martes, 8 de diciembre de 2009

La dignidad del cazador

Braulio era un buen tipo. Desde hace más o menos un año, la crisis, el cambio de custodia y la edad nos etsabn convirtiendo en una extraña pareja en la que él, claramente, ejercía de marido. Si los niños estaban chinchándose, riéndose a carcajadas o jugando en la bañera, él me buscaba por toda la casa y se ponía a ladrar invitándome a subir a donde estaba el problema: "¿has visto lo que hacen tus hijos? diles algo, diles algo", parece que me decía. Después tenía sus momentos de pedir amor, siempre a la misma hora, y se ponía a mi lado, me buscaba la mano y se metía debajo de ella a ver si empezaba a acariciarle. Me despertaba muchas mañanas subiéndose a la cama con un pato de goma descabezado y moviendo la cola, y roncaba, todas las noches roncaba, dormía con la boca abierta, soñana que ladraba y, últimamente, que aullaba. Y cuando yo no estaba se tumbaba en mi almohada. Mi marido Braulio, mi hijo mayor.

Cuando perdió el ojo le descubrieron que tenía una insuficiencia respiratoria y otra cardíaca, que sólo le funcionaba medio corazón y que por eso lo tenía enorme. Se quedó tuerto y medicado de por vida. Y sin embargo, a pesar de sus achaques, el tipo volvía a su juventud cuando veía una pelota. ¿y la pelota, brauli?, y se ponía nervioso. No desperdiciaba la mínima para escaparse por el campo y darme sustos de muerte por sus desapariciones entre matorrales y piedras. La última vez estuvo desaparecido durante más de una hora por quién sabe dónde, y yo, desesperada después de rastrear por los pueblos vecinos y de preguntarles a los lugareños por un perro blanco, pijo y melenudo, ya daba por hecho que se había quedado atascada en alguna trampa de cazador, o que una vaca lo había pisado, yo qué sé. apareció como si nada, y por supuesto no me veía bien a la distancia desde donde yo lo llamaba....

Braulio.

El Braulio se murió ayer con toda la dignidad de un perro con complejo de rotwailler y cazador por genética (una vez mató a un ratoncillo de campo y otra se comió una lagartija). Conoció a Jack, el conejo de mis sobrinos, ayer por la tarde, y pasó, supongo, sus últimas horas planeando cómo cazarlo. Corrieron por el jardín sin que ninguno se agotara, pero se hizo de noche y corriendo detrás de Jack, Braulio se cayó a la piscina. Entre la lluvia que caía, el ruido que teníamos dentro de casa y la oscuridad, ninguno nos dimos cuenta de que el perro no lograba llegar a las escalera para salir. Y se ahogó.
Lo encontré flotando hacia las diez de la noche extrañada de que no entrara a casa para dormir.

Esta mañana le hicimos una tumba, le clavamos una cruz de madera, le pusimos una flor y le rezamos un jesusito para que sea feliz en el cielo de las mascotas.

Una de los últimos momentos familiares de mi Braulio la semana pasada

viernes, 27 de noviembre de 2009

Sabio Callejero Abulense

Banda sonora para una posible Guía Musical de las Mejores Calles de España.


Frase embobadas, y lindas, a cargo de La Bien Querida.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Redacción: cuando todo se pone a favor




"Osho" S. me enseñó sus cartas. Y me las regaló. Con una bonita dedicatoria. La fe es así, te mueves como el famoso péndulo en distintas formas, de Dios a la India, pasando por el Zen y el I Ching, y no pasa nada, confías. No, no se nos va la o. Hay gente que cree.
Después de 13 años uno se reencuentra con la gente que debe reencontrarse, gente que se hace 600km para conversar hasta las seis de la mañana y compartir contigo la emoción de volver al pie del árbol donde enterró la placenta de su segunda hija. Ávila, el paisaje, el aire. Conversaciones sobre derrotas tremendamente prosaicas y tópicas a pesar de dolorosas. Finales para no volver a levantar la cabeza, ruina de imperios, búsquedas infructuosas, tumbos, autocaravanas y masaje shiatsu. Vidas en paralelo y la tierra que llama. Como base, como centro, como estabilidad, como empresa, como futuro, como regalo. Y la frase que no se dijo: una y no más, y la que concluimos, que es mi momento, y también el tuyo, por supuesto.


martes, 3 de noviembre de 2009

Stay out of trouble

Yo, cargada de kleenex dispuesta a rebozarme en el drama de mi vida, me encontré de repente con la otra Pi que estaba tremendamente a gusto en el esperado contexto. Me puse a conversar con ella y llegamos a la conclusión de que el regalo estaba resultando más que un homenaje, un momento de Felicidad, algo mucho más profundo de lo que simplemente aparentaba al principio de la noche.
Cuando escuché la frase aquella de "every day there's a boy (girl) in the mirror asking me what are you doing here?, finding all my previous motives,growing increasingly unclear", la miré a los ojos y le dije: ejqueesverdá, se acabó la etapa Pequeña Ciudad de Provincia. Me vuelvo a Madrid.




One, two,
One, two.

I walked around for hours,
two ten pence pieces in my hand.
I was alone and freezing,
still trying hard to understand you.

I left the others knowing
I had to work this by myself.
But now the feeling's growing,
I would be better off with their help.

So baby, what we've got,
has lately,
not been enough,
not been enough.

I wish I had your scarf still,
that once embraced,
and kept me warm.
I wish you could be with me,
in these last days when I am still hopelessly poor.

Stay out of trouble,
stay in touch.
Try not to think about me too much.


martes, 20 de octubre de 2009

Las ganas que no se van

Y entonces uno sigue, y sigue, y sigue, y pregunta al I Ching, y se ríe sin creerlo, y sin embargo persevera y tal vez alcance.

domingo, 11 de octubre de 2009

sábado, 10 de octubre de 2009

La felicidad y los regalos

Un día de este raro verano, vino Q. y me trajo el regalo de la foto. Me hizo tanta ilusión como si a una pija le regalan un buitón de última temporada. Fuí feliz haciendo la foto, y comiéndome esos tomates como si fueran manzanas, a mordiscos, con sal... huum.


(sí, para los del chiste fácil, el pepino también estaba muy rico)


El otro día, ya entrado el otoño, recibí un SMS desde las aceras barcelonesas con un regalo sparklehorsiano. El nuevo disco de Gryzzly Bear. Fui feliz leyendo el mensaje. Ready, able. De verdad.




Me resulta inevitable no pensar en quien me hace un regalo como estos, cuando suenan las canciones, o miro las fotos (si los regalos son además de entrañables, comestibles). Regalos intangibles. Conexiones. Futuros recuerdos.


A mí también me gustaría que me recordaran cuando escuchan un regalo que hago (qué frase más mal redactada, pero hoy no doy para más).

lunes, 5 de octubre de 2009

Cambio de planes

Me acabo de encontrar esta foto. Me gusta. Era feliz.
Pero no pasa nada.



(Colándonos en el pajar de los titiriteros)

viernes, 2 de octubre de 2009

No me gusta el Cardhu, desde 1974


Hoy me he sentido como el protagonista de Blade Runner mientras me decía: "he visto ponerse el sol no más allá de los anillos de saturno, pero sí reflejado en el retrovisor mientras tenía la luna llena de frente", y no hice fotos. Me sentí cual Tom York claustrofóbico persiguiendo la raya blanca de la carretera con las cortas puestas. LA foto salió movida.
Hoy eme he sentido querida, "sólo faltas tú", me dijo mi nueva compi de trabajo.
Me he mareado conduciendo. Será la gripe. Y se me han saltado las lágrimas viendo la presentación de Madrid.

Hoy me sentido como si fuera el día de mi cumpleaños.

***

Ayer recibí esta foto de regalo.






Son: Herralde y Andrés Neuman (en la moto) y Alan Pauls al fondo. Por unos cuantos detalles hemos llegado a la conclusión, Fantástico y yo, que se la hicieron en Segovia hace dos años, en el Hay Festival.

Puede que ese par de días fueran unos de los más felices de mi vida, por esas razones extrañas que uno no sabe precisar, pero que marcan. Gracias a esos días entre escritores y libros, recuperé la chispita de escribir, pero esta vez, me propuse, con la intención de mantener el hábito, de ser constante, saliera lo que saliera, y dejarlo leer. Tal fue la noche del día de la foto en la que Pauls me invitó a un ginlemmon, y él se tomó un Cardhu.

