martes, 26 de agosto de 2008

Las entrañas de un lavavajillas

Tengo una sonrisa de lo más estúpida y el corazón me palpita a no sé cuántas revoluciones por minuto porque HE ARREGLADO EL LAVAVAJILLAS. Y he aquí que ha sido todo un arrebato de esos de chica tauro, sí, César, de vaca tozuda en su bella y desordenada pradera, Sunnion, de escapista ante las emociones y crisis y etcéteras, Contrastes. Un arrebato de esos que TIENEN que durar poco porque sino me aburro, un reto finito y más le vale que controlable, que si no... otro año, tal vez dos, sin llamar a un servicio técnico. Porque señoras y señores: paso de los servicios técnicos, de que un viejo pendejo me coja el teléfono y me diga algo así como "es que si no lo veo no sé qué es o si lo puedo arreglar", y yo, de vestido de tirantes y zaatillas look obra, sin calcetines, coleta y destornillador en ristre, le digo, vale, no importa. Sí, destornillador que no cuchillo, caja de herramientas en condiciones, fregona y trapitos, sí, señor, que ya una con 34 es capaz hasta de desatornillar las dos chapas y volverlas a colocar sin que sobres tornillos y casi que volcar el lavavajillas sin brutalidad, y descubrir un taponcito en el sumidero del fregadero, y desconectar para no electrocutarse y meter la manito bonita en el atasco asqueroso, corriendo el riesgo de que se fundiera por la sosa cáustica. Sí, COÑO, QUE ESTOY EMOCIONADA! QUE SÍ! QUE ME LLAMES McGYVIER QUE SUENA BONITO!!!

(Ahí!)

Yo no conocía a Jeff Buckley

Y entonces fue durante estos días de silencio, de pies en la tierra y manos lejos del teclado que descubrí el utilitario que suplantó la Hiluxión, y más carreteras, y más música. Mis días de silencio se llenaron de música, mientras la luna se eclipsó por sopresa (no me había enterado de ello) y yo me quedé sin la foto de los converses polvorientas y de mil colores que quería colgar en un post no nato, ni siquiera escrito, sobre el puente del 15. Pero me dio igual. El silencio es lo que tiene, que se enreda en otras cosas, y entre neura y neura, derribos, impagos y Campsa que te trajo, llegó el jueves 21, y la carretera de Salamanca, el cambio de planes, los puentes sobre el Tormes y Jeff, que qué cosas aprende una con un piloto con buena conversación, de esos que se saben la letra y la historia, que una casi temina emocionándose porque el artista que suena se murió muy joven. O tal vez por el contexto. Nunca se sabe.



(El contexto)





martes, 5 de agosto de 2008

El simpático pastorcillo

Cuando conocí a Gonzalo, ya acababa de parar para beber agua de la fuente mientras pensaba en qué carajo escribía en el blog. Él estaba buscando la sombra detrás de unos piornos. Un pastor como de dibujitos, con su camisa a cuadros y zurrón. Me llamó la atención la hebilla de su bolso. Es curioso, porque un par de horas antes, en el mismo sitio, se me atravesó una oveja esquilada y con el rabo medio marrón medio blanco, no gris, miti y miti. Era de él. 

El hombre muy simpático. Se acercó y empezó a preguntar, digamos interrogarme por mi vida. Me puso 18. Se agradece, pero es de risa. Y me preguntó mi nombre.

-Pilar

- Qué bonito nombre, me recuerda a una canción que decía "Ya no te llamas María, ni Carmela, ni Pilar, que te llamas mujer caía o como te queramos llamar.

-Uy!

-Y tú cuántos años me pones?

- PUes no sé, Gonzalo, la gente mayor engaña mucho... (¿¿¿cómo coño se sale de esa???)

-Pues 74, guapa. Y soy viudo.

- Ah, y desde hace cuánto?

 - Mucho, 9 años. Yo debí juntrame con alguna, pero no lo he hecho. Estar solo es muy malo.

Y siguió preguntándome por mi vida sentimental, y yo, como soy pendeja, le respondía la verdad con total inocencia.

- ¡¡uea!!!¡¡¡¡ cushu!!!! ¡¡¡¡cabra, cusu!!!!

- ¡...!

- Se me escapa la cabra. Tengo trescientas ovejas. Pero de qué me sirve el dinero si no tengo hijos a quién dejárselo, eh?

- Ya.

Pasaron unos lugareños. Y Gonzalo, mientras tanto buscó la sombra de mi coche, y me dijo que esperara a que pasaran. Yo flipé.

-Pue syo te digo que no te faltaría nada si te quedas conmigo.

- ¡...!

- Tú necesitas un hombre.

- ¡¡¡¡¡¡...!!!!!!

- Y yo ya tengo hecha la "apóstata" y la mujer no se queda. 

- ¡Uy, Gonzalo, qué dice! cómo se le ocurre.

- Ahora la única manera de ligar es pagando.

-Oiga, Gonzalo, que yo me llamo Pilar, que no soy una mujer caía!

-No, si se te ve que no eres una mujer interesada. No tienes 34.

- Que si.

- No tienes hijos.

- Que sí.

- En todo caso si quieres pasarlo bien un momento, metes el coche por allí  -señaló hacia sus ovejas- y estamos un rato.

 - Déjelo, Gonzalo -le dije mientras me reía y me despedía - ya lo saludaré desde el coche cuando pase por aquí.

Y me vine a casa. 


(Gonzalo y, al fondo, sus ovejas. Sí, se dejó hacer una foto antes de las proposiciones indecentes)

Tal vez le llamen el encantador de ovejas, jijijiji

domingo, 3 de agosto de 2008

Veinte líneas

Acabo de volver de la casa de C. y, en la carretera de las culebras, casi atropello un jabalí.

En el camino de ida y vuelta a la casa de M.H., en cambio, no ha habido novedades, salvo que ya no iba en la Hiluxión, como hace un año y pico, cuando fui por primera vez. Aquella tarde de primavera, tal vez principios del verano, no recuerdo exactamente, entré por primera vez después de seis años de curiosidad por verla, y tuve esa rara y poco frecuente sensación de saber que no querría irme. El poder de las casas. La casa de C. y la de M.H. tienen un aire. Y sus vidas. Cada uno a su manera. La vida es curiosa, este post es críptico, y ya estoy aburrida de que todo lo que he escrito hoy se haya ido a la papelera. No salen las palabras.


(En la casa de M.H. el estilismo está presente hasta en las ratoneras, una monada)