martes, 29 de julio de 2008

Vacaciones

Vacaciones es salir del patio al coche en el que apenas quepo y marearme y vomitar como no lo hacía desde que era pequeño. Joven, quiero decir.

Vacaciones es sentir que se reducen las marchas y que de repente se abre la puerta y los seis churumbeles asoman y me llaman y distraen su atención, por fin, hacia sus primos. Vacaciones es arrastrarme panza abajo en la hierba fresca de Tierras Altas, y rebozarme en la tierra negra gallega y dejar torcida una de las plantas de la Tía Cris. Y meter el hozico en los agujeros de los topos (¿cómo serán los topos?¿verán como yo? ¿menos?¿más?), y que de mi blanco impecable sólo me quede el lomo. "Braulio con botas", dijo Nicolás.
Vacaciones es ver menos de lo que puedo porque de mis "cejas" penden bolitas de tierra y no puedo apartarlas. Y escuchar a los mastines de las casas vecinas, y retarlos a ritmo de ladrido, y no conseguir comerme la pastilla de valeriana que mi ama quiso enchufarme para que dejara de hacerlo, y esquivarla del agua donde cayó y no terminó de fundirse. La pastilla. Y mantenerme despierto, acechante.
Vacaciones es quitarle el hueso al escuincle del cachorro rastreador que huele menos que lo que veo yo. Y enseñarle a gruñir mientras me río por el colmillo izquierdo y le escucho aullar, que no ladrar. No sabe. Pobre pendejo.
Vacaciones es el sabor de ese hueso que me recuerda mi infancia en Lavapiés. Y jugar con el hueso de hilos, digámosle el moño que yo en mis tiempos deshilaché. Vacaciones es desconcectar del patio, de los años, de los achaques, y rejuvencer, con el nuevo amigo. Qué guay.



(Aquí, de paseo, es que hoy se me ha caído la tierra del pelo y entonces...)

(aprende,tío, cómo se deshilacha un moño, ¡pero cui-da-di-to!)

viernes, 18 de julio de 2008

Ciclos

Me enamoré de la Hilux nada más verla de perfil en el taller de Toyota. Me había recorrido todos los concesionarios donde había pick up y ninguna me convencía hasta que vi la de Toyota y encargué la mía. Mi Hiluxión Verde. Se tardó cuatro meses y medio en llegar de su Sudáfrica "natal" y cuando lo hizo mi vida estaba tambaleándose.
Suena ridículo, digámosle frívolo, demostrar tanto cariño por un todoterreno aparatoso y poco, poquisimo, económico. Pero qué le voy a hacer si soy una sentimental que la reconoce a ella como protagonista de excepción en un ciclo muy importante de mi vida.
La Hiluxión fue mi primer coche en condiciones, un capricho en toda regla, desde el modelo (yo no quería una furgoneta para las obras, yo quería una pick up), y la quería cómoda por dentro, no con asientos como bancos como los que tenía la L200 de Mitsubishi, y con Mp3, y bonita, sobre todo bonita, con ese morro nada agresivo del que me enamoré.
Fue la primera de su generación que recorrió la N110, y por eso me hizo reconocible por los pueblitos por los que pasaba habitualmente. Me volvió localizable. Y me la llevé a las Hurdes, y después a Pamplona, a Uterga, a Bilbao, Santander, O'Grove, Mos y Baiona, a Bilbao, Córdoba, Almería, Cariñena, y por supuesto a Madrid, donde se sentía como un monstruo todopoderoso pero que estorbaba. Mi Hiluxión era mi casa que se movía. No he concebido los viajes durante todo este tiempo si no es con ella, como si de mi sofá beige se tratara, viajes como los que organizaba con mis muñecas debajo de la mesa del estudio de mi papá en Medialuna, viajes que parecían mudanzas, viajes sin maletero, maletas en el asiento del copiloto, la máquina de coser, los niños, el perro. La Hiluxión y su sonido de tractor cuando arrancaba, la Hiluxión dando botes descubriendo pueblos de vistas hermosas y acceso difícil. La Hiluxión portadora de butacas de "vertedero" rural, la Hiluxión con vigas como peinetas, la Hiluxión respingona por el palé de cemento, y los ladrillos que se cayeron, y los sobrinos que jugaron a que era un barco, y las sobrinas que la lavaron para llevarse una paga, y Nicolás que aprendió a dibujarla el primero y Braulio, que se despeinaba al viento y saltaba desde la caja, perro burgués de asiento trasero. Y los copilotos, y la música, y las lágrimas, y las confidencias. Y los post.
Mi Hiluxión se ha quedado poniéndose guapa en el taller de K. Yo le decía hoy a K. que la venda fuera de esta pqueña ciudad de provincia, que no quiero verla en brazos de otra persona. Me dio penita. Mucha penita. Pero otro ciclo comienza, y qué le vamos a hacer, como en el que ella apareció, unos se van, otros que llegan...
Y ya somos mayorcitos para apegarnos tanto. La Ilusión continúa.