A mí no me gusta el Cardhu, pero ahora cada vez que entro a un bar, miro en las repisas si hay alguna botella. Así nació este blog, como un propósito de año nuevo, de fin de verano o para salir de un desamor. Y sigue vivo. El exhibicionismo ejloquetiene. Me veo en él y tal vez peca de transparente, hasta he publicado una foto de mi cara. Es la necesidad de decir algo, de dejar constancia, de soltarlo, de explotarlo. Hago balance y veo a Nía y me gusta (sí, sin modestia alguna lo reconozco). Me gusta que saliera del escondite. Me gustan las aceras barcelonesas y la constancia de su historia, por si alguien se siente identificado. Y todo lo que el Hombre que Callaba Demasiado ha inspirado y no lo sabe, y tal vez sea lo más bonito. Me gusta Mi Cardhu, y los pocos que lo leen, porque al fin y al cabo (y aquí todos los blogueros somos recurrentes) le dan sentido a este hábito exhibicionista al cien por cien. Que levante la mano el que no quiere que lo lean. Yo levanto la mano porque no quiero que me entiendan.
En fin.





(Cardhu sospechoso en algún bar de Ávila)



(Cuando sea mayor: "Waiting for you to embrace me, ohohohoh)




miércoles, 30 de septiembre de 2009

Comienzo a sospechar...

... de mi ojo izquierdo. Parece que ayer se tragó otra lentilla.
Comienzo a sospechar incluso de mí, que hoy me he sentido bien sin demasiado sentido. Tal vez uno de los pocos días del año en que no he tenido ganas de llorar por algo. Es raro. Nada excepcional ha ocurrido. Todo sigue más o menos en el mismo sitio, en el mismo punto de la crisis, y sin embargo hoy tenido esa rara, sospechosa sensación de bienestar que no te la da el amor, sino las sorpresas, pero en ese caso dura poco, o yo-qué-sé.

Ahora que me acuerdo, las Nosoträsh tenían una canción que empezaba así "rara sensación........."


martes, 29 de septiembre de 2009

Estilismo

Pffffffffffffffff.
Es imprescindible un cambio de post.


Ya.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Casarse en 1999

Parece un año gafado. Efecto Y2K con margen de error.
Hoy me he enterado de que a mi amiga M. "la ha dejado de querer" su marido. El padre de sus dos hijas. El motivo de su amor, de que dejara una vida más o menos prometedora y se viniera a ser ama de casa a esta Pequeña Ciudad de Provincia. Le dijo que hasta ahí había llegado dos días antes de su décimo aniversario. "Antes de empezar a desgastaros, antes de que todo empeore y empiecen las broncas", dijo. Adios.

M. va por la calle con unas gafas que le tapan media cara y a pesar de todo se le nota que ha llorado. Que no para, a pesar de los ansiolíticos.

- Lo que tú y yo necesitamos - me dijo también- es un par de negros, tú sabes porqué te digo eso.

- Si eres capaz de decir eso es que van a durar poco los ansiolíticos.

- No, te lo digo porque estoy drogada.

Y me río, porque me alegra que no haya perdido el sentido del humor. Es buena señal. Y sin embargo me duele verla así. Me revuelve el alma imaginarme el agujero que debe sentir en el estómago cuando se acuerda que se acabó, que no se explica cómo, que nunca se pudo imaginar que el amor se acabara, que su amor, el de él, se acabara, que concibiera la vida sin ella, que TIENE que concebir la vida sin él, que su proyecto de familia se fue a la mierda, que no se puede hacer nada.

Me rompe el corazón y me acuerdo de la canción de Cristina y los Subterráneos, y de cómo la ponía de banda sonora de mi vida en aquellos tiempos en los que yo viví lo mismo. Me apetece abrazar a M. y decirle que ya pasará, pero cómo le evitas pasar por todo el dolor que hay que pasar, por ver las estanterías del salón medio vacías, y por ver aquella mudanza a medias, y a dormir siempre en el mismo lado de la cama, teniéndola toda para ti. Y cómo le dices que vaya concluyendo ya, rapidito, que estaba más sola de lo que pensaba, que al final no hay mal que por bien no venga, que no es, que nunca ha sido una mujer frágil, que su proyecto sólo ha cambiado de estrategia, que ahora es una familia "rara", que volverá a sentirse tal vez más guapa que nunca, más mirada que nunca, más capaz que nunca. Ella, reina de su reino y de su vida, con sus princesas.

Y cómo le dices también que escarmiente, que el amor es finito, que nos vendieron motos, que los niños ven Pokemon y las niñas Cenicienta. Pero que no decaiga, que siga creyendo, que el amor debe, tiene que ser otra cosa, aunque te de miedo, aunque vuelvas a llorar, aunque vuelvas a extrañar. Que todo son ciclos, a pesar de que una y su cuerpo madura y envejece de forma lineal, sin tregua, sin prisa, sin pausa. Que ya llegará el momento de cogerle la mano al partner mientras duerme, de comprender en qué momento es cuándo ronca, de escuchar sus ruiditos de la tripa y sus silencios. Que ya llegará, y que entonces reconocerá que tiene miedo, de que la quieran, porque no se fía, de querer, porque duele, porque el amor es finito, porque es lindo, pero duele.

Sólo ella y sólo el tiempo.
En fin. Mi amiga M.
Yo me casé el último día del invierno de 1999.







domingo, 20 de septiembre de 2009

Corto y pego

Para leer en forma interrogativa

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos alfelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.

Julio Cortázar

sábado, 19 de septiembre de 2009

Karaokes caninos

La noche del viernes terminé bailando. Lo de la media que no fue tanto de ribera lo dejamos estar. Me censuro.
Esta noche he conocido a un danés que me gusta y me pone. Danés virtual, por supuesto. Todo en mi vida es virtual. Conocí al danés gracias a A.U., mi primer amor con converse y gafas que aun conserva mis cartas. Es curioso: los que guardan tus cartas son quien menos lo esperas. Se agradece, sin embargo. Cuando esté en el cielo miraré para abajo y me sorprenderé con la cantidad de viejitos que estarán releyendo mis cartas de bucles musicales. Aunque como hoy he visto que la esperanza de vida de las mjeres colombianas es de 75 años, tal vez yo aguante mucho más que ellos. Españoles de ¿mala vida? No. Los españoles no guardan mis cartas. Por eso tengo un blog. Ni lo leen. Mejor.
A U. vive en NY y me sorpende la mujer tan bonita que tiene y los gustos musicales. Mis fetichismos están por algo.
El danés me ha dicho que baile a su ritmo. Me gusta el ritmo. Y me ha hecho pensar, mientras estaba en ello, en El Hombre que Callaba Demasiado, que no tiene gafas de pasta, pero sí converse y vans y vespa y esos topicazos que hace 17 años, en la época de A.U. y mis primeras converse, tenían más gracia, y eran, tal vez, más guays. Pero sin embargo, una sucumbe sin complejos y sin censura a pensar en aquel Hombre de la Papelería que con gusto, tal vez, me vería bailar allí mismo con el danés mientras le canto mirándole a esos ojos que más bien me ponen nerviosa: " I am thinking too much about you, constantly thinking about you".
Qué cosas tiene la música y el ribera.




Vaya, canta Laika. Que freaky es todo in my life.

lunes, 14 de septiembre de 2009

De todas las cosas que no recuerdo

"De todas las cosas que no recuerdo - le escuchó pensar- me gustaría recuperar aquella canción que sonaba aquella noche y que te dije que eras tú.

Y las estelas de los aviones cuando estábamos tumbados en la nieve.
Y el primer beso.
El nombre de tu perfume y el sonido de tu tacto.
Y más.

De todas las cosas que no recuerdo - le escuchó repetir casi concluyendo-".


jueves, 10 de septiembre de 2009

lunes, 31 de agosto de 2009

La buseta

Hace unos cuantos días que hablo mucho con 23. El otro día le pregunté por su niño preadolescente y me dijo:

- Bien, pero tiene que aprender a ir más en buseta.
- Si, por supuesto, no sea que se le presente la mujer de su vida en una y él ni se entere.
- Claro - me respondió 23, y yo hasta creí escucharle ese acento bogotano con aquella voz que me enamoró precisamente en una buseta cuando yo tenía 15.

