lunes, 28 de enero de 2008

El veinteañero

Huelo a bus. Olía, más bien, que ya me he dado una duchita y el ácido hialurónico y el colágeno están haciendo efecto. Lo noto. Olía a bus. Ninguna frase describiría mejor ese olor a tubo de escape que se quedaba todo el día en el pelo y la ropa cuando bajábamos de Medialuna a Medellín (algún día hablaré de mi infancia). Olor a bus y a fogonero, que ahora, haciendo memoria, había alguno que no estaba mal. Sí, mamá, me acuerdo de los fogoneros y de cómo se paraban recostados en los asientos y sacaban el fajo de billetes y te cobraban el pasaje.










Hoy he estrenado mi nuevo coche, de ahí el olor. No, no he cambiado mi hiluxión tipo camión por el Rav4. No. Denme tiempo. Hoy "estrené" mi "nuevo" Volkswagen Santana del 88. En el 88 yo tenía 14 y estaba enamorada de Andrés Castro (los fines de semana y vacaciones) y de Andrés Arévalo (durante la semana, en el cole, y hasta que lo echaron a final de curso. En realidad no sé si se me terminó el amor por eso).














La historia del veinteañero es de esas que me gusta contar porque son sorprendentes. Es una de esas cosas que te hace dudar sobre tu suerte, la famosa estrella, tu número 8, el destino, o tal vez tu coquetería. Yo sólo necesitaba un coche para mis albañiles, un plan prever jubilado que aguantara un mes, tal vez dos, bueno mejor tres, haciéndose doscientos kilómetros diarios. No daba más de 1000 euros, que a ver después qué ruina sería eso. Y entonces ahí estaba O. (que por si las moscas no pongo su nombre y algún día se entera de que va por ahí haciendo amigas como yo, que publican sus trapicheos).












O. tiene 34 años y un concesionario de coches de ocasión en esta pequeña ciudad de provincias. El hombre además tiene un encanto especial a la hora de colocar, sí, colocar coches de kinkis a incautas como yo: O. me regaló al veinteañero, y ¿quién le hace un feo a un coche gratis?
Yo dudé, claro, antes me lo quería vender por seiscientos euros... Y sin embargo, oye, yo acepté el regalo y lo amenacé a él y de paso al comercial de Toyota que me lo preséntó, con que si me dejaba tirada en plan... después de dos semanas, hacía una alunizaje en condiciones contra el expositor de Land Cruisser. Hoy empieza la segunda. Y he escuchado el motor de mi veinteañero, y qué bonito suena, y he descubierto el mundo desgüace y he flipado con la rapidez con la que te localizan un parachoques posterior justo para el VW Santana, y he visitado el taller de El Chaval (que ya no lo es, claro) y me ha cambiado el aceite y me ha dicho que le sonaba el coche.(!!) Me he sentido fea, con más canas de las que tengo, un pelín kinki, he hecho brazos maniobrando sin dirección asistida, se me ha pegado el olor a taller, a desgüace, a tubo de escape, en resumen a bus, pero sobretodo, lo mejor, es que he viajado hasta la obra en silencio, y he pensado y pensado y pensado en lo que hacía por allá en el 88, hace veinte años ya, cuando era feliz viendo tocar la guitarra a AC y dibujar a AA, y cuando me limitaba a enamorarme sin pedir ná de ná, cuando guardaba el dibujito en el cuaderno, el chiste pendejo, la mirada empendejada, y no podía llamar, y no podía sino escribir para que no me leyera, sino simplemente para quedarme en paz. Y concluí mientras pisaba ese embrague tan duro y ponía la quinta y Braulio se acomodaba en el asiento de atrás, que sonaba, que yo lo que quiero es un amor platónico, de esos que no te hacen sufrir porque no crean expectativas, esos que se pueden adaptar a los tiempos modernos y quedarse sin roces porque éstos, los roces, se pueden lograr en cualquier sitio y no son considerados infidelidad.
Yo quiero un amor platónico al que no pueda llamar porque pa'qué, al que sólo le pueda escribir, pero esta vez para que lo lea, para qeu pille lo que le digo entre líneas, para que corresponda a esta faceta inútil pero vital de sentirse comprendida, complementada, etc. Un hombre al que no pueda tocar porque es que él ya sería demasiado (mejor consolarse ante inminentes arrebatos de pánico másculinos).
Y entonces llegué al Barco de Ávila, y ví mi Hiluxión aparcada sin hormigonera y sin carga, esperándome, y me subí a ella, y puse mi música, y sonó Deluxe, tendremos que esperar, y yo, como una tonta sonreí, canté a grito pelado y me dije: Pi, si es que ya tienes 14 añitos again.


