domingo, 3 de agosto de 2008

Veinte líneas

Acabo de volver de la casa de C. y, en la carretera de las culebras, casi atropello un jabalí.

En el camino de ida y vuelta a la casa de M.H., en cambio, no ha habido novedades, salvo que ya no iba en la Hiluxión, como hace un año y pico, cuando fui por primera vez. Aquella tarde de primavera, tal vez principios del verano, no recuerdo exactamente, entré por primera vez después de seis años de curiosidad por verla, y tuve esa rara y poco frecuente sensación de saber que no querría irme. El poder de las casas. La casa de C. y la de M.H. tienen un aire. Y sus vidas. Cada uno a su manera. La vida es curiosa, este post es críptico, y ya estoy aburrida de que todo lo que he escrito hoy se haya ido a la papelera. No salen las palabras.


(En la casa de M.H. el estilismo está presente hasta en las ratoneras, una monada)

4 comentarios:

38 grados dijo...

Cuando las palabras no salen, mejor dejarlas castigadas en el cajón, que otro día ya saldrán más ordenaditas.

Un beso y muy cucas las ratorenas, si señora.

Otro beso.

Para, creo que voy a vomitar dijo...

Habrá encantadores de Jabalís? Lo digo para que les enseñen a no cruzar peligrosamente :)

Pi dijo...

Para!!!! qué alegría leerte!!! escurioso que digas lo de los encantadores de jabalíes.... por ahí se rumorea que el de perros está cañón... jejejejej Desde luego si los hay, que los habrá, olerán a piorno y retama, que al fin y al cabo creo que es lo mismo, pero ponen igual, jejejejej.

Musaranya dijo...

Wow, pues yo lo he visto mu sencillito y bien escrito, mujer... será que eres mu crítica (o que los que no tenemos talento para esto de la ejcritura somos más facilmente impresionables :)
Un saludín, pí!