En aquellas busetas pulgosas (sí, alguna vez ví una pulga subiendo por la falda de paño de una señora) y tercer mundistas unos cuántos elegidos vivimos grandes historias. Me permito la licencia de idealizar. Para los que no tenían que coger la buseta porque vivían cerca del colegio, nosotros éramos valientes, mayores, básicamente. Y a una le daba un vuelco el corazón cuando podía compatir la media horita de recorrido con alguno de aquellos chicos "interesantes", como ella, por supuesto, que vivían en otros barrios. En Bogotá la sensación de dispersión me encantaba. Era una ciudad donde las casualidades eran probables, tal vez porque todo era improvisación. En aquellos tiempos (no sé si en los de ahora) no había paradas, así que todo dependía de la suerte de que el conductor parara cuando uno hacía señal para que parara.
Bogotá. Así conocí a 23. Llamémosle G.
Ayer me dijo que no se imagina de ningún sitio que no fuera Bogotá.
Y te voy contar, G., sin pudor alguno, si es que mi falta de pudor es comprensible, que paso de explicar que en las busetas hablaba con JC y que todo parecía bonito, perfecto y divertido, unos pocos elegidos para salirnos de todo lo que considerábamos... no sé.
Adolescentes.

Me acuerdo, G, que por vos aprendí a ver ese color del atardecer en Bogotá, el azul nocturno, los pronósticos que anunciaban tormenta, la Ciudad de la Furia de Soda, todo. Y lo eché de menos, al azul y a usted, (y a mis veinte películas más, promiscua escritora de cartas que se conservan, dicen), cuando me vine a España. Se me quedó Nagore metido en la cabeza, ya ves, ayer te contaba que escribiste sobre él, cómo fumaba, el humo... me imagino un sofá orejero, un pobre pendejo geminiano que se escurre y deja que todo se escape. Pobres pendejos exploradores de tierras lejanas, militares o expertos oradores. Se escapó.
"Me verás caer.... sobre terrazas desiertas... sabrás ocultarme bien y desaparecer entre la niebla". Fueron tiempos de eclipses en el cono sur, de viajes que parecían absurdos, de Lunas Rojas, y de estudiantes de literatura que parecían salidas de la cabeza de Sábato. Esas historias no se vivían aquí. Y me callé. Mejor así. Nos habríamos perdido nuestras charlas nocturnas veinte años después y las certezas sobre lo que pudo ser. Lindo que guardes las cartas. Yo también.







martes, 18 de agosto de 2009

El mantel de México

Hoy he desayunado en el patio. Con el mantel de María Celedonia, recuerdo de Chichen Itzá, el favorito de Nicolás, y también de Alicia. Hay cosas absurdas en mi vida, y una de ellas es haberme ido a México en plena separación con toda la familia de mi ex, y mi ex. No me arrepiento. Yo viví el viaje a mi manera, y me traje de recuerdo una jarrita de latón con florecitas chiquitas verdes, un cojín bordado de colorines y el mantel de María Celedonia. Me acuerdo que me crucé con ella entre las pirámides de Chichen Itzá, yo recordando el episodio de Barrio Sésamo versión latinoamericana en que salían las pirámides y me emocionaba, y ella vendiendo sus bordados "artesanales" hechos a máquina. Era una viejita desdentada, muy india y gordita. Me enterneció porque soy así de pendeja, le pregunte su nombre y le compré el individual kitch como él solo. Y no le pregunté por su vida porque yo iba acompañada y no procedía. Me habría gustado, echo de menos que la gente que me cruzo me cuente sus historias, echo de menos hasta al viejo verde de Gonzalo y a Faustina que no para de llorar, y a Bienvenida y Felicísimo, una pareja de la que nunca he hablado en el Cardhu y que me llegó al alma sentaditos tan monos y felizmente casados a sus ochentaitantos delante de su casa de piedra en Las Hurdes. En fin, algún día me volverán las ganas, cogeré el coche, encontraré historias y le echaré aceite de teca a la mesa para que salga bien en las fotos.



domingo, 16 de agosto de 2009

El cencerro y el verde

Viví en Pamplona durante cuatro años. Los de la universidad. Fue mi primer contacto con España. De allí, de aquellos años, conservo a mis mejores amigos, la afición a internet y salí con el que más adelante sería el padre de mis hijos, lo más importante de mi vida. No suelo recordar mucho aquellos años. Estaba gorda y fea, con menos celulitis que ahora, doce kilos más y sin nadie que me tirara los tejos. Una época bonita y rara. Deprimente y entrañable. Extraña.
Ayer, por vueltas de los blogs y el destino volví a escuchar Breaking into Heaven de The Stones Roses, y recordé aquellos años. (...) He borrado varias veces lo que pensaba escribir. No sale.

Eran tiempos raros: R. me regaló un cencerro de vaca con un lazo verde cuando cumplí 20. Por ahí anda la foto del momento de abrir aquel regalo, ahora es Alicia la que se parte de la risa cuando se lo pone de collar y dice que es una vaca.

- "Es que estás como un cencerro", me dijo R., y no sé si yo si debería haberle regalado una cabra a ella directamente. Ay, la Stra. P.

Me gusta esta sensación de recordarlos a todos como algo que todavía sigue ahí (aunque se vayan cinco meses a Buenos Aires, o toda la vida a México o a Barcelona o se quedaran en Pamplona). Siempre nos quedará Madrid. A los 36, Madrid.










jueves, 13 de agosto de 2009

Del ying, el yang, las culebras y las lentillas

Una noche de vinos ficticios le pregunté al I Ching porqué el año pasado no hacía más que ver culebras en la carretera y ahora no me había cruzado con ninguna. Me habló clarito y me dijo:

-Guapa, la situación indica una densa, caótica plenitud. Trueno y lluvia ocupan el aire. Pero el caos va aclarándose (...) lo abismal encuentra finalmente una salida del peligro.

Le doy un sorbo a una cerveza, la primera que me abro para mí, para mí sola, sola en casa. Joe me enseñó a degustar una cerveza el otro día en Tierras Altas, mientras me explicaba un montón de cosas que ninguno de los dos recuerda y mientras yo creía verle el dibujo del sistema digestivo cual libro de biología de cuarto de primaria. Me reí. Me reí mucho aquella noche, cuando también llore, dos segundos, por el Cardhu, lo extrañé de repente, y cuando me di por vencida y sucumbí a recordar que otras veces también me dio la risa tonta, que mis sentidos estaban alertas, que el tacto, por lo menos el tacto, podía vivirse, sentirse de otra manera.

Aquella noche, confesé que tres días antes se me había roto una lentilla en el ojo. Ante el estupor de mi hermana y Joe, sentí la necesidad de tranquilizar al personal y afirmar, casi confirmar, que el otro trocito tendría que haber desaparecido, había desaparecido, de hecho era IMPOSIBLE que siguiera en mi ojo, me dolería, lo tendría irritado, chungo, podrido. Me llevaron a la oftalmóloga, gallega ella, "la conjuntivitis se va, pero puede volver, tal vez sí, tal vez no" (le falto hablar del ying, el yang, I Chin gallego), pero no dijo nada del ripio de lentilla en mi ojo. Todo ok.

Otro sorbo de cerveza, en Ávila a veces hace calor por la noche.

El domingo pasado, veinte días después del episodio, soñé que tenía una pestaña en el ojo, que no podía jugar al REM, que no. Y apareció el trozo de lentilla (ver foto).



Esto, completo, sirve para ver


Le pregunté a mi amigo I Ching, colega de penas y glorias en mi última etapa, con todos los respetos hacia su honda y preciosa sabiduría, que quería decir, fuera de toda lógica, que la lentilla reapareciera en mi ojo, sin haberme causado dolor, infección o legañas, abrió la boca:

- Guapa - me dijo a la luz de la lamparita del estudio- todo hombre debe tener algo a lo cual seguir, algo que le sirva de estrella orientadora. Quien con convicción va en pos de lo bello y lo bueno, podrá sentirse fortalecido por esta sentencia que te estoy colocando. Y de paso, te vas al hexagrama 51 que sinifica Chen, you know, lo suscitativo, que en mi idioma lo interpreto como comenzar, levantarse.

Y brindamos.