(Braulio tanteando para marcar la rueda de SU coche nuevo)

jueves, 24 de enero de 2008

Optimismos

Va a ser que estoy en unos días tremendamente optimistas.

Va a ser que SOY una mujer optimista, a pesar de que me acabe de enterar de que han pillado a unos intentando "raptar" a una niña de cuatro años de dentro de un coche, sí, parece que ha sido así, en Ávila, sí, pequeña ciudad de provincia sin ley. Y también que están robando pisos, y forzando puertas, y la bolsa se derrumba, y el mundo de la construcción es una caca de la vaca. Yo mientras tanto estoy con el optimista subido. Cojo a mis niños de la mano, cierro las persianas por la noche, duermo con el móvil en la mesita (no sea que el ladrón desalmado corte los cables del fijo) y confío. Confío y contesto el teléfono a las tantas y me acuerdo de Mel, que también cogía el teléfono a esas horas y decía que era la Felicidad. Confío y escucho Vetusta Morla y me doy cuenta de que me da subidón, digamos alegría, eso que cantan

Mírame,


soy feliz,

tu juego me ha dejado así.


No sé dónde quedó el rumor


que nos vio nacer.

Sigue, pero es surrealista. Y además no tengo fotos del día brillante que ha salido hoy, y que viene siendo habitual en estas tierras.

miércoles, 23 de enero de 2008

Unas líneas de expresión

De las Top super top a mí me gustaba Cindy Crawford. Linda Evangelista tiene la cabeza muy pequeña, Kate es escurrida, linda y sigue de moda, y Naomi... Naomi es de una raza superior. Sin embargo hoy he descubierto mi lado Claudia Schiffer: me he comprado el rellenador de arrugas que anuncia.











Yo admiraba el cuerpo hermoso de la Crawford, y me decía en mis tiempos de dietas veinteñeras, que si de verdad le diera importancia a eso de las medidas, yo quería ser como ella. Y me compré su vídeo para recuperar la figura después del parto (aquí risas enlatadas), y cuando lo puse me quedé mirando cómo tenía decorada la casa y la cunita del bebé. La Crawford era una especie de mito al que no le he hecho mucho caso, pero que sin embargo estaba ahí, y ahora, con 33 veo la foto de aquí abajo y me digo: qué cuerpo más real tenía la chica y una con tanto complejo. Seguro que tiene la pierna gorda. Lindo escote, sencillito, pero lindo. Y ya está. Pero yo, que nunca quise sufrir porque no era una tremenda mujer me veo apuntándome con el rellenador de arrugas de la Schifer a mis líneas de expresión. Sí, me expreso tanto que me están quedando las marcas. Parezco con perilla, yo, que nunca he sufrido por el bigote.

















Rellenador de Arrugas con colágeno, y ni qué decir del Contorno de Ojos con ácido Hialurónico y Pro-Xylane, el de Pe. Yo Pi, ellas Pe y Cla. Pi aguantándose la risa mientras se mira en el espejo y se pringa con las nuevas cremas, pensando además en que no habría sido mala idea hacerse la foto para el futuro post Antes - Después que daría la vuelta al mundo. Pensando también (todo es posible mientras se mira una en el espejo) en que menos mal le ha tocado vivir en estos tiempos en que muchas cosas tienen solución, y, haciendo cuentas, cuando ni los remedios de Pe y Cla surtan efecto, siempre le quedará cogerse un avión, volver a Medellín, darle un besito a la familia y un talón en euros al Fabio Arango de turno que de verdad tenga el secreto de la eterna juventud. ¿Por qué no? De hecho, puede ser cierta tanta belleza.
(Si es que una con un poquito de photoshop también podría ser modelo, vaya)

