viernes, 25 de septiembre de 2009

Casarse en 1999

Parece un año gafado. Efecto Y2K con margen de error.
Hoy me he enterado de que a mi amiga M. "la ha dejado de querer" su marido. El padre de sus dos hijas. El motivo de su amor, de que dejara una vida más o menos prometedora y se viniera a ser ama de casa a esta Pequeña Ciudad de Provincia. Le dijo que hasta ahí había llegado dos días antes de su décimo aniversario. "Antes de empezar a desgastaros, antes de que todo empeore y empiecen las broncas", dijo. Adios.

M. va por la calle con unas gafas que le tapan media cara y a pesar de todo se le nota que ha llorado. Que no para, a pesar de los ansiolíticos.

- Lo que tú y yo necesitamos - me dijo también- es un par de negros, tú sabes porqué te digo eso.

- Si eres capaz de decir eso es que van a durar poco los ansiolíticos.

- No, te lo digo porque estoy drogada.

Y me río, porque me alegra que no haya perdido el sentido del humor. Es buena señal. Y sin embargo me duele verla así. Me revuelve el alma imaginarme el agujero que debe sentir en el estómago cuando se acuerda que se acabó, que no se explica cómo, que nunca se pudo imaginar que el amor se acabara, que su amor, el de él, se acabara, que concibiera la vida sin ella, que TIENE que concebir la vida sin él, que su proyecto de familia se fue a la mierda, que no se puede hacer nada.

Me rompe el corazón y me acuerdo de la canción de Cristina y los Subterráneos, y de cómo la ponía de banda sonora de mi vida en aquellos tiempos en los que yo viví lo mismo. Me apetece abrazar a M. y decirle que ya pasará, pero cómo le evitas pasar por todo el dolor que hay que pasar, por ver las estanterías del salón medio vacías, y por ver aquella mudanza a medias, y a dormir siempre en el mismo lado de la cama, teniéndola toda para ti. Y cómo le dices que vaya concluyendo ya, rapidito, que estaba más sola de lo que pensaba, que al final no hay mal que por bien no venga, que no es, que nunca ha sido una mujer frágil, que su proyecto sólo ha cambiado de estrategia, que ahora es una familia "rara", que volverá a sentirse tal vez más guapa que nunca, más mirada que nunca, más capaz que nunca. Ella, reina de su reino y de su vida, con sus princesas.

Y cómo le dices también que escarmiente, que el amor es finito, que nos vendieron motos, que los niños ven Pokemon y las niñas Cenicienta. Pero que no decaiga, que siga creyendo, que el amor debe, tiene que ser otra cosa, aunque te de miedo, aunque vuelvas a llorar, aunque vuelvas a extrañar. Que todo son ciclos, a pesar de que una y su cuerpo madura y envejece de forma lineal, sin tregua, sin prisa, sin pausa. Que ya llegará el momento de cogerle la mano al partner mientras duerme, de comprender en qué momento es cuándo ronca, de escuchar sus ruiditos de la tripa y sus silencios. Que ya llegará, y que entonces reconocerá que tiene miedo, de que la quieran, porque no se fía, de querer, porque duele, porque el amor es finito, porque es lindo, pero duele.

Sólo ella y sólo el tiempo.
En fin. Mi amiga M.
Yo me casé el último día del invierno de 1999.







2 comentarios:

Pecosa dijo...

Es verdad que el amor, en la mayoría de los casos, es finito. Yo conozco sólo un caso en el que veo que, después de tropecientos años, se quieren incluso más que cuando se casaron. Esas cosas se notan.

El amor es finito.
...


Siempre me ha encantado la voz de Cristina. Es taaan relajante...

Toshiaki dijo...

Mucha, mucha teoría..., pero luego la práctica es mucho más jodida.