Hoy, ha sonado el teléfono y he recordado una canción de The Whitest Boy Alive, que dice algo así como que guay que hayas llamado, pero digo yo que qué pena no poder decírtelo, no está el tema para eso. Sin embargo hoy, y todo desde el humilde estudio que necesita vistas, urgente, veo la vida como comenzando de nuevo, sin culebras en el camino que me obliguen a levantar los pies. Me veo de repente con la lentilla rota en la mano. Chen. Feng, que significa plenitud, y medio mareada, que no tiene traducción en el I Ching y que es lo que pasa cuando una no aguanta ni una miserable cerveza.

Mi vida surrealista de plantas del dinero que se ponen pochas, de carreteras y carreteras que ya no recorro, y palabras y palabras que no digo y canciones que escucho, y que reaparecen. Mi vida. Y más. Un verano raro.
Chin - Chen.



(Mi época grunge me pone sentimental, pero pega, "and yet I figth this battle all alone")

miércoles, 5 de agosto de 2009

De sinvergüenza a forrada

La vida es graciosa. Pensaba empezar a escribir este post diciendo: "necesito una ventana con vistas, y horizonte, urgente", y me desvié del tema por cuestiones que no vienen al caso. Entonces decidí descargar las fotos de la cámara y escribir el post que pensé ayer y por el que hice la foto de aquí abajo, y cuyo principio redacté en mi cabeza así: "La única planta que crece en mi casa es la sinvergüenza", pero como últimamente he tenido comentarios off the blog sobre ese bilingüismo mío, esos términos traídos de mi tierra y que extrañamente conservo a pesar de los años y aquí tienen otro significado, decidí buscar en internet el nombre español de la plantita para traducir y ser universalmente comprendida.
Pero he aquí mi sorpresa cuando descubrí que la Plectranthus Australis es más conocida en este país nada más ni nada menos que como Planta del Dinero, con lo cual, ni post sobre las vistas, ni sobre las sinvergüenzas varias que crecen y habitan en mi casa (sí, había juegos de palabras).
Ahora lo suyo será decir que me voy a forrar porque mi plantica crece que da gusto y además fue regalada y esas cosas. Y no sé, que ha coincidido que he conseguido trabajo y las cosas se van recolocando, pero... no sé. La pondré a prueba, aunque se ha cargado mi post.
En fin.


(Para leer en tono burlón: este rinconcito de mi hogar me gusta)

viernes, 31 de julio de 2009

Me gusta mirar las fotos y recordar lo que pensaba cuando me la hicieron. Aquel sábado de primavera de 2008 cuando Alicia me pidió la cámara y me hizo esta foto, yo sólo pensaba en qué día tan guay, de picnic y cielo azul iba a pasar con mis dos churumbeles. Y todavía estaba todo por pasar.


(Me encantan esas nubes, y esa cara de pendeja)

miércoles, 22 de julio de 2009

Cartografía

Hago mapas. De mentiras* porque no conducen a ningún sitio real, pero mapas al fin y al cabo. Dibujo caminos en mi cabeza y me los imagino de tierra y de repente lisos y perfectos y que se salen del plano y vuelan, y que pasan por encima de las montañas y se parecen a las de las líneas aéreas cuando enseñan sus rutas. Aéreos. Superan la circunferencia, o lo esférico de la tierra, o yo que sé cómo decirlo, cómo describirlos, sólo sé que mis mapas tienen tres dimensiones y se mueven por el mundo y me tranquilizan. Han superado la dimensión milimétrica de mis caricias en la piel, perdón, del lápiz en el papel, y sólo están en mi cabeza. Mis mapas, mis rutas, las carreteras para conducir con música, los caminos de tierra para pedalear al sol, están en mi cabeza, y me tranquilizan. Los veo, los recorro, llego al destino y sólo miro, observo, sonrío, soy feliz porque el destino sigue ahí y no lo toco, no lo recorro, está en el lugar donde yo lo he colocado. Destino de mentiras*, pero destino al fin y al cabo.


(Punto de fuga real, que no de los mapas que dibujo)

* Que no son de verdad. De juguete. De mentiritas. Ayyyy, el bilingüismo....

lunes, 6 de julio de 2009

Ñoñez, ñoñedad o simple ñoñería

Soy ñoña y como tal he de admitir que me enamoré de Oliveira. Ñoña o friki o ambas cosas, o viceversa. Hace muchos años me imaginé dibujándole los labios a Oliveira. Hombre difícil, el menos ñoño, cobarde más bien. Él, apesar de todo. Me releí Rayuela sólo por estar más con Horacio, porque el libro no me bastaba, porque me encantaba el Líder de la Manada por excelencia, porque soy así de pendeja.
En estos días extraños de rara linealidad en mi ánimo, me ha dado por recordar lo que quería del amor. Uno se va perdiendo en la vida y se va enredando en las historias y, al final, se le olvida qué era lo que quería. Yo quería un amor truculento, de esos que duelen y no se curan, se dejan y se retoman, juegan al destino, a encontrarse en una calle cutre o tristona de Buenos Aires, Montevideo o París. Pero me entretuve en optimismos, en amores reales, en compromisos reales, bodas e hijos, trabajos y obligaciones, frustraciones, desamores, fracasos, penas y vueltas a empezar cuando ya no se sabe qué hay que empezar. Tal vez ha llegado el momento de empzar a. Me he encargado de llenar de colorines mi propia vida para llevar mi corazón en ristre, a pesar de saber que ya nada será eterno, que el amor es finito, lineal, temporal y rara vez auténtico. Que ya pa`qué. Tengo nostalgia de mis veinte años agarrada a Rayuela, soñando con jugar el juego del amor y la suerte, del destino que ¡ah! puede que sí te ponga otra vez en mi camino, o, ¡vaya! va a ser que no vuelvo a verte sino en la figura de Talita, y mientras tanto, la vida avanza y uno en el fondo sabe que no habrá nada en el corazón como. Tengo nostalgia porque la vida me ha traído hasta aquí olvidándome de lo que quería, conveciéndome de que era una tontería, improbable, injusto, incluso insensato. El amor. Me cito sin ningún tipo de tristeza: "...cuando ya no se sabe qué hay que empezar".


(No hacía fotos para el Cardhu cuando tenía 20 años)

domingo, 28 de junio de 2009

Calendarios y climatología

Hace noventa y dos días ya era de noche y mi copiloto se bajó del coche, me miró a los ojos después de darme dos besos furtivos en la mejilla mientras conducía y se despidió. Los dos sonreímos, desde el alma, supongo. No lo he vuelto a ver. Principe Pío y todas esas calles repletas de coches estaban iluminadas, atestadas de gente y hacía mucho viento. Y frío. La AEMT se equivocó para esa tarde de primavera en Madrid.
Cuando el copiloto cerró la puerta, se terminó la canción que él venía cantando y medio bailando y siguió la que pongo aquí abajo. Sin tristeza, sin nostalgia, con una leve sonrisa y con esa sensación extraña de quien no sabe que todo de repente va a cambiar, y sin embargo sabe que ha sido medianamente feliz aquella tarde, repetí la canción durante cien kilómetros.
Hoy he caminado sin sombra con mi Braulio cegatón a medio día, bajo el sol, por camino de tierra, entre amapolas, con la cabeza alta sin miedo a las culebras, y hablando sola. Después cayó una tormenta y desde el coche a mi casa, Braulio y yo nos mojamos. Me dio frío.
El clima y su variantes. El calendario y sus variantes. El reloj. Todo relativo. Todo cambia. Si algo he aprendido del I Ching durante estos 92 días que llevamos de conocernos es que todo cambia, no hay movimiento sin calma previa y viceversa, espera sin acción y viceversa. La vida, me la imagino cada vez que abro ese libro, es como una batalla con ejércitos vestidos como los de Xiam, donde importa el cielo, la dirección del viento y cómo sale el sol, o la luna. Una guerra con treguas más o menos duraderas. Cruel, pero atractiva. Satisfactoria si ganas, interesante si pierdes, porque después de las derrotas vienen las victorias, y viceversa. Consuelo de tontos, para resignados. Hoy amanece con sol y por la tarde llueve. Hoy hace noventa y dos días, mañana tal vez sea el día 1, y otra vez. La vida.
(Me gusta la luz que hay encima de los cielos de tormenta)




