sábado, 7 de marzo de 2009

Llamémosle A

No me acuerdo del momento justo en que conocí a A. No tengo ninguna canción que me recuerde a él. No venía con música y me temo que tampoco con la intención de crear en equipo una banda sonora de nuestro "noviazgo". No era su estilo. Pero el hecho es que fue mi novio y tampoco recuerdo durante cuánto tiempo. Poquito, el justo para que se convirtiera en el clavo que me sacara el que me dolió tanto y me dejó en los huesos aquellas vacaciones de junio (en Colombia no se llaman de verano) del 90. Estaba con A, que era mi novio, pero yo soñaba con "el mágico encuentro" con 23, tonteaba descaradamente con el otro A, "El Español", y me reía. Iba a fiestas pseduotropicales en las que me aburría como un hongo y le prestaba mi novio a mi hermana para que bailara y disfrutara de aquel "quiebre de cadera" de su cuñado yogurín cuando bailaba merengue. Era lindo A. Éra rubio, con ojos azules, dientes perfectos, altura ideal, sonrisa bonita y acné. Eso no era bonito, pero tenía miserables 17 años. Además besaba rico.

El pobre A no tenía nada que hacer conmigo, apesar de que yo creía estar enamorada de él y devolverle lo que él sentía. No sé que ha sido de su vida, todavía no he googleado su nombre ni preguntado en facebook, pero lo recuerdo con cariño, sobre todo cuando me pongo a pensar en el desequilibrio del amor y cierto poema de Pedro Salinas que estaba en el libro que me regaló, justo el día en que creo que lo dejamos. ¿Me mandaría discretamente a la mierda y no me enteré? ... Puede ser. Qué triste suele ser el amor. En fin. El amor de A.






Si Pedro Salinas tuviera un blog...

2 comentarios:

ruidoperro dijo...

Cuando un ex amante te hace pensar en Pedro Salinas, sin duda mereció la pena vivir lo vivido a su lado.

¿Nos cruzamos? ¿En serio? ¿Cómo se llamaba el bar?

Pi dijo...

Eso de amante... jejejej.
Yo es que sigo pensando que sí que eras tú, que estabas en el Anticafe,a eso de las 12 y pico, creo, sentadito con un amigo en la mesita que está junto a la barra. En fin, sería curioso que fuera cierto, porque aquella curiosa tarde terminé hablando de grúas y de zona de residentes bajo el Puente de Segovia con el embajador de Paraguay.Así sin más. Encuentros extraños, vaya.