viernes, 31 de julio de 2009

Me gusta mirar las fotos y recordar lo que pensaba cuando me la hicieron. Aquel sábado de primavera de 2008 cuando Alicia me pidió la cámara y me hizo esta foto, yo sólo pensaba en qué día tan guay, de picnic y cielo azul iba a pasar con mis dos churumbeles. Y todavía estaba todo por pasar.


(Me encantan esas nubes, y esa cara de pendeja)

miércoles, 22 de julio de 2009

Cartografía

Hago mapas. De mentiras* porque no conducen a ningún sitio real, pero mapas al fin y al cabo. Dibujo caminos en mi cabeza y me los imagino de tierra y de repente lisos y perfectos y que se salen del plano y vuelan, y que pasan por encima de las montañas y se parecen a las de las líneas aéreas cuando enseñan sus rutas. Aéreos. Superan la circunferencia, o lo esférico de la tierra, o yo que sé cómo decirlo, cómo describirlos, sólo sé que mis mapas tienen tres dimensiones y se mueven por el mundo y me tranquilizan. Han superado la dimensión milimétrica de mis caricias en la piel, perdón, del lápiz en el papel, y sólo están en mi cabeza. Mis mapas, mis rutas, las carreteras para conducir con música, los caminos de tierra para pedalear al sol, están en mi cabeza, y me tranquilizan. Los veo, los recorro, llego al destino y sólo miro, observo, sonrío, soy feliz porque el destino sigue ahí y no lo toco, no lo recorro, está en el lugar donde yo lo he colocado. Destino de mentiras*, pero destino al fin y al cabo.


(Punto de fuga real, que no de los mapas que dibujo)

* Que no son de verdad. De juguete. De mentiritas. Ayyyy, el bilingüismo....

lunes, 6 de julio de 2009

Ñoñez, ñoñedad o simple ñoñería

Soy ñoña y como tal he de admitir que me enamoré de Oliveira. Ñoña o friki o ambas cosas, o viceversa. Hace muchos años me imaginé dibujándole los labios a Oliveira. Hombre difícil, el menos ñoño, cobarde más bien. Él, apesar de todo. Me releí Rayuela sólo por estar más con Horacio, porque el libro no me bastaba, porque me encantaba el Líder de la Manada por excelencia, porque soy así de pendeja.
En estos días extraños de rara linealidad en mi ánimo, me ha dado por recordar lo que quería del amor. Uno se va perdiendo en la vida y se va enredando en las historias y, al final, se le olvida qué era lo que quería. Yo quería un amor truculento, de esos que duelen y no se curan, se dejan y se retoman, juegan al destino, a encontrarse en una calle cutre o tristona de Buenos Aires, Montevideo o París. Pero me entretuve en optimismos, en amores reales, en compromisos reales, bodas e hijos, trabajos y obligaciones, frustraciones, desamores, fracasos, penas y vueltas a empezar cuando ya no se sabe qué hay que empezar. Tal vez ha llegado el momento de empzar a. Me he encargado de llenar de colorines mi propia vida para llevar mi corazón en ristre, a pesar de saber que ya nada será eterno, que el amor es finito, lineal, temporal y rara vez auténtico. Que ya pa`qué. Tengo nostalgia de mis veinte años agarrada a Rayuela, soñando con jugar el juego del amor y la suerte, del destino que ¡ah! puede que sí te ponga otra vez en mi camino, o, ¡vaya! va a ser que no vuelvo a verte sino en la figura de Talita, y mientras tanto, la vida avanza y uno en el fondo sabe que no habrá nada en el corazón como. Tengo nostalgia porque la vida me ha traído hasta aquí olvidándome de lo que quería, conveciéndome de que era una tontería, improbable, injusto, incluso insensato. El amor. Me cito sin ningún tipo de tristeza: "...cuando ya no se sabe qué hay que empezar".


(No hacía fotos para el Cardhu cuando tenía 20 años)