miércoles, 24 de junio de 2009

Sobre lo fácil, el momento y pasar página

Durante el verano de 2001 me leí la trilogía de Ripley, le perdí el miedo al mar y me puse mi primer bikini. Tal vez no exista relación alguna con que me quedara fascinada por un artista del crimen perfecto y porque la vida, mi vida, de alguna manera se estaba quitando de encima un motón de capas de complejos y predisposiciones que me tenían atascada en el camino, sin embargo recuerdo la sensación que me dejaba pasar las páginas de aquellos libros y ver lo aparentemente sencillo que le resultaba a Ripley hacerse con una nueva identidad, con una vida que no era la suya, etc. etc. etc. Fácil.
Recuerdo que una de esas tardes achicharrantes de Madrid iba paseando con mi amigo Fantástico por la Calle Alameda y le contaba la ilusión que tenía en que todo estaba cambiando, tal vez escribiría sobre decoración, tal vez me pondría de freelance, creía que dejaría de ser negra, quería tener un hijo... Y mientras se lo contaba, se metía conmigo porque me acababa de ganar un par de libros en VIPS, no recuerdo porqué. Tenía suerte. Estaba positiva. Era feliz. Por eso me puse el bikini a pesar de aquellos "gorditos", y me metí en el agua, sin miedo. "¿Usted es de Medellín y tiene miedo?", me preguntaron el otro día, y me dejaron pensando. No no tengo miedo. Soy de Medellín y no tengo miedo, es sólo que no estoy lo suficientemente positiva.
Ahora estoy leyendo "Crónica del Pájaro que da cuerda al mundo", de Murakami, y me está pasando mas o menos lo mismo. Quiero una bicicleta de las de cestita cursi delante. Quiero dejarle el miedo a las bicis. No tiene nada que ver con el libro, pero eso quiero y lo demás es demasiado para explicarlo. En febrero, cuando "esquié" por primera vez, tuve un amago de liberación parecido al del mar, pero no duró demasiado, y ahora, no termino de creerlo, parece que es tarde.
La liberación, lo fácil y el momento. Sólo con energía positiva las cosas parecen fáciles. Lo complicado es coseguir mantener constante el nivel de energía positiva. Que no te pueda, Cardhu, la frustración económica sentimental, que no te pueda el astigmatismo y el dolor de ojos, que no te pueda la celulitis, y el tiempo perdido, la página que pasas, el tiempo que viene, la agenda vacía.
Quiero una bici con cestita delante.

(todavía no he hecho la foto para este post)

lunes, 22 de junio de 2009


Un día de vencejos, Nía se despertó en casa ajena, en cama individual y de visita, volvió a pensar en la espera, en el tiempo, en el paso de, en la primera de las últimas veces, y dejó de mirar al techo. Bocabajo, cerró los ojos de nuevo y, a modo de conclusión, de consuelo o tal vez de jacultoria, se repitió: "esto te pasa todas las mañanas", y ya más tranquila volvió a dormirse, para veinte minutos más tarde repetir la misma operación, en bucle.


(Podría ser el concepto cartoon de idea, pero visto desde abajo)

martes, 16 de junio de 2009

Sobre lo sentimental tirando a cursi y lo subliminal

Mi familia macondiana se quedó en Colombia, pero los que estamos aquí nos hemos traído un... no sé. Este finde he visto a mis primos J. y Ch. Siempre que estoy con ellos me entran ganas de subirme a un coche y recorrer pueblitos del oriente antioqueño y de comer arepa con bandeja paisa  y jugar billar. Ch. me enseñó a jugar billar y ajedrez. J. me recibía en el aeropuerto las veces que iba a Medellín mis veranos de universidad, y de camino a la casa d elas tías paraba en los estaderos de carretera y comíamos arepita y me ponía música. Aquí no hay estaderos, ni llevamos ruana para el frío de Santa Elena, y ponen multas por los positivos. Pero sigue la música y es como si una volviera a sentir el olor de Medialuna y a sentir ganas de jugar con un palito en la fogata, y de ver Medellín atardeciendo y la luna salir y esas cosas. Y J. rescató del olvido en un arranque de nostalgia  una canción que él creía que yo no había escuchado nunca, banda sonora de su vida durante mucho tiempo. La odopto y la cambio de femenino a masculino. Del fondo de mi cabeza salió la letra enterita y la repetimos en bucle cuando nos volvimos a ver el viernes, y hasta soñé con ella. Últimamente mis sueños me resultan sospechosos. 
Esta es la canción, abajo la letra. Una, a veces, de tan sentimental es cursi, pero qué le vamos a hacer una es así con sus tristes y fáciles porqués.



Para encontrarnos luego, en fondo al alma,
Y poco a poco, sin conocernos ya, 
Como el eco de un paso en la calle, 
Se avecina en mi melancolía,
Vieja amiga que siempre me busca a mí 

Y me encuentro aquí 
Con mis tristes y fáciles porqués,
Con las ganas del último café,
Que me sabe a vacío, más cada vez

Y ahora pienso que yo no lo haré más,
Juro de no hacerlo jamás,
Rompo éste vestido, cambio mi destino, 
Salgo al descubierto y al pensar que es cierto 
Grito fuerte y no quiero verla ya más,
Juro no la quiero jamás, 
Ya es momento de cambiar de cara en mis sueños sí

Y es así, que me encuentro a pensar en ti, 
A nuestra historia, que fue sincera solo a medias, 
Me pregunto si todo queda aquí,
Cuanto tiempo he perdido tras de ti,
Y ahora estoy sólo más sólo que nunca

Y ahora pienso que yo no lo haré más,
Juro de no hacerlo jamás,
Rompo este vestido, cambio mi destino, 
Salgo al descubierto y al pensar que es cierto 
Grito fuerte y no quiero verla ya más,
Juro no la quiero jamás,
Ya es momento de cambiar de cara en mis sueños sí

 

lunes, 8 de junio de 2009

Falling in love again!

Después de un día de esos de derroche de concentración para trabajos intelectuales que molan (sí, trabajo, remunerado, intelectual, y mola), me crucé con Pauls en una web de mi país y ¡por fin me he terminado un cuento suyo!, redondo, fluído, guapito, como él, que cómo me gustaba cómo se bebía aquel Cardhu.

sábado, 6 de junio de 2009

La evolución y lo contemplativo

Una mañana de enero me fui con mi mamá a Madrid.  Cuando íbamos por la N110, vimos la imagen de la foto (foto chunga, por variar), unos molinos que sobresalían sobre una nube de esas que parecen derramarse sobre las montañas. Sacó la cámara de mi bolso y sonriendo me dijo: "en estas cosas me recuerdas mucho a tu padre, que se fija en tantos detalles que uno apenas si se da cuenta"...

Hace dos meses mi papá tuvo un "pequeño percance" que le ha dejado, de momento, sin encontrar las palabras que quiere decir y sin mover su mano derecha. 

-Txitán! - me decía cuando era pequeña -  ¿sabes qué es la única cosa que no pueden hacer las manos?

- No - respondía  siempre yo a pesar de conocer la respuesta, y hasta que me ha llegado el momento de hacerle a mis niños la misma pregunta en plan maestra.

- Tocarse el codo del propio brazo.

F., mi papá, pintaba y escribía y se desesperaba con cualquiera de sus Tres Mujeres, como nos llama a mi mamá, mi hermana y a mí,  cuando nos veía torpes haciendo manualidades. Ahora F., con la vida cambiada y en proceso de mejoría a pesar de la fragilidad de su corazón, nos está dando lecciones de confianza, optimismo y de su manera de ver la vida,. F. contempla, no mira, todo a su alrededor, y lo ha hecho desde siempre, aunque apenas ahora lo percibimos nosotras: el mechón de pelo que se le cae a mi mamá sobre la cara, el guisante que se le cae del plato a cualquiera de los nietos, la ficha del puzzle, la puesta de sol, el nido de la gaviota, el color, la luz...

La catarsis que ha supuesto para mi propia vida, viéndome y sintiéndome tan parecida a él en tantas cosas, ha hecho que piense en F. mucho más que antes y que quiera heredar ahora más que nunca, ahora que todavía estoy a tiempo, su virtud contemplativa y serena. El tiempo.

