sábado, 31 de enero de 2009

FAME!!! I'm gonna live forever



(Mis compañeros de piso improvisando un baile "moderno", taichi fussion)

miércoles, 28 de enero de 2009

Asimetría, honestidad y otras películas en preproducción

La vida es extraña. Nada nuevo. Ni de aquí, ni de allí. Nada nuevo. Ni que la primera frase de este post sea algo digno de explicar. La vida es rara, porque sí. Porque fluctúa. Y entre fluctuación y fluctuación, va una en volandas. De pequeña, ya lo he dicho alguna vez, tenía un sueño recurrente: vivía en Medialuna y llegaban los malos (ni idea de quiénes eran) y yo tenía que salir por la puerta de atrás y huir quebrada de Santa Helena abajo. Y recuerdo las piedras enormes sobre las que nos tumbábamos a tomar el sol en la vida real, y las cascadas y que yo corría a trompicones y no me caía, nisiquiera se me doblaba el tobillo, es más, medio volaba, saltaba y volaba y cada vez más y más alto, hasta terminar viendo la quebrada desde arriba, el agua transparente y rápida, y los malos por ningún lado. La vida es rara, o remonta. Hace dos meses esto era una mierda y todavía hoy lo sigue siendo, pero ya no lo veo como tal. Es, de hecho, una mierda porque hay que seguir enfrentándose a eso de ser mayor, adulto y psuedoempresario en cuasiruina que quiere dejar el negocio y al final el negocio no lo deja a él y entonces firman la paz y se vuelven a enamorar y se cogen de la mano y fortalecen el equipo y se forran y qué guay. Sí, así estoy. Con ganas de primavera mientras no me bajo de las botas de monte que de gore tex ya nos les queda ni la marquita, pisando la nieve, oliendo a humo de las obras, flipando con las cigüeñas que ya han aparecido y no es San Blas, y hasta me divierte. Y así, remontando sin empezar a remontar de hecho. Ahora sin cansancio, y a veces sin tristeza, y sin embargo, echando de menos. Digamos extrañando las rarezas de la vida, las distancias que no se superaron, y muchos etcétera. La vida es rara. Este invierno es raro.





(La puesta de sol desde el sofá naranja)

lunes, 26 de enero de 2009

Promiscuidad de los sofás


En la foto, de izquierda a derecha, Pi, con frío, mirando por la ventana; el paso del tiempo y las conclusiones about love a estas alturas de la vida queriendo mirar por la ventana; y Emilio, con menos frío, esperando ver el atardecer el día de su cumpleaños.

domingo, 18 de enero de 2009

... Y ahora, de Papelería

Me gustan los puntos escritos en desorden sobre papel suave. Puntitos marrones que si los unes, jugando, van formando dibujos caprichosos, una letra aquí, un espiral allá, tal vez una nota, o dos, o una imagen. Me gustan. Me gusta unirlos con el dedo, para cosas así se agradece tener una mano pequeña como la mía, que se desliza, dedo índice jugando a lector de primera línea, nada acusador, relajado, divertido, revoloteando mientras la línea, o la curva, se dibuja o serpentea y llega al punto marrón elegido.
Me gusta el olor del papel aparte de su textura. Lo acerco a mi nariz y cierro los ojos y busco el rastro del perfume que no es tal y que, supongo, desaparece en algún pliegue casi imperceptible de las esquinas. Aunque este papel no tiene esquinas: se acaba y empieza en sí mismo, pero puedo tocarlo y olerlo. Dibujarlo y jugar a borrarlo, a descifrar lo que alguna vez estuvo escrito, a leerlo, interpretarlo, descubrirlo, escribirlo y porqué no reescribirlo mientras escucho el rumor, el susurro de mis dedos que unen los puntitos, o que juegan a pluma que escribe y suena, porque también me gusta escuchar el sonido del papel cuando se deja tocar. Un sonido, dos, tres que escucho atenta y que recorren la mesa donde yo me entretengo jugando a formar constelaciones, y entonces me pasa, y cómo me gusta cuando ocurre, que el papel parece formar canciones, y susurra, y sigo con los ojos cerrados y me hace soñar, que a veces no es más que poder dormir en silencio.