sábado, 19 de enero de 2008

La buena suerte

Suena Belle and Sebastian, If she wants me. Y como no sé cómo se ponen las canciones para que las puedan escuchar los lectores, pues aquí le dejo el dato, porque mientras escribo va a sonar y cuando se termine, se acaba la inspiración. Así es.
Hoy desconfío de mi buena suerte. Y me cuesta lanzarme en voladora y revolcarme en esta sensación de que mi vida se ha subido a un carrito al que le funcionan bien las ruedas. Me siento bien, me sorprenden las personas que se están cruzando en mi camino ¿será verdad que son tan buenas? ¿será posible confiar en tanta belleza? ¿será verdad que una despierta la misma confianza? ¿que una es tan buena persona? Es curioso, es raro, es delicioso y da miedo a la vez, porque, como la canción que se va a terminar, puede llegar el momento en que de repente... Pero confío. ¿Será verdad mi teoría de que hay que confiar en la gente, en la vida, y hasta en los momentos de hundimiento profundo?¿será verdad eso que digo que lo mejor de tocar fondo es que uno coge impulso para salir a la superficie? Qué maravilla.




Lo dicho, lo he escrito en lo que dura la canción. Y termino con una gran sonrisa. Qué rico empezar la semana.



(suspiro de satisfacción) y un abrazo, grande y optimista, para todos.

miércoles, 16 de enero de 2008

Una chica guapa

Estaba en el camino de El Barrio, un anejo de Navaescurial, por cierto muy bonito el paisaje.
Yo venía pensando en que las vacas se parecen a los viejos de pueblo, que te siguen descaradamente con la mirada cuando pasas delante de sus bancos soleados. Ella me miraba así. Me vió venir, e insistió. Paré, cogí mi cámara y ahí seguía, tan linda la negrita, con esos pendientes naranjas que le combinan tan bien y sobre todo, tan chula, tan pero tan chula, que no dejó de mascar chicle mientras me tenía enfrente para que yo no me perdiera que su cencerro no dejaba de sonar.

(vaaale, la Nikon de Pi no es tan guay como la Sony de Mo)

domingo, 13 de enero de 2008

Nimiedades

Por cosas como estas se pilla una un catarro. Por salir al patio en camiseta, a un gradito nada más, para no perderse el atardecer del supuesto día de temporal. Por bajarse del coche casi que en plena marcha, también sin abrigo, a mirar esas grúas hermosas y ese azul... ninguno como el de Bogotá, es cierto.










(Esos palitos del fondo, son grúas. Sí, la Nikon traicionera)









Por cosas como estas se queda una hasta las tres y media de la mañana sin cerrar los ojos:












































"Uno se construye grandes historias, ésa es la verdad, y puede seguir creyéndoselas durante años, no importa lo absurdas que sean, ni lo inverosímiles, te las llevas contigo y basta. Se es hasta feliz con cosas así. Feliz. Y podría no acabar nunca. Luego, un día, sucede que se rompe algo en el corazón del gran artefacto fantástico, zas, sin razón alguna, se rompe de repente y tú te quedas ahí, sin comprender cómo es que toda aquella fabulosa historia ya no la llevas encima, sino 'delante', como si fuera la locura de otro y ese otro fueras tú. Zas. A veces basta con nada".












("Océano Mar", de Alessandro Barico)





















Por cosas como esta una sonríe feliz e incluso se siente realizada:



(Y lo rico que quedó oliendo mi casa...)













Que sencillita es la vida, no?

sábado, 5 de enero de 2008

"No se han ido"



Del 1 al 7 de enero de 2008 los piojos jugaban a Matrix en Ávila. Cosas de los colegios de Fomento de Barcelona y Vigo. Vino Mo, momito, monocotiledonea, a visitar a Pi, píloro, pituitaria. Recuerdos de adolescencia (que viene de adolecer, que es poco más que sufrir alguna enfermedad habitual, digamos, como la Pendejada Misma), de esos en los que los novios no faltaron, y las gamberradas de las que ella era instigadora y yo una fiel seguidora, y las celebraciones de cumpleaños con harina, huevos y tomates podridos (todos a la cabeza, y al uniforme del colegio represor y maltratador, off course). Vino a verme, por tercera vez después de este último año y medio de reencontradas, por tercera vez después de ocho años de silencio y pérdida del rastro. Tú a España, y yo también, sin saberlo.





