuerdos que me trae. Allí trabajé durante un buen tiempo, escribiendo sobre viajes que no hacía, ejerciendo de negra sin tomar el sol. Aparqué además delante de un edificio que hacía tiempo había visitado, donde había vivido otra de mis historias absurdas del tipo: "te a va a sonar extraño que te diga esto, pero aunque sé que no te conozco de nada,tengo que ayudarle a mi padre a mover unos muebles, te dejo la llave de mi casa, mi móvil para que llames a "papá" si necesitas algo, la mantita del sofá y, por fa, no te lleves la tele de plasma, que es de una amiga". Yo, que por supuesto estaba sin móvil porque se le había acabado la batería, esperé hasta que mi anfitrión volviera, y escuchamos llover y caminamos medio mojados hasta el metro cuando nos despedimos. Recorrimos bajo la lluvia el mismo tramo que ayer conduje para aparcar. También llovía. Mi anfitrión de aquel día desaparecío sin dejar rastro mucho tiempo después de ocurrir aquello, sin motivo, como suele ser habitual, y sin explicaciones, como suele ser más habitual. Y yo, pendeja que soy, recuerdo con nostalgia esas cosas.






Sin embargo lo de ayer tuvo más tintes de sorpresa, de cruce de caminos, de presencias impronunciables que no venían a cuento. Natalie Portman que sale en "Algo en común" escuchando una canción que suena genial. La canción es New Slang de The Shins, que con su "uhuhuhu" y un " qué bonito suena eso", nos despistó de la conversación sobre desnudos y no precisamente sobre el de la bella Naty, y por supuesto del objetivo del aperitivo . ¿Qué tiene que ver ella en todo esto? No sé, tal vez que seamos muchos los interesados en su belleza.


Ya tenemos banda sonora para esta amistad fraguada en una mesa camilla, con filetes de pollo doraditos y guarnición de champiñones con bacon y nata que rebañamos hasta pelearnos la cuchara de servir. Los árboles secos tienen su encanto, si, y el mar, sí, también, pero yo soy más de atardeceres en la montaña y Madrid. Y hablando de Madrid y del cd para los viajes, la Hiluxión nos llévo Paseo de Extramadura abajo mientras el random pinchó Big Exit de PJ Harvey. Sí, conozco esta canción, ¿qué pintan ahora aquí las aceras barcelonesas? será que no quieren que las olvide definitivamente. Y una sonríe.






La Felicidad son momentos como estos de buscar aparcamiento en Madrid atiborrado, tomar un café y dejar que se sienten a tu lado un montón de desaparecidos en combates que nisiquiera has presenciado, y reirte y perdir que sean más estos momentos mágicos, con mojitos, cortilandias, espirales, y eternas A6 con música tan espectacular como la Porcupine Tree sonando a todo volumen y atravesando bancos de niebla sin ser abducida. Maravilloso. Sencillamente, maravilloso.

(Que sí, que lo voy a leer...)