sábado, 27 de diciembre de 2008

Desintoxicación y cambio de perspectivas

O de cómo convertir la pinza de un buey de mar en el pico del loro más guay de Tierras Altas. Los silencios, los kilómetros, la nieve y el calendario sientan bien.

Tukytuky cantando Belle, de Jack Jonhson

domingo, 7 de diciembre de 2008

"Me gustás más ahora, con la mirada más triste y las mejillas más chupadas. Me gustás más aunque mantengás, todavía, hay cosas que no cambian, el vicio de escarbar en tus propios cajones llenos de cajitas y bolsitas donde clasificás, con criteros que sólo vos sabés, las historias que has vivido, o las que se quedaron al margen. Me gustás más, aunque ya no se te vayan las manos con aquella Parker negra que te regalé una tarde de paseo solitario por Madrid, aunque ya no la llevés en ristre, como decís vos, ni me amenacés con sacarla. Hay cosas que no cambian a pesar del bisturí, de los años y las penas, y me gustás porque seguís saliendo mal en las fotos y bien en los recuerdos, y porque seguís en aquella pecera de la te habló algún día de verano el Pintor, sí, ese que del que hace un rato, me contaste, te acabás de encontrar en par de fotos que te hizo con inocentes y regordertes veinte años. La pecera a través de la que te vemos, y que bueno, a veces pierde agua. Pedile un retrato, que tal vez te saque bonita, o por lo menos como te veía en aquel entonces, aunque te parezca un abuso mi consejo. Y decile que te perdone los silencios, incluso las omisiones, y hacé lo mismo con los de la caja que acabás de sacudir, que nunca es tarde. Acuérdese pues: "Es normal que la sensación de estar vivo necesite toda una vida para ser asimilada sin poner cara de estupefacción total frente a un espejo", dijo Santi. Cómo me gustás ahora."

martes, 2 de diciembre de 2008

Sin título

Aquella mañana, Nía abrió los ojos y vio que había nevado.
Nía amaba los días de sol aunque aquello sonara pedante, más bien cursi y lo amara todo el mundo. Nía cursi, pedante y del montón. Le habría gustado, y de hecho lo hizo, salir al porche y empezar a caminar. caminar sin vestido vaporoso de esos que se ponía en verano, sin mariposas que la rondaran cual Mauricio Babilonia, sin ser amarillas, ni siquiera polillas y perdón por la rima. Salir y caminar, y caminar, y cuando llegara al final del camino de tierra que llevaba a su casa, seguir caminando , casi flotando, como le pasaba en los sueños recurrentes que tenía desde pequeña, y volar. Incluso volar precipicios abajo, pero con abrigo, que Nía sabía que podía resfriarse.





(Lo importante es la canción, no el vídeo)