domingo, 29 de marzo de 2009

Delitos y placebos

Ayer robé de un blog una frase a su vez entrecomillada: "(...) En estos períodos [de crisis] el cerebro necesita una tregua para repensarlo todo como antídoto para no volverse loco de ansiedad. Hay gestos de pequeña trascendencia que suponen siempre un efecto placebo necesario (...)"

Con mi cerebro en tregua llegué hasta aquella Papelería deliciosa, y de allí, de uno de sus estantes, me entregaron El Libro del I Ching. Con un gesto apenas trascendente lo abrí en cualquier punto y descubrí sorprendida la página a la que le hice la foto. Después tiré las tres monedas y leí el oráculo chino, en el que a partir de ayer he comenzado a creer. O no, según me convenga. La vida te da sorpresas.




La Papelería y sus efectos curativos...








martes, 17 de marzo de 2009

Pudorosa Pilar

El día después de que me recorriera las farmacias de guardia de la Pequeña Ciudad de Provincia mendigando un Lexatín sin receta, de que terminara de tertulia con el médico de urgencias y me consiguiera un posible cliente, de que me tomara, por fin, el primer Nervocalm de mi vida, de que anunciaran la luz al final de la crisis amaricana, de que viviera un momento de felicidad haciéndole fotos robadas a Gabriel el Tejero y sus baldosas de barro al sol, me crucé con mí misma en una droguería de Piedrahíta y, sonriendo como si se tratara de un guiño más que me hace la vida, pregunté "¿quieres jugar conmigo?"...


miércoles, 11 de marzo de 2009

Silent Shout

Agotada. En la montaña rusa de mi cabeza, más bien subida en el carrito sin freno de mi vida cotidiana y los acontecimientos y todos los "mientos" posibles. Escuchando en bucle una canción que no me pega nada (podría ser también mi registro), que me pone a bailar, cuesta abajo en los railes, ojos cerrados, brazos en alto, el viento en la cara, imposible respirar bien. En caída libre. Agotada, con la historia completamente cambiada de un año a otro. Completamente. Pero igual de incierta. Tal vez más. Necesito una tregua.

sábado, 7 de marzo de 2009

Llamémosle A

No me acuerdo del momento justo en que conocí a A. No tengo ninguna canción que me recuerde a él. No venía con música y me temo que tampoco con la intención de crear en equipo una banda sonora de nuestro "noviazgo". No era su estilo. Pero el hecho es que fue mi novio y tampoco recuerdo durante cuánto tiempo. Poquito, el justo para que se convirtiera en el clavo que me sacara el que me dolió tanto y me dejó en los huesos aquellas vacaciones de junio (en Colombia no se llaman de verano) del 90. Estaba con A, que era mi novio, pero yo soñaba con "el mágico encuentro" con 23, tonteaba descaradamente con el otro A, "El Español", y me reía. Iba a fiestas pseduotropicales en las que me aburría como un hongo y le prestaba mi novio a mi hermana para que bailara y disfrutara de aquel "quiebre de cadera" de su cuñado yogurín cuando bailaba merengue. Era lindo A. Éra rubio, con ojos azules, dientes perfectos, altura ideal, sonrisa bonita y acné. Eso no era bonito, pero tenía miserables 17 años. Además besaba rico.

El pobre A no tenía nada que hacer conmigo, apesar de que yo creía estar enamorada de él y devolverle lo que él sentía. No sé que ha sido de su vida, todavía no he googleado su nombre ni preguntado en facebook, pero lo recuerdo con cariño, sobre todo cuando me pongo a pensar en el desequilibrio del amor y cierto poema de Pedro Salinas que estaba en el libro que me regaló, justo el día en que creo que lo dejamos. ¿Me mandaría discretamente a la mierda y no me enteré? ... Puede ser. Qué triste suele ser el amor. En fin. El amor de A.






Si Pedro Salinas tuviera un blog...

jueves, 5 de marzo de 2009

Dulce Alicia

- Hola, señora, ¿está bueno el café? -preguntó Alicia a su madre haciendo de recién conocida suya en una cafetería. Venía con su hija-sin-nombre, vestida con falda de princesa y con corona, todo rosa por supuesto.

- Hola! Sí, está rico, ¿quiere uno?

- No, no me gusta.

- ¿Este es su marido? es muy canoso - le preguntó la madre mientras le daba una galleta al Braulio.

- Noooo, yo no tengo marido. Yo no estoy casada.

- Ah! y el padre de la niña dónde está entonces...

- Muerto.

- Vaya. Y le habrá dado mucha tristeza cuando se murió, habrá llorado...

- No, sólo me dio pena. Le salía sangre por la cabeza. Pero ayer me casé.

La madre, estupefacta por la creatividad pseudo gore de la nena, tragó como pudo un poco de café y logró preguntar....

- ¿Pero no que estaba muerto?

- Que siiiiii, que me casé con otro chico...

...
...


Reina viuda, pero contenta...

lunes, 2 de marzo de 2009

Sobre el tiempo, las fotos, concesionarios y la comprensión de lectura

Asociación de ideas:
1. Esta mañana me hice una especie de promesa de no dar señales de vida.
2. Recordé, mientras me tomaba un café, cuando me bastaba con subirme a la Hiluxión y conducir, hablar con mis lugareños, emocionarme con paisajes, con casitas, con la música.
3. Decidí hacer un recorrido que tenía pendiente por cuestiones de trabajo y descubrí que no. Que las cosas ya no son las mismas.
4. Me dio nostalgia.

Y entonces

1. Dí señales de vida antes de quedarme sin cobertura. Antes de salvarme por la falta de cobertura. No tengo palabra conmigo misma.
2. Recordé que la semana pasada entré en el taller de Toyota por cuestiones que no vienen al caso y había una Hilux nueva pendiente de entrega. Me dejaron subirme... Mi Hiluxión olía a nuevo hace tres años, y se cruzó en los adoquines helados el día que la estrené, y se puso peineta, y sonaba como una tractor. Me emocioné con un miserable coche. Que ya no lo tengo. Que tengo derecho a la nostalgia.
3. Subí el puerto de Chía y me dió más vértigo que nunca. Y llegué al pueblo que buscaba y me dio pereza continuar. Me dio pereza hablar con el viejecillo que abrió la puerta, y bajarme y mirar Gredos, y hacer la foto de los montes sin cumbres por la niebla.
4. Me mareé en la carretera, quise llegar a casa, quise hablar, y entonces, en modo aleatorio sonó la canción que pongo aquí abajo. Las palabras, ay, mis palabras. Y pensé entonces que debía escribir un post con sentido del humor sobre la comprensión de lectura del anuncio de la venta de mi parcela, pero cuando llegué a casa me di cuenta que tenía un error y que por eso los posibles compradores me salían con tantas pendejadas.
5. Como me corté el rollo para el post, me puse a corregir y a actualizar el anuncio, a buscar las fotos, a cambiarles de tamaño. Y entonces encontré la que pongo aquí abajo.
6. Esa foto resume la nostalgia de este último año: la amiga que la hizo, el coche que me llevaba, los paisajes que descubría y las risa que me salía del alma.

En fin, por lo menos queda el peso de mis palabras... que cómo pesan...




(Diga boliqueso, mijita!)