Ayer bajaba por el Paseo del Prado, y a la altura del Ritz había un acordeonista tocando, un montón de guiris pasando y una mariquitita cruzando la acera en perpendicular. No me quedaba memoria en la cámara, pero me alegró haber visto ese detalle. Durante estos dos últimos meses he intentado aprender, sigo en ello, a controlar aquello de ir por la vida a golpe de impulso, sin detenerme más en los molinos y en las mariquititas urbanitas. No puedo hacer que los relojes y los calendarios vayan a mi ritmo, y cuesta no poder darles cuerda, ponerles pilas y tachar los días. Cuesta. Como cuesta respirar profundo cada noche, y cada mañana, y no decaer a pesar de que amanece lunes y sientes que ya se ha acabado la semana y nada. Cuesta.
Y sin embargo, la recompensa está siendo la Evolución, el cambio de planes vitales, la satisfacción de la Serenidad cuando uno asume que no tiene varitas mágicas, que no ha cambiado nada desde el momento del bajón hasta el nuevo, pero que está Serena y Esperanzada. Aprendes a mirar desde fuera la muñequita pendeja que se acelera sin necesidad para después, sin haber conseguido nada, vuelve a su estado original. Y que sin embargo avanza. Y mientras avanza y contempla, percibe, y siente que su mente se abre y comprende mejor la lectura, y aprende y comprende, y en el camino sueña cosas bonitas, como señales, y se sonroja sintiéndose medio bruja, y se le para la respiración cuando comprueba que sí había una conexión.
Contemplo. Y hasta voy al médico a contarle que me duelen los ojos

-¿Legañas? ¿de las verdes? no, sólo la sal de las lágrimas pegada a las pestañas.
- Entocnes son sólo los ojos secos, carencia de lágrimas, ni heridas, ni cuerpos extraños.

Es verdad: lágrimas puntuales, heridas cicatrizadas, y cuerpos... no quiero extraños.





(Molinos en la niebla)


Entre lo de F. y el I Ching, va a  ser que estoy creciendo. 

  


lunes, 25 de mayo de 2009

Mamámeduelelatripa: el proceso








(Sí, se le ve el culillo)

domingo, 24 de mayo de 2009

Borrón y cuenta nueva

Hoy mismo abriría el cajón del escritorio de Nobita  y me fugaría por él. Y le pedíría a Doraemon que se viniera conmigo, por supuesto. En fin. Fin.



sábado, 9 de mayo de 2009

Heterosexualidad y sentido del humor

Fue por aquellos días de sol y nubes que amenazaban, de vencejos en la muralla y primeras serpentillas brillantes atropelladas, que comenzó a sentirse de vuelta a ella misma. Carcajeándose al teléfono con conversaciones obscenas, dejándose elevar a lo más alto de su ego con cartas de papel y cartero, agradeciendo con sonrisas al séquito coquetón que estrenaba bar para parapentistas e invitaba al café, reconciliándose con ella misma, las ausencias y sus recuerdos, los buenos, de los que se echan  muchode menos, los de Tunng en la Papelería, y uno que otro beso furtivo en medio de la gran ciudad...



(¡Sí,  Amiga Cantaruxa, una Reina, y muy heterosexual !)


martes, 5 de mayo de 2009

Ediciones conflictivas, dijo blogger

Últimamente todo son señales. La aventura de este post es un poco así. Llevo algo más de una semana pensando en dejar sólo la letra de esta canción de Iván Ferreiro, pero. Se cruzó la targeta de Nicolás y ha saber qué otro post que ya no recuerdo porque el cardhu está tan patas arriba como mi vida. Lo decidí esta tarde, salida del cole, bucle, los tres cantando, qué buen rollito, pero "mamáaaaa, ya la hemos escuchado dos veceeeeees...." Me pongo por la noche, corto y pego, la letra sale enorme, ése no es el problema, goear sólo la tiene en acústico no me mola igual, youtube con portada en plan cutre, no quiero vídeos, quería una foto mía, no encuentro el cable de la cámara (ni siquiera el software de la cam, fíjate tú, mi vida mi casa patas arriba), lo iba a llamar "punto de fuga" por la foto, pero no hay foto, y el enlace de youtube no se pega, y el de goear tampoco, y llega un mail, y de verdad, si es que lees esto, no tiene nada de señal, de "fíjate tú qué cosa". No. Toda la verdad. Y aunque creí que nunca más....



"Y aunque creí que nunca más sería capaz de comenzar,  la fantasía es "un había". Y comencé a recuperar algunos trozos rotos y una parte que aun esta vacía. De dos en dos fuero llegando hasta la puerta y luego se esfumaron... sin avisar. 
Sólo hay mentiras y con ello lo que quieres es decir toda la verdad. 
Son nuestros días olvidados, esos besos que se dan  y que al siguiente ya no están. Si cada noche que dormí,  cada minuto que pasamos, sin hablar, desaparece. Repetiré como yo quiera ese minuto que viví y no me importa si hay rigor. 
Solo hay mentiras y con ello lo que quieres es decir toda la verdad, toda la verdad, y aunque creí que nunca más... 
y aunque creí que nunca mas... y aunque creí que nunca más..."







viernes, 1 de mayo de 2009

Él

Así fue como por fin,  y esta vez mirándome a los ojos, fue capaz de decirme: Te Quiero. 




lunes, 27 de abril de 2009

28 de abril, día de San Pedro Chanel, qué mono

¿Te acordás de aquella noche en la que hablábamos de eso de cumplir treinta, de los ingleses, flipados, en Ibiza, desfases, petacas con la fecha y fiestas locas de puesta de largo treintañera? Yo recuerdo que pensaba en mis treinta y me decía "si te contara que yo no tuve ginkana por Madrid, ni juego de obstáculos en el super chalet con piscina..." Yo tuve de regalo una mujer a la que parí con dolor, con una lágrima de papá y un "creo que te estás poniedo verde". El 28 abril de hace cinco años llegué al chalet con jardín que me encantaba podar y miraba embobada mi bolita de amor.
Mañana cumplo 35, aunque me quedé en los 30, como si uno pudiera detener el tiempo y las arrugas, aunque el par de bolitas de amor ahora juegan en las escaleras con peligro de muerte mientras el Braulio les gruñe y yo escribo.
Me quedé en mis treinta y vivo en el adosadito con el mismo número que, modo aleatorio (sí, como las canciones de mi coche, bandas sonoras de mi vida) apareció como una señal. Pocas cosas tengo claras a estas alturas: no me gusta el Cardhu y no quiero sentirme mayor. Sigo enamorada de las vans y las converses. De los niños que las llevan, de los treintañeros que las llevan. Debería controlar ciertos fetichismos, tal vez pasarme a los náuticos o a los castellanos, pero qué quieres que te diga, no me van las gominas, los padres del Diocesano. No quiero a nadie de vuelta de la vida, todavía no. Mi vida ya me lleva y me trae demasiado. Necesito entretenerme. ¿Te acordás de la pataleta por no querer subirme en aquella moto en Barcelona? "Ángel con Vans", me llamaste, muchachita caprichosa y toca pelotas, castigada, dos meses de silencio por estúpida, eso te pasa, no se le da plantón a un chico de esa manera. Y a una chica tampoco. ¿Te acuerdas de aquella noche de borrachera en solitario (mamá no leas esto), homenaje al despecho, moscatel va, moscatel viene, no importa el sabor, sólo el efecto, rápido, eficaz, vete a dormir, esto sí que es tocar fondo, esta sí que es La Catarsis. "Lo importante es mantener la calma", supongo que me habrías dicho.
Mañana cumplo 35, pero hoy entré a Oysho a antojarme de braguitas popis, y busqué Cámera Obscura para que combinara con los gustos adolescentes. Hay cosas que no cambian, aunque ya me de pereza jugar a Sherlock o a google analytics. No quiero IPS, no quiero satélites que le hagan fotos a mi patio con ropa tendida, sin pedir permiso, eso no se hace, señores de la Nasa. Una aprende con el paso de los años, a pesar de que se haga la longuis, de que espere, de que recuerde, de que le den arrebatos, y se desilusione. Pero una sigue, a pesar de todo, confiando en imposibles, ingenua treintañera que cruza el ecuador, como si un medium fuera a aparecer y les cogiera las manitas y les dijera "invóquenla", y ella de repente, de entre la luz de su cuarto soleado, se manifestara. Pobre y positiva pendeja. Feliz cumpleaños, Pi.



domingo, 26 de abril de 2009

Dímelo

¡¡¡ATENCIÓN FOTOS CHUNGAS!!!


De camino a casa, esta vez no iba a nevar, cuando de repente el grafiti rupestre.