(108358 kilometros de Hiluxión, y ninguno más)

Ya lo siento por no corregir las repeticiones.

domingo, 13 de julio de 2008

La cosecha

El granizo del viernes arruinó mi cosecha de acelgas y brócoli. No, no es cierto. Esa mañana rocié con insecticida de andar por casa los gusanos asquerosos, verdes, hambrientos que estaban devorando las hojas del brócoli. Podían verse claramente las marcas de sus mandíbulas. Todo por culpa de las moscas.
Pero eso no es lo importante.
El viernes cayó un granizo furioso y hoy, en cambio brilla el sol y corre aire demasiado fresco y el paisaje apetece. Hoy he vuelto a escuchar música en mi salón, por los altavoces, como Dios manda, tumbada en mi sofá beige, ése en el que apenas quepo, que el verde es demasiado grande . Porque una mano caritativa se encargó de los cables. Y de la música. Y ahora, heme aquí, sin la mano caritativa, balanceándome mientras escucho.
Nía se tumbó en la hierba sin miedo a los bichos, ella no le tiene miedo a los bichos, como yo. Se tumbó con su vestido fresquito y con vuelo (le gustaba dar vueltas para ver cómo volaba sobre los rodillas) y sin miedo de mancharlo de verde. "Eso sale", solía decirse.
Ella tenía la facilidad de desprenderse de sus miedos injustificados y de tumbarse a contar nubes, y a, como cantaba la canción, sentir cómo los insectos le pasaban por encima y le rozaban el vestido y el hombro con sus alas. Y cerraba los ojos, se reía cuando abría los ojos deslumbrada por el sol y veía todo azul, pensaba que si en aquel preciso instante apareciera él le llamaría Príncipe Azul, por razones obvias. Esas cosas no pasaban. Que la gente fuera azul. Le gustaba sentir la brisa en la piel, le gustaba oir el murmullo de las hojas de los chopos, y si su vida fuera una película, pensaba, era el momento preciso para que sonara alguna canción intimista, de esas que también le gustaban y que tenían una letra acorde con su vida en aquel instante. Instante. "Su vida en aquel instante". Nía sonreía a las nubes cuando pensaba con frases categóricas.

Le daba rabia, si es que es rabia esa pereza, esa desilusión que provoca tener que volver a lo cotidiano, tener que levantarse en algún momento de allí, tener que irse, tener que ponerse de pie, tener que abrigarse, tener que escuchar el final de de su banda sonora. Y es que da rabia, pero queda feo repetir y repetir la misma canción durante mucho tiempo. Pero hay que aguantarse la rabia, se dijo, y después de remolonear, sentir el fresquito de la hierba, sentir que le traspasaba la batista, que le llegaba a la piel, escuchó cómo poco a poco Sunshine de Sparklehorse dejaba de sonar entre insectitos voladores de esos que a ella no le daban grima, se levantó y se fue.
Qué puta envidia me da Nía.





Que quede constancia que también el granizo...

lunes, 7 de julio de 2008

Come o no hay blog

Me preguntó Nicolás el otro día:


- Mamá, ¿no te gusta el Cardhu?


Yo, flipada, le respondí la verdad, "pues no, Nicolás". Comenzamos entonces a conversar sobre el Cardhu, ya no el whisky sino mi blog, que si era como un libro donde yo escribía mis cositas, y donde ponía las fotos que hacía, etc. etc. etc.