Cuando Pi encontró a Mo pregonaba a los cuatro vientos que era feliz y sin embargo. Sin embargo fue la primera en separarse. La llamada que derritió el hielo fue aquella en la que Pi le dijo a Mo "¿te acordás cuando me dejó Iván Torres cómo lloré como una pendeja? pues ahora me siento igual, pero con dos hijos". Y compartieron ruptura, como a los 15, y risas y dolor, porque que "te rompan" jode, pero romper es chungo too. Y con una niña. Y volvieron las llamadas de hora y media, el desatrasarse de las historias que nos habíamos perdido años tras año hasta que todo parecía haberse puesto sobre unas rueditas que recorrerían el camino así, sin más, tranquilamente, hasta que la muerte nos separara. Entonces llegaron también los planes entre amigas, porque si tú eres arquitecta y yo construyo, "tíaa! ¿te imaginas?", y no ha hecho falta la imaginación, porque ya hay una casa en planos hermosos y estas manitas y esta cabeza preparadas para hacerla realidad. Pi y Mo formaron un equipo.




Pero el equipo se lleva tan bien, pero tan bien, que hasta los niños lo perciben. Tanto tanto lo perciben que Nicolás, que estaba jugando con Eloísa y Alicia en el patio, se asomó a la escalera y me llamó: "mamáaaaaaaaaa"





- Quéeeeeeeeeee





- No se han ido- dijo en un susurro- ¡¡¡Que vengaaaaaaaaaaaaaaassssssssss!!!!





Entonces Mo y yo nos miramos y nos reimos como pendejas, porque empezamos a especular sobre la confianza que nos tienen los tres culimbos que nos vuelven locas de amor e impaciencia, y sobre todo por el euro que guardaba Nicolás en el bolsillo y que no me dejó "quitárselo", ¿será que pensaban bajar a Mercadona en caso de emergencia si era cierto que nos íbamos a ir sin ellos?





Los pobres nos aguantaron las verduras camufladas en salsas, los viajes con la música a todo volumen, el momento de que Mo condujera por primera vez con carnet español y se llenara de Hiluxión (oye, y qué bien le quedaba), las carcajadas por temas incompensibles (para ellos), hasta tirarnos una hora y pico de coche para ver un pajar del que tenía que hacer yo un presupuesto para construir, con la disculpa de que nos esperaba una gran aventura por tener que saltar un muro de piedra y colarnos en una casa abandonada.... ohhhhh.... Por supuesto el muro no era tan alto como Elo, Nico y Alice esperaban.





Ay! los culimbos. Algún día tendrán que saber del arrebato de madres coraje que tuvimos en la Cabalgata de Reyes de este ciudad de provincia, cuando todos los viejos les quitaban los caramelos de las manos, y nosotras, furiosas, nos mordíamos la lengua para no insultarnos y gritarles "pero si usté ya sabe que estos reyes no son los de verdá!"y nos conformamos con agarrarlos por la capucha del abrigo (a los niños) y, como quien arrastra una bolsa de patatas de 15 kilos, llevárnoslos a otro sitio. Algún día tendrán que saber la ansiedad y excesiva salivación que nos produjo descubrir el outlet del juguete, todo al 50%, TODO!!!! Legos, coches, bebés, puzzles...

Y ni qué decir del momento de envolver los regalos, sin música, mirando la puerta, aguzando el oído, estresadas, con miedo a ser descubiertas después de tanto trabajo, con la misma sensación de cuando éramos pequeñas y creíamos de verdad que el Niño Dios (en Colombia es él) se colaba por la ventana o por donde fuera y dejaba todos los regalos. Escribiendo las cartas de los Reyes, eligiendo la letra que mejor les pegara en plan manuscrito, planeando dónde dejar el carbón para que fuera lo primero que vieran y que por lo menos tuvieran un momento de arrepentimiento y no quedaran cegados con tanto regalo que vedría después.

