domingo, 27 de abril de 2008

No es un lunes cualquiera

Es 28 de abril. Y esa fecha lleva sonando toda mi vida con un sonido distinto. Ningún 28 suena igual al de abril, al del cerocuatro, al del setentaycuatro. Y yo sólo "acierto" a recordar uno en el que un chaparrón inmenso cayó sobre Medellín y Medialuna y solo sé que llovía y que yo, tan linda con mis ocho añitos recién cumplidos me mojé el uniforme del colegio con la bandera que me acababa de ganar por buena conducta.



Suena The time we took, de Tindersticks, y una se inspira, porque lleva toda la tarde pensando que no había tema para el post del domingo. Oh! tremenda obligación moral actualizar al Cardhu. Cardhu: no quiero que te mueras. Y por eso te alimento de pendejadas.



Hace cuatro años cumplí treinta y fue como un antes y un después de mi vida. No me dí cuenta hasta pasados unos meses, pero todo empezó ahí. Cuando cumplí treinta, el 28 de abril dejó de sonar como siempre había sonado, porque, a pesar de haber nacido Nicolás en mayo del 2002, ya no era yo el centro de esa fecha. La razón: dos días antes había recibido mi regalo de cumpleaños: Alicia. Y, sonaba más bonito el 26. Con aquella bolita en los brazos, todos los que estaban a mi alrededor se olvidaron de mi cumpleaños, y fue curioso, porque a mi me dio más o menos igual. A estas alturas de la maternidad llego a la conclusión de que ha sido precisamente ella la que me ha hecho interiorizar, digamos, el día de mi cumple para sacarlo "de la vida mundana". Ahora es como si tuviera en mi cabeza el papelito de agenda diaria pintado en colorines, pero sólo en mi cabeza. Es un día en el que ya es tontería pedir mi comida preferida, que nadie me haga enfadar, que sea yo la reina del universo, para quedarme, mejor, como la Reina de mi Reino. Y suena más bonito, y sonrío, porque realmente una ya es mayor, y es ridículo esperar que todos los que estén a tu alrededor escuchen el 28 de abril con el sonido que lo escuchas tú, aunque para tí suene realmente bonito.



Hoy cumplo 34. Y he terminado el año 34 de mi vida hablando del amor. Más o menos de amor.Tres certezas tengo en este momento: una conversación de jueves y vino y un par de lágrimas, la cautela y el vértigo.



Y que soy feliz. Extrañamente feliz. Esa es el bonus track.


(Qué guays eran aquellas zapatillas...)

martes, 22 de abril de 2008

Y sin embargo

Confiada y pendeja. Ingenua y de nuevo confiada. Nos miran, nos señalan, inlcuso nos espían, nos persiguen, nos denuncian. Somos los últimos en enterarnos.





Y sin embargo.






Nos guiñan un ojo, sonreímos, no era nada, al final nos echamos unas risas. En singular. Porque estas historias dignas de contar a los nietos como las más frikis de su pobre abuela, son cosa de una sola. Que en realidad, las más divertidas son las de dos, y esta, la de hoy, mejor no publicarla por patética.





Atasco en la pequeña ciudad de provincia

(de lo mejor del día)

domingo, 20 de abril de 2008

Medialuna, plano de planta

Mi papá nació aquí. O allí. Lo digo por la casa de la foto. Mi papá nació allí y a mí me llevaron cuando tenía un año. Viví nueve. Me contaron que la construyó mi abuelo, por allá en el treinta y algo, y siempre me sorprendió que no tuviera ni una grieta en sus paredes. Y eso que en Medellín temblaba la tierra, incluso recuerdo una tarde en que vi venir el coche de Germán Botero por la carretera mientras ésta se movía. Tal vez no era el coche de Germán, tal vez no se movía tanto el asfalto como lo recuerdo, pero aquella tarde la tierra tembló, yo estaba jugando con mi prima Ana en su casa y a Medialuna no le salió ni una grieta. Nunca. Por lo menos en aquellos nueve años.


