lunes, 25 de febrero de 2008

Juno, preciosa y favorita esposa de Zeus

Yo tenía ganas de ver Juno, pero el detonante fue el post de Slim, que además de llenarme de optimismo, me enterneció por la música y la opinión sobre la peli. El sábado me di mi homenaje particular de cine, ahora que he aprendido a ir sola, con mis clinex preparados y sin complejos por la previsible llorera de emoción, como efectivamente ocurrió. Sí señoras y señores lloro en las pelis como una auténtica pendeja. Lloro por ternura, por emoción, por complicidad, por envidia, etc, etc, etc. ¿Y cómo coño quieren que no llore con esa preciosidad de personaje? ¿Y con ese atleta desgarbado, novio atembado calcado de la realidad? ¿y esa madrastra coraje y su marido padrazo encantador? ¿y ese pedazo de treintañero? ¿EHHHHHHHHHH? por ternura, envidia y, por supuesto, complicidad, porque eso de los pantalones cortos y dorados, ¿qué mente calenturienta no lo habrá pensado?

No pienso despedazar la película ni encumbrarla ahora que por lo visto le han dado el óscar al mejor guión (thanks, Contrastes por mantenerme informada de las cuestiones artísticas), yo no sirvo para ponerme así. Yo hablo desde la emoción que me produjo la peli. Porque esa niña "rara" me recordó a MOS y a mí cuendo teníamos 16 y hablábamos de música que no conocían las fans de New Kids on the Block. Niñas raras. Ésa Juno es una preciosidad de mujer inocente y tremendamente lista. Lástima no poder poner aquí la definición de las chicas "raras" que en realidad le gustan al cachas de su clase, esas de zapatos planos... Ay, qué converses más bonitas lleva Juno, y esas sudaderitas... Ay, si es que yo podría ser su madre si hubiera sido como ella, pero qué le vamos a hacer, una sigue sintiendo que su cara es tan suavecita como lo fue en aquellos tiempos, hasta que aparece el treintañero de turno y le devuelve a la realidad de saber de qué va la vida, y entonces esa conversación de Juno con su padre antes del momento TIC TAC de naranja (por cierto, qué ricos son) hace que una llore como una auténtica gi-li-po-llas en la sala, y el novio de la parejita de adelante no se aguante las ganas de observarme con "estupor" cuando se encendien las luces. Será que mi estilo de sorberme los mocos, tan fina yo, logré desconcertarle. ¿Quién llora en una COMEDIA? Pues las que nos emocionamos con el humor de una sobrada de la vida de 16. Esa Juno...




(Slim, te copio, pero es que... esa banda sonora...)

miércoles, 20 de febrero de 2008

Inauguración del Ave Madrid - Barcelona

Las cosas son así. "Puede ser que mañana esconda mi voz por hacerlo a mi manera" y hete aquí que me estoy quedando callada en mi vida cotidiana, ésta que transcurre en la pequeña ciudad de provincia, cuerpo a cuerpo, y es que mi voz sale escrita en este blog o vía telefónica. Sólo. No es que no hable, es que no me comunico. Y tengo rabia. "Puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera", y mi bandera es de muchos colores, porque mi rabia cambia de tonos mientras yo me vuelvo invisible. De tan transparente, invisible. Y no quiero desaparecer. "Hay tanto idiota ahí fuera".

Me han prestado esta foto hoy y me dijeron que tenía que adivinar si la vía sube o baja, como la vida misma. Me ha encantado el juego. Y es que es la vida misma. Tengo un nudito en la garganta que tiende a soltarse , porque no soy de las que se atraganta con nudos marineros porque lo mío nunca ha sido el mar. Perdónenme, queridos lectores lejanos, desconocidos en su gran mayoría, y tan necesitados en su totalidad, pero voy a coger el teléfono y a llamar a un fulanito cualquiera. Sálvese quién pueda del silencio y de las vías de tren que sólo tienen un único sentido. Qué grande eres Vetusto! (los entrecomillados son tuyos, por supuesto).

