jueves, 16 de abril de 2009

Cría cuervos

La madre, en tono insufrible y cansado de diez de la noche rezonga al hijo mientras le enseña una barra de pegamento reseca:

- ¡Nicolás! ¡ahora te vas a quedar sin pegamento porque has perdido la tapa en este desorden de cuarto y se ha secado, y ahora te aguantas porque no tengo dinero para andar comprando las cosas que estropeáis por dejados!


- ¿Pero mamá, cuánto te costó eso?


La madre duda si responder la verdad o tirarse de la moto, sin embargo dice con la boquita pequeña:


- Un euro.


- Eso está chupao, mamá, porque yo tengo ¡ocho euros!


- ¿¡Ah! sí? -suelta la madre sonriendo por el colmillo izquierdo mientras recuerda que los ahorros del niño están desde hace unos días sobre su escritorio, tirados - ¿y dónde están? porque yo no veo la hucha por aquí, eh?


- ¡Pues mamá - alega Nicolás, sobrado, con cara de "cómo se te ocurre preguntarme algo tan evidente- en el estudio, entre tu desorden!

(Pegamento traicionero)

3 comentarios:

Pecosa dijo...

¡La madre que lo parió!

Es lo malo de tener hijos inteligentes: nos dejan a los adultos sin coartadas.

eSadElBlOg dijo...

ja ja! y claro, pues sin palabras no?

Zittric dijo...

De tal palo, tal astilla...

Los nenes de hoy!

SALUD!