jueves, 26 de febrero de 2009

Improvisación

Una tarde cualquiera de 14º al sol, de sobremesa tardía y bici haciendo caballitos se hizo la luz en mi cocina. Después de casi 8 meses de casquillos traga bombillas, lamparitas románticas en medio de colacaos y desayunos de invierno, apareció Penetreitor con el Ferm en ristre y "topó" con el forjado que no falso techo. Entre risas, vinito, cocido y chistes malos para niños, se hizo la luz en mi cocina, un día de este invierno que yo me sentía extrañamente bien. Qué cosas tienen los amigos.




(Foto chunga, pero documental)

domingo, 22 de febrero de 2009

(Sin título)

Esther se murió sin ver el mar. A veces pienso que mi familia tiene un punto Macondo complicado de entender desde este lado del Atlántico. Esther se quedó dormida, con el corazón agotado el martes pasado, como Ruth, pero sin haber visto el mar, y no he dejado de pensar en eso durante estos días de sol. Parece que llegó la primavera, parece que de la nieve sólo quedan esos restos en los caminos, que la próxima cuenta del gas no va a ser otra clavada y que la bufanda y el gorro se quedan en el coche. Eso parece. Y que así, gracias a que de repente mi tía se ha metido tristemente en mi cabeza en estos días, una se llena de optimismo, respira profundo mientras se le saltan las lágrimas recordándola y ve la carretera vacía y el cielo insultantemente azul y sin nubes y se plantea y entre mocos piensa "yo no quiero morirme sin". Sin decir, sin sentir, sin volar, sin deslizarme, sin tomar, respirar y probar. A pesar de todo. Tiempo al tiempo, pero ya empecé. Que conste.


Sol solecito, brindemos un poquito...

lunes, 16 de febrero de 2009

Midori Conection

La semana pasada fue extraña. " Los acontecimientos se precipitaron en mi cabeza", y llegué a estresarme. El bajón no duró más de un par de días, pero. Me perdí en un bucle de "Breath" de Pink Floyd la madrugada del domingo y el Cardhu no respondía. Me salvó, de repente, 23, que apareció en el messenger desde el otro lado del Atlántico y nos quitamos las historias de vectores y 15 años sin vernos y comunicarnos para recuperar nuestros registros. Me salvó y me pidió que le contara mi parte de la historia, sin ahorrar palabras. Que le contara qué pensaba yo aquel 16 de mayo a las 4 y media de la tarde cuando él me pidió la hora y llevaba reloj. Pero el Cardhu no respondía tampoco, y me atasqué. 23: me da rabia no poder llamarte aquí por tu apellido, no soy capaz de contarlo todo. Qué fácil es decir, tantos años después, que si yo hubiera dejado de ser una cobarde el rumbo de la historia habría cambiado. Tú también lo fuiste. En esa época yo creía y confiaba en la magia, y si era que no, otra vez sería, o sólo así tendría que ser. Sin más. El bucle del domingo y el encuentro con 23, me hizo tener nostalgia de aquellos tiempos en los que no me comía la cabeza. La semana pasada quise volver a tener 18 años, y sentir como en aquella época. Cómo pesa la experiencia.

Entonces el miércoles recibí un mail de mi amiga B. con fotos y sentido del humor, y un guiño. B decía que se había acordado de mí leyendo Tokio Blues, de Haruki Murakami, que me gustaría. Y como si fuera el destino que quería unir los puntos de esos que forman dibujitos en el papel (...) me lo he leído antes de responderle a B. y de paso he descubierto la conexión entre mi estado de ánimo de la última semana y las señales que estaba recibiendo: se llama Midori Kobayashi.

Midori significa verde en japonés. De papel verde eran las nadadoras de Matisse que El Pintor recortó para decorar mi cuarto en los años de universidad, y el color con el que se me asociaba en otras partes de otras historias. Verde, aún hoy, en mis jerseys preferidos, en los cojines de la cama y el rotulador con el que subrayaba los apuntes. Gamas de verde.

Y como llegados a este punto me he atascado y se me ha olvidado lo que quería decir, lo dejo. La Cardhu se ha atascado. Y como compensación, si es que algo hay que compensar, hoy foto y canción, para bucle de lunes soleado y con la cabeza en su sitio. Pfff.




(Paisaje urbano de Madrid con hombre desnudo)





martes, 3 de febrero de 2009

Historia de un globito

Era un globito blanco y una mano que lo llevaba flotando. Le gustaba esa sensación de moverse a ritmo de pasos de acera, y a veces de monte, dejarse rozar por el aire, y esquivar obstáculos. Globito feliz, que a veces se encogía y volví a ponerse firme, tenso, cuerda arriba, queriendo volar. Y no. Sólo por las noches y alguna que otra tarde, por coger una taza de café, la mano se abría y soltaba la cuerda. El globo sentía un repentino saltito en su estómago, un vértigo de motaña rusa, y entonces se preguntaba a dónde debía ir. "Dónde me quedo yo ahora", se preguntaba como afirmando. Tal vez pegado al techo, mirando todo desde arriba, que no estaba mal. O arrunchado en una esquina de la habitación, medio de lado, relajado. Globito juguetón sin cuerda que lo agarre. "Dónde me quedo yo ahora, dueño de mi cuerda sin mano..., , tal vez el sitio sea ventana afuera y volar..., o quedarse enganchado en un pincho de una árbol, esperando explotar... o simplemente desinflarse. Ay, mano traicionera, y si sólo le dijeras que volverías por él...