(Y la foto tuya, Quique, lque conste)

sábado, 16 de febrero de 2008

"Mamá, Braulio es nuestro pirata"



Y yo tenía dos títulos para este post, para la primera parte de este post: " A Braulio le gusta la velocidad", por la foto que aparece aquí abajo, y "Braulio aulla", por su extraño comportamiento de las dos últimas semanas. Pero hoy las cosas se han, digamos, precipitado, de ahí el cambio de título.




Como si se tratara del aviso de una desastre natural, mi canino estaba extraño. Después de todo un día en Gilgarcía (donde tengo la obra), paseando libremente, ladrándole a las vacas y ligando con la tekel pelirroja del señor de la parcela de al lado, volvíamos a casa los dos, pero él, en lugar de echarse a dormir por cansancio en su camita, se quedaba a mi lado. O en la escalera, o en medio del pasillo. Y aullaba. Y me despertaba de golpe y con la piel de gallina, muerta de miedo. Un aullido en plena noche de un Braulio que en la vida ha hecho eso. Será que la tekel está en celo, será que alguna perra vecina está en celo. "Son achaques", me dijo ayer la mamá de una amiguita de Nicolás que es veterinaria (la mamá). Los westies y sus rarezas, ya se sabe. Pero el mío, mi westy, estaba buscando demasiado amor, y a mí esas cosas me extrañan. Y me asustan, porque empiezo a pensar en que tal vez le pase algo, que esa sensación de falta de afecto viene por algo, que tal vez es que está enfermándose, que se va a morir. Me and my movies.





Entonces lo estaba observando más, con otros ojos, más llenos de ternura por mi viejito de cuerpo admirado por la peluquera canina. Estaba disfrutando, a mi manera, tampoco flipemos, con hacerle cariñitos por más tiempo, con hablarle otra vez con ese tono de voz estúpido que reservaba sólo para la intimidad de "su familia", es decir, mi ex y yo. Y con verle la cara de felicidad (sí, los perros tienen gestos) que ponía cuando llegábamos al pueblo y yo reducía marchas, y le bajaba la ventanilla y él sacaba casi todo su cuerpo para sentir el aire en su hocico. Disfrutaba enternecida y con miedo, hacía las fotos, pensaba en el post, lo posponía. Y sin embargo hoy.





Hoy hice una salida bastante desafortunada que duró poco menos de una hora. Pero volví a casa con mis niños dispuesta a estrenar por la tarde la cometa que me traje de Bretaña hace seis años, solita, a mi bolita, con mis niños y mi perro . Pero el aire que movía las cometas de esta mañana había abierto la puertecita mal cerrada de mi patio y el Braulio se había escapado.





"Mamá, Braulio es nuestro pirata", me dijo Nicolás cuando se despertó de la siesta tres horas después de que apareciera Braulio en la puerta del garaje. Me preguntó por el perro, que ya había salido del quirófano, sin ojo. Y siguió explicándome un rato después que " es que los humanos tenemos los ojos con dos tubos que se meten a la cabeza, y claro, los perros no tienen los dos tubos, sino uno solo que hace trtrtrtrtrtrt, y sabes qué, que si te atropella un coche, quiero decir, un todoterreno, como a Braulio, pues se te cae el ojo y se te ven los tubos".





Yo pienso, a estas alturas del día, sin un mililitro de cafeina en vena y agotada entre otras cosas por haber llorado dos horas casi seguidas, que el gran error fue que no pude evitar que los niños vieran lo que yo apenas fui capaz de mirar y todavía me duele. Alicia analizó cada tono de color que resaltaba en el pelo blanquísimo que rodeaba el ojo izquierdo de su perro. Y se comío toda su comidita y el postre con juicio. Nicolás se fue verde a dormir y ahora, mientras cenaba, me reconoció que le dolía la tripa por haber visto a Braulio así. Sin eufemismo, sin "es que está malito", no. No, no vale de nada. Admitió que esta noche iba soñar que se le caía un ojo porque le encanta el cuerpo humano (¡¡¡¡!!!!)