¿"Díselo"? y qué quieres que le diga, me pregunto...











lunes, 20 de abril de 2009

Santoral y recuento

Llámame Pi. Si quieres ponle una hache. Llámame de mil maneras. Ponme nombres. Llámame a gritos o con furia. Llámame Mariapilar, la chica que no cabe en los carnets, y di rápido mis apellidos. Llámame MacGyver, bruja o Culitxca, me gusta. Llámame Txítán, si sólo así me recuerdas. Llámame Piluchi o mala amiga, de verdad que lo siento. Llámame Pilarín, histérica, mamá. Incluso loca, estúpida, pesada, o cosas más bonitas. También Reina de la Modernidad y ríete para mí. Llámame Niñapí y ponle etiquetas a tus domingos. Llámame como una nube o como una figurita de maqueta. Ý hazme proposiciones indecentes, las toreo, con la derecha, con la izquierda, me gusta. Llámame Modelo y hazme fotos. Llámame bombón y borracha. Ponle música a mi nombre. Llámame Señora de los Anillos, que tengo poderes para volverme invisible, y llámame Pilar porque sigo en pie.



(No me llames mientras conduzco que estoy haciendo fotos)

jueves, 16 de abril de 2009

Cría cuervos

La madre, en tono insufrible y cansado de diez de la noche rezonga al hijo mientras le enseña una barra de pegamento reseca:

- ¡Nicolás! ¡ahora te vas a quedar sin pegamento porque has perdido la tapa en este desorden de cuarto y se ha secado, y ahora te aguantas porque no tengo dinero para andar comprando las cosas que estropeáis por dejados!


- ¿Pero mamá, cuánto te costó eso?


La madre duda si responder la verdad o tirarse de la moto, sin embargo dice con la boquita pequeña:


- Un euro.


- Eso está chupao, mamá, porque yo tengo ¡ocho euros!


- ¿¡Ah! sí? -suelta la madre sonriendo por el colmillo izquierdo mientras recuerda que los ahorros del niño están desde hace unos días sobre su escritorio, tirados - ¿y dónde están? porque yo no veo la hucha por aquí, eh?


- ¡Pues mamá - alega Nicolás, sobrado, con cara de "cómo se te ocurre preguntarme algo tan evidente- en el estudio, entre tu desorden!

(Pegamento traicionero)

domingo, 12 de abril de 2009

Inventario en el micromundo

En el último mes se me ha estropeado: el dvd, el lavavajillas, el mando a distancia de la tele, el cepillo de dientes eléctrico, la aspiradora y la puerta del garaje. Busco trabajo URGENTE como periodista después de cinco años restaurando casas. J. ha decidido que mejor dejarlo así, y F. ha llamado para despedirse. Y el otro F. el más importante, al que me parezco tanto, al que quiero tanto, nos dio un par de sustos la semana pasada. He entrado en la iglesia de San Pedro después de dos años, tal vez tres, y he recordado aquello que llamaba Fortaleza, y a Dios. Algo demasiado gordo está pasando aquí.

(D. H. fotografió este micromundo, y según él, sin apenas saber quién soy, el personajillo del círculo rojo lleva mi nombre. Tiene su gracia no perder la ilusión un día como este)

jueves, 2 de abril de 2009

Concierto de Joe Barnara

Queridos lectores de Madrid (si es que hay lectores y si los hay en Madrid), mañana en la Sala Barcelona 8 (adivinen en qué calle y qué número), a las diez de la noche, va a haber un concierto rollito blues MUY INTERESANTE : Joe Barnara & Red Cotton.
Joe Barnara es un tipo curioso, renacido, reinventado o más bien de nacimiento pospuesto, debido precisamente a todos los años que hemos tenido que esperar para verlo a él ser más él que nunca. Toca el acordeón, y cuando lo hace, es como si se convirtiera en un Jason Wood de la vida, un negro bluesero de la decadente Lousiana que te va a empezar a contar la historia de alguien que pasaba por ahí y le dijo: "Muchacho, lo imposible es más bien improbable", mientras le daba una calada a su cigarro torcido. Y que le cambió la vida con aquella frase consejo.
Mañana toca Joe con Red Cotton, un trío madrileño cuya cantante parece que fuera la reencarnación de Janis Joplin. Todo apunta a que se nos hará corta la noche. Sabéis que os podéis pasar.

domingo, 29 de marzo de 2009

Delitos y placebos

Ayer robé de un blog una frase a su vez entrecomillada: "(...) En estos períodos [de crisis] el cerebro necesita una tregua para repensarlo todo como antídoto para no volverse loco de ansiedad. Hay gestos de pequeña trascendencia que suponen siempre un efecto placebo necesario (...)"

Con mi cerebro en tregua llegué hasta aquella Papelería deliciosa, y de allí, de uno de sus estantes, me entregaron El Libro del I Ching. Con un gesto apenas trascendente lo abrí en cualquier punto y descubrí sorprendida la página a la que le hice la foto. Después tiré las tres monedas y leí el oráculo chino, en el que a partir de ayer he comenzado a creer. O no, según me convenga. La vida te da sorpresas.




La Papelería y sus efectos curativos...








martes, 17 de marzo de 2009

Pudorosa Pilar

El día después de que me recorriera las farmacias de guardia de la Pequeña Ciudad de Provincia mendigando un Lexatín sin receta, de que terminara de tertulia con el médico de urgencias y me consiguiera un posible cliente, de que me tomara, por fin, el primer Nervocalm de mi vida, de que anunciaran la luz al final de la crisis amaricana, de que viviera un momento de felicidad haciéndole fotos robadas a Gabriel el Tejero y sus baldosas de barro al sol, me crucé con mí misma en una droguería de Piedrahíta y, sonriendo como si se tratara de un guiño más que me hace la vida, pregunté "¿quieres jugar conmigo?"...


miércoles, 11 de marzo de 2009

Silent Shout

Agotada. En la montaña rusa de mi cabeza, más bien subida en el carrito sin freno de mi vida cotidiana y los acontecimientos y todos los "mientos" posibles. Escuchando en bucle una canción que no me pega nada (podría ser también mi registro), que me pone a bailar, cuesta abajo en los railes, ojos cerrados, brazos en alto, el viento en la cara, imposible respirar bien. En caída libre. Agotada, con la historia completamente cambiada de un año a otro. Completamente. Pero igual de incierta. Tal vez más. Necesito una tregua.

sábado, 7 de marzo de 2009

Llamémosle A

No me acuerdo del momento justo en que conocí a A. No tengo ninguna canción que me recuerde a él. No venía con música y me temo que tampoco con la intención de crear en equipo una banda sonora de nuestro "noviazgo". No era su estilo. Pero el hecho es que fue mi novio y tampoco recuerdo durante cuánto tiempo. Poquito, el justo para que se convirtiera en el clavo que me sacara el que me dolió tanto y me dejó en los huesos aquellas vacaciones de junio (en Colombia no se llaman de verano) del 90. Estaba con A, que era mi novio, pero yo soñaba con "el mágico encuentro" con 23, tonteaba descaradamente con el otro A, "El Español", y me reía. Iba a fiestas pseduotropicales en las que me aburría como un hongo y le prestaba mi novio a mi hermana para que bailara y disfrutara de aquel "quiebre de cadera" de su cuñado yogurín cuando bailaba merengue. Era lindo A. Éra rubio, con ojos azules, dientes perfectos, altura ideal, sonrisa bonita y acné. Eso no era bonito, pero tenía miserables 17 años. Además besaba rico.

El pobre A no tenía nada que hacer conmigo, apesar de que yo creía estar enamorada de él y devolverle lo que él sentía. No sé que ha sido de su vida, todavía no he googleado su nombre ni preguntado en facebook, pero lo recuerdo con cariño, sobre todo cuando me pongo a pensar en el desequilibrio del amor y cierto poema de Pedro Salinas que estaba en el libro que me regaló, justo el día en que creo que lo dejamos. ¿Me mandaría discretamente a la mierda y no me enteré? ... Puede ser. Qué triste suele ser el amor. En fin. El amor de A.






Si Pedro Salinas tuviera un blog...

jueves, 5 de marzo de 2009

Dulce Alicia

- Hola, señora, ¿está bueno el café? -preguntó Alicia a su madre haciendo de recién conocida suya en una cafetería. Venía con su hija-sin-nombre, vestida con falda de princesa y con corona, todo rosa por supuesto.

- Hola! Sí, está rico, ¿quiere uno?

- No, no me gusta.

- ¿Este es su marido? es muy canoso - le preguntó la madre mientras le daba una galleta al Braulio.

