jueves, 14 de febrero de 2008

El piano de la abuela ana

Esta mañana escuché por segunda vez la versión de Cigarretes and Chococlate Milk que el mismo autor, Rufus Wainwright, ha hecho en instrumental con violines como voz y la melodía tan sencillita de fondo en piano. Hubo un momento, Puerto de Villatoro arriba, que me sonaron las notas de ese piano como las del piano de mi abuela. Recordé de repente el color de las teclas de la derecha del teclado (síiiii, no tengo ni idea de si son las graves o las otras, qué más da, esto sale al ritmo de la canción en youtube) y hasta su olor.

El piano de la casa de la abuela Ana, doña Anita Velilla, mi abuela paterna, me fascinaba. A mí y creo que a toda la familia. Cuando tenía once años me entró la neura porque yo quería aprender a tocarlo, entonces mi prima C.I., la mayor, se animó a enseñarme, y recuerdo que los sábados por la mañana, con ese sol y ese calorcito del Medellín de aquellos años 80, eran una delicia. No aprendí un carajo, aunque con toda mi cara hice invitaciones y senté a buena parte de la familia a ver mi debut (me and my movies). Eso no se aprende así como así, como mis tías, las cinco (aunque nunca supe si la Sor sabe tocarlo, ¿lo has hecho alguna vez, Sor?) que se sentaron ahí desde chiquitas. Ni a ella ni a la abuela las vi tocarlo. Mis tías.

Recuerdo las teclas amarillentas, las de la izquierda estaban más blancas. Recuerdo su textura, y su sonido. El piano de la Abuela Ana sonaba lindo. Sonaba a esas mañanas de sol. A mi Tía Chis que dejaba de fregar las baldosas amarillas y rojas o de regar las plantas frondosísimas de los patios,o de dedicarse a la política, y se ponía a tocar música que no he escuchado nunca más, ni en Radio2 Clásica, tan pesadito que es mi padrecito con ella. Y recuerdo también que se ponían ella y mi tía Ester, Tey, a tocar a cuatro manos, o con Sofi... con su peculiar manera de llevar el ritmo de la música (¡!). ¿Rut tocaba el piano? ... Todavía me emociono. Mis tías.


Recuerdo mucho ese piano, y el sonido de la maderita donde se apoyan las partituras cuando se plegaba, y hasta las letras de la marca, aunque no la marca. ¿Me lo dirás, Perico de los Palotes? Y hasta recuerdo el peso de la tapa cuando tenía que cerrarlo, y el miedo que me daba que mi pillara los dedos. El piano negro de la casa de la Abuela Ana. El piano. Me emociono.

(Una de las pianistas habituales)

3 comentarios:

errante dijo...

Te entiendo. Yo aporreaba el piano de lo más parecido a una abuela que he tenido nunca. Encima del piano, además del metrónomo, había un busto de Beethoven... y ella, siempre sonriendo, decía: menos mal que Beethoven es sordo...

La Semana Fantástica dijo...

Qué gusta da cuando escribes tus recuerdos, Pi. A veces pienso que pasaba los sábados por la tarde jugando contigo en Medialuna.

La dueña de la casa dijo...

Cuando llovía y eso era por las tardes-noches, durante el invierno, y un rayo caía tan cerca al transformador que la luz se iba, y quedaba oscuro, los Chiquitos quedábamos tiesos del susto,hasta que sonaba el piano de tu abuela y era Chiz, tu tía, con una romanza de Mozart (TARAN-TARARÁN-TARARÁN-TATÁN-TARÁN- con el bis consabido) que nos volvía el alma al cuerpo.EL PIANO DE TU ABUELA NOS ILUMINABA POR DENTRO...