Los que no conocen a Nicolás en persona "se pierden" una de sus principales virtudes, y es que el hombre habla demasiado. Y a lo que tiene que contar le añade a veces una buena dosis de imaginación y cabezonería que es resulta seguir, y lo peor es que el exige que le sigas y no pierdas detalle, porque es que además, retiene. Total que yo le dije alguna vez, Nico, cuando aprendas a leer y a escribir mejor escribes todo eso y nos dejas un poquito en paz.
No sé qué le ha pasadoal churumbel que ayer estaba animado y me dijo que quería escribir lo que le había pasado, y yo, emocionada de mí, le propuse hacer un blog. Se emocionó, tanto que hoy el peor castigo si no se comía todo era quitarle el blog.

Él ha elegido el nombre, la descripción, los colores, la plantilla, yo sólo he preguntado cuando tenía que preguntar y he sido su secretaria cuando me ha dictado su primer post. Sobre sus gustos... digamos que fue un "robado", yo sólo le pregunté y él me dijo qué le gustaba. Tal vez no me dicte todo lo que querría contarme de carrerilla, pero es que él también tiene su propio criterio a la hora de redactar, y de hecho no ha querido explayarse con la historia del choque de un coche (verídica) que apenas nombra. Yo sólo pretendo limitarme a escribi con buena ortografía manteniendo las palabras en las que se equivoca y que son reflejo de su personalidad , lo mismo que sus tiempos verbales y poco más.tal vez la imagen de la cabecera necesite un cambio. Ya irá creciendo.

Para todos ustedes el blog de Nicolás, La Tonta Piscina.

domingo, 6 de julio de 2008

00:00



Cuando tenía 11 años me gustaba llamar al teléfono de información horaria a las 12 en punto de la noche. Quería coincidir con la voz grabada justo en el momento de escucharla decir "son las 0 horas o minutos" .



También me gustaba sentarme a ver el atradecer en Medialuna mirando Medellín y esperando el momento preciso de ver encenderse las luces de las calles. Todavía hoy me emociona esa tontería de ver apagarse las farolas al amanecer de la ciudad donde me encuentre, o el momento en el que se encienden: primero amarillas, después blancas. Son movimientos imperceptibles.



No sé, acabo de mirar el relojito del ordenador justo a las 00:00 y creí que se me había estropeado. A veces se pierde la capacidad de sorpresa y por eso empecé a escribir esto. En fin.


(La foto es una caca, por pequeña, pero la imagen es lo más cercano a mi recuerdo)

jueves, 3 de julio de 2008

Orgullo patrio

A veces siento que ya no me ata nada más a Colombia que pura nostalgia de familia y recuerdos. Que realmente pertenezco más a España que al país en el que nací, que apenas lo conozco físicamente, y no sé nada de su realidad. Sin embargo ayer se me revolvió el orgullo patrio con la liberación de Ingrid B. y me dió ternura mi país. Mi País. Ya no me acuerdo de mi número de cédula de ciudadanía, nunca he actualizado mi pasaporte y no visito las páginas de sus periódicos. Siento que, mientras viví allí, pasé sin darme cuenta por realidades que no me interesaba conocer y a duras penas puedo contar "cosas" cuando me preguntan sobre loq eu se supone que ocurría en aquellos años. Cuando volví hace tres años ya estaba Carrefour. Ya poco era como lo recordaba, ya Bogotá, y mucho menos Medellín, eran mías.
Pero ayer se me puso la piel de gallina, la sonrisa y la lágrima en los ojos. Fue Colombia solita la que salvó a sus secuestrados, sin pilotos ni servicios secretos americanos. Con-dos-co-jo-nes (y perdón familia por la palabra). Eso hace ilusión. Seguro que habrá por ahí datos de los que por supuesto no me he enterado, pero a mí que quiten esa cosquillita que siento en el alma y que me reconcilia con el sitio donde nací. Lo de tener sangre de dos países es bonito.

martes, 1 de julio de 2008

Cambio de tema



Sparklehorse - Don't take my sunshine away