La fachada de Medialuna es linda y la condición es que viva quien viva en ella tiene que ser de la familia y pintar las puertas, las ventanas y los pilares del corredor en azul. En mi época, la entrada principal era la puerta de la derecha, allí estaba la sala con la tele y los sofás donde yo veía Cosmos con mi papá las mañanas de los sábados. Y donde me tumbaba a tomarme el bibe (sí, hasta muy vieja tomé aguapanelita en mi "tetero toteado" de rosca negra y con tetina rota que mi mamá se negaba a cambiarme por motivos obvios), con mi cobija de peces, cuando entraba el sol. Algún día hablaré de mi cobija de peces. A la derecha de la sala de la tele estaba la "pieza" de mis papás, y, en galería, la de mi hermana y yo, donde está la otra puerta que daba al corredor. Después, también en galería pero dando ya la vuelta para formar el cuadrado de la planta de la casa, seguía "La Ropería", donde había un escritorio donde mi hermana hacía las tareas y donde me respondió la pregunta de qué es hacer el amor. De ahí , de frente, se pasaba a la "Pieza de Rut", mi linda tía Rut que cuando venía nos regalaba los lápices de ojos que ya no le cabían en el sacapuntas.


La Pieza de Rut daba, por su izquierda, a Medellín al fondo del valle, y a su derecha, al comedor, o a la sala de la chimenea, que en tiempos de mi papá había sido un patio al más puro estilo casa colonial. Tenía las baldosas rojas y negras, como las del corredor. Y al otro lado de aquel antiguo patio, estaba el baño y la cocina, completando el cuadrado, al que solo le faltaba, en su extremo izquierdo mirando como miraba Rut cuando se levantaba de la siesta, la última habitación de Medialuna: la Pieza de los Orillos.


Según la RAE orillo es, entre otras cosas el "rasgo horizontal que suelen llevar por adorno los trazos rectos de las letras", pero mis papás, muy dados en ponerle otros nombres a las cosas, se referirían a las orillas de los troncos, mejor dicho, a que la pieza de los orilllos estaba forrada de madera rústica rústica, casi que con la corteza del árbol. Junto a esta habitación había otra puerta que salía al Lavadero y al patio, y en el patio estaba El Instituto. Y debajo del Instituto estaba el Sótano 1 y debajo de la Pieza de Rut, el Sótano 2.


Medialuna era, en mis tiempos, pura fantasía, una casa repleta de casas para jugar mil cosas. En cada habitación tenía yo un mundo, y en los dos sótanos, en las chocitas que mi papá me montaba en la manga (césped) y debajo de los balazos (las plantas de hojas grandes que salen en la foto y que creo que aquí se llaman ostilla de adán), en la antigua casa del perro, camino de la quebrada, en la parte de las guaduas, en fin.


A mí de Medialuna me encantaba el suelo de madera sin las pijadas que se usan aquí, pero que resistía al tiempo. Y las paredes blancas, encaladas, con textura suave pero perfil sinuoso. Y el pasiajes, los atradecer desde Medialuna, Medellín atardeciendo, los arreboles rosados y rojos y amarillos, y las lucecitas de la ciudad, y la salida de la luna, y las estrellas que se veían, y los eucaliptos con el viento, las hojitas volando, y la música que sonaba y que le ponía banda sonora a mis juegos. Esa casita paisa da para mucho, y tal vez por eso es que le prometí a Nicolás y a Alicia, (pero no se lo he dicho, por si las moscas), que ya han estado allí, que algún día escribiría los "Cuentos de Medialuna", que no serían más que mis juegos escritos.


Por ahora, un plano de situación, una simple localización para mis películas de infancia.

En mis tiempos era así

domingo, 13 de abril de 2008

Su primer cuento

La mamá (no es un retrato de la suya) tirando el robot a la basura, y el niño (no es un autoretrato) con un super robot de mil brazos.


"Tengo un rovot en los armarios y en los coches y se me an rotos y me que quiero compar uno nuevos".



martes, 8 de abril de 2008

Sentencias

"Me encantan los burritos negros.... aunque eso sea una vaca", dijo un urbanita mientras paseaba en coche por los caminos de tierra de la Sierra de la Paramera.

" Mamáaaaaaaaaaaaaaa, ¿por qué no se pueden pisar los charcos si sólo son agua?", preguntó Nicolás en medio de la lluvia.

En fin. Yo sólo sé que he sido capaz de mirar una serpiente bajándose de una piedra. No me encogí ni de hombros ni de piernas. No, no la miré a los ojos, no. Y tampoco tuve miedo. Iba en coche (yo, por supuesto) y no me bajé hasta el pueblo más cercano. Se acerca el buen tiempo, y con él mi estrés por trabajar en el campo, se despiertan los bichos. Es lo que tiene.