Braulio ya está en casa de su amo, mañana, cuando los niños se vayan, vuelve a la mía. Estamos descartando la hipótesis del atropello porque sólo tiene una gran mancha en el lomo, ni un golpe, ni un raspón, ni cojea, ni ná. No sabemos si lo atacó otro perro, él con su complejo de rotwailer podría haber provocado a quien fuera, pero no tiene desgarros significativos. Sólo sabemos que por llegar a casa con su ojito colgando, por quedarse tuerto, el pobre canino mío, eso sí, con el párpado cosido, muy coquetón en el fondo, hemos descubierto que tiene un grave problema cardíaco y un edema pulmonar que nada tienen que ver con el supuesto accidente. Pastillita debajo de la lengua hasta que la muerte nos separe. Me lo estaba advirtiendo, mis películas no eran tan de ficción como yo pensaba.





(Llegando al pueblo, cara al viento, desde el interior)

(Llegando al pueblo, cara al viento, desde fuera)

jueves, 14 de febrero de 2008

El piano de la abuela ana

Esta mañana escuché por segunda vez la versión de Cigarretes and Chococlate Milk que el mismo autor, Rufus Wainwright, ha hecho en instrumental con violines como voz y la melodía tan sencillita de fondo en piano. Hubo un momento, Puerto de Villatoro arriba, que me sonaron las notas de ese piano como las del piano de mi abuela. Recordé de repente el color de las teclas de la derecha del teclado (síiiii, no tengo ni idea de si son las graves o las otras, qué más da, esto sale al ritmo de la canción en youtube) y hasta su olor.

El piano de la casa de la abuela Ana, doña Anita Velilla, mi abuela paterna, me fascinaba. A mí y creo que a toda la familia. Cuando tenía once años me entró la neura porque yo quería aprender a tocarlo, entonces mi prima C.I., la mayor, se animó a enseñarme, y recuerdo que los sábados por la mañana, con ese sol y ese calorcito del Medellín de aquellos años 80, eran una delicia. No aprendí un carajo, aunque con toda mi cara hice invitaciones y senté a buena parte de la familia a ver mi debut (me and my movies). Eso no se aprende así como así, como mis tías, las cinco (aunque nunca supe si la Sor sabe tocarlo, ¿lo has hecho alguna vez, Sor?) que se sentaron ahí desde chiquitas. Ni a ella ni a la abuela las vi tocarlo. Mis tías.

Recuerdo las teclas amarillentas, las de la izquierda estaban más blancas. Recuerdo su textura, y su sonido. El piano de la Abuela Ana sonaba lindo. Sonaba a esas mañanas de sol. A mi Tía Chis que dejaba de fregar las baldosas amarillas y rojas o de regar las plantas frondosísimas de los patios,o de dedicarse a la política, y se ponía a tocar música que no he escuchado nunca más, ni en Radio2 Clásica, tan pesadito que es mi padrecito con ella. Y recuerdo también que se ponían ella y mi tía Ester, Tey, a tocar a cuatro manos, o con Sofi... con su peculiar manera de llevar el ritmo de la música (¡!). ¿Rut tocaba el piano? ... Todavía me emociono. Mis tías.


Recuerdo mucho ese piano, y el sonido de la maderita donde se apoyan las partituras cuando se plegaba, y hasta las letras de la marca, aunque no la marca. ¿Me lo dirás, Perico de los Palotes? Y hasta recuerdo el peso de la tapa cuando tenía que cerrarlo, y el miedo que me daba que mi pillara los dedos. El piano negro de la casa de la Abuela Ana. El piano. Me emociono.