(Ay, la Papelería)

viernes, 16 de enero de 2009

Artículos de Mercería

La Administración de la Pequeña Ciudad de Provincia logra ponerme nerviosa, pero mi casa hoy huele a arepita paisa y eso me tranquiliza.

Hace dos días inauguraron una escultura en una de las noventamil rotondas de esta ciudad y bueno, primero fue expectativa por el altarcito que andaban montando, luego estufacción ante la obra y ahora, simplemente un "ay, la cremallerita" cada vez que paso por ahí, que es cuatro veces al día, más o menos. Una cremallera, sí. Sin pretensiones simbólicas dice su autor, que quería, dice también, hacer notorio lo insignificante. Lo siguiente será un cortauñas rematando la Fuente de los Siete Caños. ¿Si Santa Teresa levantara la cabeza pensaría, ella tan culta, en todo lo que puede significar una cremallera? Mi mente calenturienta se fue directamente a aquella expresión que inventó por allá en la era hippy Erika Jong, o más bien su personaje, Isadora en Miedo a Volar, y de ahí empecé a especular. "Jodienda descremallerada" (los traductores de la época habrán patinado, seguro). Una ciudad con La Academia de Policía con más de dosmill mádelman paseando musculitos en los bares que sobreviven a la crisis. Por otra parte, la Capital del Misticismo. En fin. Una cremallera. Y para colmo hoy una loca de mi comunidad va y me cierra la puerta peatonal del garage en las narices y me dice que la abra yo con mi llave.

Por lo demás, mi cerebro apenas redacta. Qué invierno tan duro, Dios Mío!


(¡¡Ábrete Sésamo!!)

domingo, 11 de enero de 2009

Batichica

Ayer tuve celos. Mel me contó que una de sus amiga estuvo enamorada de Batman, y esas cosas duelen: Batman era sólo mío.

Esta mañana Nicolás, haciendo uso de su herencia de culebrero paisa, se me plantó con una revista de juguetes y me explicó qué "Dintento" DS era la que quería, que la WII era muy cara y qué juego era el que a mí, a su madre-chica-de-sólo-34 le seduciría para comprarla: "y mira mamá. éste te va a encantar porque es muy guapo, mamá". Y sí. Era Batman versión Lego.


Mi promiscuidad en la infancia era cosa habitual, saltaba de Sandokán al Zorro pasando por Batman y por algún amigo imaginario hecho a mi medida. Todos guays, todos guapos, todos con casas chulas donde esconderse. Nada de hombres salvadores que vinieran a liberarme de los malvados. A mí me ponía el Zorro, tan sexy con ese pantalón rollo apretadillo y esa voz que le ponía cuando leía el cómic, hummm. Y El Hombre Oscuro, tan.... tan triste, tan a su bola, con ese pedazo de batimóvil y su soledad, cómo molaba. Que se quitaran los supermanes de la vida, que sonreían y llevaban colores chillones. A mí lo que me atraía de mis superhéroes era el punto freak, si es que se puede ser más freaky que un superhéroe con los calzoncillos por fuera. Me gustaba ese punto rarito, de hombre dolido por el pasado, de tipo que sufre por allá adentro, de "no quiero que me hagan fotos", de incomprendido, y bizcochón, of course, de voz atractiva y sensual.

Una que no crece.

(Hummmmmm)

miércoles, 7 de enero de 2009

PI 2016

Todo se basaba en tener ganas de y posponerlo para cuando. Tenía ganas de hablar de la patética cabalgata de reyes de la Pequeña Ciudad de Provincia, de Joe, de las casas que no me abandonan, o que no me dejan libre, o en paz, o qué más da. De las visitas del invierno, las conclusiones del invierno, los descubrimientos y breves emociones.
Todo se basaba en tener ganas de hacer algo, tarde o temprano pero hacerlo. Tiempo al tiempo. Sólamente tiempo al tiempo.


(No hay imagen ni banda sonora para este post)