- Noooo, yo no tengo marido. Yo no estoy casada.

- Ah! y el padre de la niña dónde está entonces...

- Muerto.

- Vaya. Y le habrá dado mucha tristeza cuando se murió, habrá llorado...

- No, sólo me dio pena. Le salía sangre por la cabeza. Pero ayer me casé.

La madre, estupefacta por la creatividad pseudo gore de la nena, tragó como pudo un poco de café y logró preguntar....

- ¿Pero no que estaba muerto?

- Que siiiiii, que me casé con otro chico...

...
...


Reina viuda, pero contenta...

lunes, 2 de marzo de 2009

Sobre el tiempo, las fotos, concesionarios y la comprensión de lectura

Asociación de ideas:
1. Esta mañana me hice una especie de promesa de no dar señales de vida.
2. Recordé, mientras me tomaba un café, cuando me bastaba con subirme a la Hiluxión y conducir, hablar con mis lugareños, emocionarme con paisajes, con casitas, con la música.
3. Decidí hacer un recorrido que tenía pendiente por cuestiones de trabajo y descubrí que no. Que las cosas ya no son las mismas.
4. Me dio nostalgia.

Y entonces

1. Dí señales de vida antes de quedarme sin cobertura. Antes de salvarme por la falta de cobertura. No tengo palabra conmigo misma.
2. Recordé que la semana pasada entré en el taller de Toyota por cuestiones que no vienen al caso y había una Hilux nueva pendiente de entrega. Me dejaron subirme... Mi Hiluxión olía a nuevo hace tres años, y se cruzó en los adoquines helados el día que la estrené, y se puso peineta, y sonaba como una tractor. Me emocioné con un miserable coche. Que ya no lo tengo. Que tengo derecho a la nostalgia.
3. Subí el puerto de Chía y me dió más vértigo que nunca. Y llegué al pueblo que buscaba y me dio pereza continuar. Me dio pereza hablar con el viejecillo que abrió la puerta, y bajarme y mirar Gredos, y hacer la foto de los montes sin cumbres por la niebla.
4. Me mareé en la carretera, quise llegar a casa, quise hablar, y entonces, en modo aleatorio sonó la canción que pongo aquí abajo. Las palabras, ay, mis palabras. Y pensé entonces que debía escribir un post con sentido del humor sobre la comprensión de lectura del anuncio de la venta de mi parcela, pero cuando llegué a casa me di cuenta que tenía un error y que por eso los posibles compradores me salían con tantas pendejadas.
5. Como me corté el rollo para el post, me puse a corregir y a actualizar el anuncio, a buscar las fotos, a cambiarles de tamaño. Y entonces encontré la que pongo aquí abajo.
6. Esa foto resume la nostalgia de este último año: la amiga que la hizo, el coche que me llevaba, los paisajes que descubría y las risa que me salía del alma.

En fin, por lo menos queda el peso de mis palabras... que cómo pesan...




(Diga boliqueso, mijita!)

jueves, 26 de febrero de 2009

Improvisación

Una tarde cualquiera de 14º al sol, de sobremesa tardía y bici haciendo caballitos se hizo la luz en mi cocina. Después de casi 8 meses de casquillos traga bombillas, lamparitas románticas en medio de colacaos y desayunos de invierno, apareció Penetreitor con el Ferm en ristre y "topó" con el forjado que no falso techo. Entre risas, vinito, cocido y chistes malos para niños, se hizo la luz en mi cocina, un día de este invierno que yo me sentía extrañamente bien. Qué cosas tienen los amigos.




(Foto chunga, pero documental)

domingo, 22 de febrero de 2009

(Sin título)

Esther se murió sin ver el mar. A veces pienso que mi familia tiene un punto Macondo complicado de entender desde este lado del Atlántico. Esther se quedó dormida, con el corazón agotado el martes pasado, como Ruth, pero sin haber visto el mar, y no he dejado de pensar en eso durante estos días de sol. Parece que llegó la primavera, parece que de la nieve sólo quedan esos restos en los caminos, que la próxima cuenta del gas no va a ser otra clavada y que la bufanda y el gorro se quedan en el coche. Eso parece. Y que así, gracias a que de repente mi tía se ha metido tristemente en mi cabeza en estos días, una se llena de optimismo, respira profundo mientras se le saltan las lágrimas recordándola y ve la carretera vacía y el cielo insultantemente azul y sin nubes y se plantea y entre mocos piensa "yo no quiero morirme sin". Sin decir, sin sentir, sin volar, sin deslizarme, sin tomar, respirar y probar. A pesar de todo. Tiempo al tiempo, pero ya empecé. Que conste.


Sol solecito, brindemos un poquito...

lunes, 16 de febrero de 2009

Midori Conection

La semana pasada fue extraña. " Los acontecimientos se precipitaron en mi cabeza", y llegué a estresarme. El bajón no duró más de un par de días, pero. Me perdí en un bucle de "Breath" de Pink Floyd la madrugada del domingo y el Cardhu no respondía. Me salvó, de repente, 23, que apareció en el messenger desde el otro lado del Atlántico y nos quitamos las historias de vectores y 15 años sin vernos y comunicarnos para recuperar nuestros registros. Me salvó y me pidió que le contara mi parte de la historia, sin ahorrar palabras. Que le contara qué pensaba yo aquel 16 de mayo a las 4 y media de la tarde cuando él me pidió la hora y llevaba reloj. Pero el Cardhu no respondía tampoco, y me atasqué. 23: me da rabia no poder llamarte aquí por tu apellido, no soy capaz de contarlo todo. Qué fácil es decir, tantos años después, que si yo hubiera dejado de ser una cobarde el rumbo de la historia habría cambiado. Tú también lo fuiste. En esa época yo creía y confiaba en la magia, y si era que no, otra vez sería, o sólo así tendría que ser. Sin más. El bucle del domingo y el encuentro con 23, me hizo tener nostalgia de aquellos tiempos en los que no me comía la cabeza. La semana pasada quise volver a tener 18 años, y sentir como en aquella época. Cómo pesa la experiencia.

Entonces el miércoles recibí un mail de mi amiga B. con fotos y sentido del humor, y un guiño. B decía que se había acordado de mí leyendo Tokio Blues, de Haruki Murakami, que me gustaría. Y como si fuera el destino que quería unir los puntos de esos que forman dibujitos en el papel (...) me lo he leído antes de responderle a B. y de paso he descubierto la conexión entre mi estado de ánimo de la última semana y las señales que estaba recibiendo: se llama Midori Kobayashi.

Midori significa verde en japonés. De papel verde eran las nadadoras de Matisse que El Pintor recortó para decorar mi cuarto en los años de universidad, y el color con el que se me asociaba en otras partes de otras historias. Verde, aún hoy, en mis jerseys preferidos, en los cojines de la cama y el rotulador con el que subrayaba los apuntes. Gamas de verde.

Y como llegados a este punto me he atascado y se me ha olvidado lo que quería decir, lo dejo. La Cardhu se ha atascado. Y como compensación, si es que algo hay que compensar, hoy foto y canción, para bucle de lunes soleado y con la cabeza en su sitio. Pfff.




(Paisaje urbano de Madrid con hombre desnudo)





martes, 3 de febrero de 2009

Historia de un globito

Era un globito blanco y una mano que lo llevaba flotando. Le gustaba esa sensación de moverse a ritmo de pasos de acera, y a veces de monte, dejarse rozar por el aire, y esquivar obstáculos. Globito feliz, que a veces se encogía y volví a ponerse firme, tenso, cuerda arriba, queriendo volar. Y no. Sólo por las noches y alguna que otra tarde, por coger una taza de café, la mano se abría y soltaba la cuerda. El globo sentía un repentino saltito en su estómago, un vértigo de motaña rusa, y entonces se preguntaba a dónde debía ir. "Dónde me quedo yo ahora", se preguntaba como afirmando. Tal vez pegado al techo, mirando todo desde arriba, que no estaba mal. O arrunchado en una esquina de la habitación, medio de lado, relajado. Globito juguetón sin cuerda que lo agarre. "Dónde me quedo yo ahora, dueño de mi cuerda sin mano..., , tal vez el sitio sea ventana afuera y volar..., o quedarse enganchado en un pincho de una árbol, esperando explotar... o simplemente desinflarse. Ay, mano traicionera, y si sólo le dijeras que volverías por él...