(Una de las pianistas habituales)

lunes, 11 de febrero de 2008

"Sálvese quien pueda"

" Puedo volver

puedo callar

puedo forzar la realidad

puedo doler

puedo arrasar

puedo sentir que no doy más

puedo escurrir

puedo pasar

puedo fingir que me da igual

puedo incidir

puedo escapar

puedo partirme y negociar la otra mitad

puedo romper

puedo olvidar

puede comerme la ansiedad

puedo salir

puedo girar

puedo ser fácil de engañar

puedo joder

puedo encantar

puedo llamarte sin hablar

puedo vencer

puedo palmar

puedo saber que sin vosotros duele más

Puede ser que mañana esconda mi voz por hacerlo a mi manera,

hay tanto idiota ahí fuera.

Puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera

sálvese quien pueda

Puedo torcer

puedo lanzar

puedo perderme en la obviedad

puedo servir

puedo cansar

puedo saber que sin vosotros duele más.

Puede ser que mañana esconda mi voz por hacerlo a mi manera,

hay tanto idiota ahí fuera.

Puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera

sálvese quien pueda".

(La cantan ellos, hacer click es opcional)

miércoles, 6 de febrero de 2008

Post de postes

Porque es así: o escribo de golpe, o me paro en medio de una frase, me atasco y no publico. Entonces mi carpeta de borradores se llena de post no natos. Pobrecitos. Ni los releo, pero eran historias.












Y como hace días que no escribo ná de ná y me pasan mis cositas, pues he decidido escribir el post de posts, o de postes, que suena menos guiri. Podría dedicarle un solo post a las travesuras del veinteañero, que el sábado amaneció "arrestado", como me dijo B. cuando me llamó a contarme de manera confusa que tenía que presentarme en comisaría, que él no estaba detenido, que no, que sólo hasta las dos de la mañana, que no lo regañara más y que menos mal a su amiga Marta ya la había dejado en casa. ¿Marta? si, Marta, es su nombre autético, sí, una dominicana de moral distraida (¿se puede llamar así a las putas?) con la que se estaba tomando unos rones. Ay! B. ¿Alcoholemia? ¿y sin carnet? ¿Y dónde coño se había metido N. (que no Nicolás) que le había soltado el veinteañero?Por lo menos ya me alegró el lunes, cuando llegué a la obra y me dijo "Niña guapa, ¿así es que me quería ver?", y sí, claro, por supuesto: por fin se había cortado ese afro tipo once 8 once teñido de negro y se le veían las canas blancas blanquísimas que lo harán triunfar entre la colonia latina de esta pequeña ciudad de provincia. En fin, que esa es una historia. Como la de Tomi, freaky de las casas, muros y hasta tejado de piedra. Sin cemento, o muy poco, que no se vea. Que me llevó en su L200 más sucia que mi Hiluxión por caminos de barro Peña Negra arriba a ver su curriculum en forma de cercados, pajares y casitas con encanto. Mientras tanto se estaba poniendo el sol y la niebla bajaba por la montaña. Qué luz, qué paisaje, ¡quiero saltar en parapente ya! O también podría rendirle a AA, amor platónico que cité en el post anterior, su merecido homenaje por haberme hecho feliz la semana pasada reconociéndome que podría haber sido su primera novia y que qué pendejos fuimos. Tan lindo, y ahora va a ser papá. Los amores en silencio, correspondidos, pero admitidos con el tiempo también merecen un post. Pero. Esas cosas.












Así que ahora estoy aquí sentada, en mi sofá beige, después de sufrir lo mío con esto de haberme metido en el gran embolado de ser constructora sin tener ni idea, regando la baba con mi "mentor" y lo mucho que sabe y las ganas que tengo de ser como él cuando sea grande. Estoy aquí, con mi manta de Ubaté, tan rica, con gafas y pijama nuevo sin chorrete, todavía es pronto, de Colacao, viendo Anatomía de Grey, fiel a Anatomía de Grey, y con el portátil en las piernas.



Dice Meredith en sueños nada más empezar el capítulo de hoy: "Escógeme, elígeme, quiéreme". Yo por ahora me tomo el jarabe con juicio.



(Paisaje minimalista desde el coche, qué chula es la niebla)