Y esas fotos de mamás orgullosas, y ese trasnocho, y ese levantarse con el ojo pegado a las 7 de la mañana....





No, si es que las Reinas somos las Madres. Ñaaaa!




miércoles, 2 de enero de 2008

Los Amigos

Brillaba el sol en la A4, paré a comerme un bocadillo y a enviar un sms urgente. Había recorrido 330 kilómetros y, por variar, me di cuenta de algo importante: me había dejado el abrigo en casa. Esas cosas. Llegué a Córdoba y hacía sol todavía, y aunque el invierno no perdona, una es "apañá" y nunca falta el amigo, en este caso, amiga, que te deja un chal. Ésa fue Maider, que según Nicolás se llama como spaider, y lo pronunciaba como "mader" (que viene de mother, of course).


Maider es la chica de Alberto, y los dos, los papás de Mateo. No los veía desde hacía... ¿dos años? tal vez tres. Y llegaron tan lindos, tan sonrientes y con bebé baboso, precioso, y tranquilote, como me gustan a mí, con siete meses, personitas con la autonomía suficiente para no estresar al personal. Como llegaron también los de Mallorca, la preciosa Stephanie y el guapísimo Sheahan (que se duerme con mis post, SÍ, SHEAHAN ADMÍTELOOOOOO, ZZZZZZZZ), con la incomprensible y curiosamente políglota Aira y Lucie, la bebé más coqueta que conozco; Ainhoa y Alejandro con Tuba (sí, es una perra, pero para ellos es un bebé), y los Tres Solteros de Oro: Nuestro Emilio del alma y anfitrión del Melero, Chus (padre de mis criaturas, Alicia y Nicolás) y yo (madre de mis criaturas y dueña en custodia también compartida de Braulio). Ay, Los Amigos. La vida, queridos, ha ido pasando y el recuento de los años y los días los hacen los churumbeles y las mascotas: que si Braulio tiene diez años ya (que madre mía, son 70, ¿70? en serio? "pero le sigue gustando jugar a la pelota"), que qué fuerte que Nicolás tenga cinco y qué mayor es ya, " ¿de dónde ha sacado esa escalera? no, si al final hasta montará la famosa tienda de campaña con las cinco piedras y los tres palitos ".



-Si Tuba se los deja!





Amigos, esto es una carta pública, tal vez una pendejada, un soberano aburrimiento para esos "lectores habituales" que suelen dejar comentarios en mis humildes post. Pero es que las pendejadas tienen que dejarse ver también y ustedes tienen que saber que los quiero mucho. Sheahan, si quieres, ya puedes dormirte porque lo que sigue es puro sentimiento.


La nochevieja del 2007, cuando subí a acostar a Nicolás y se veían los fuegos artificiales allá abajo, en esa Córdoba de naranjos y sol y fresquito, la misma en la que me fui a la cama sin despedirme y de hecho me quedé dormida y Steph me despertó y nos dimos un abrazo de feliz año, me quedé pensando en ustedes, lloré (sí, soy una cursi, pero eso también lo consiguen los ginlemmon). No tenía boli y no era plan de bajar a buscar uno cuando todos estaban partiéndose de risa quién sabe porqué. Hice recuento de todos los que estábamos y de los ausentes y me dí cuenta de que no hemos dejado de ser. Eso es bonito. Uno se da abrazos en el momento de las uvas ( o el día anterior, como con Alberto y Maider), pero en el fondo no se lo dice todo. O por lo menos eso me pasa a mí. Yo no les dije que los quiero en el alma, con el corazón, que es hermoso ver el paso del tiempo en nuestros hijos y no sentirlo en los silencios cómodos o en las risas que todavía nos echamos. Mucho Cuenca, Bolonia, La Bolsa 10, Granada, Piñeirón, Ávila y todos los demás sitios donde hemos estado juntos unos y otros, tremendamente felices o tremendamente tristes (en mi caso, por lo menos), pero faltaba decirles que los quiero. Los quiero, muchísimo.

(Los Amigos en El Melero, el 31 de diciembre. Maider estaba colocando su cámara y no llegó para sentarse junto a su hombretón)