domingo, 28 de marzo de 2010

El Buen Invierno

Algún día Alicia crecerá y hablaremos del Cardhu. Me gustaría explicarle lo fácil que me resulta saber de quien-es hablo cuando se me va la o y escribo lo que escribo. "Todo tiene un porqué, linda mía, -le diré- es la historia que vivía mientras tú aprendías a mover la cadera con Las Divinas, o cuando conociste Barcelona con tus manoletinas naranjas", o cuando, o cuando, o cuando. Es la historia de mamá.
(Creo que he perdido la foto con el bombo de Nicolás leyendo "El cielo protector", al sol en el Cortijo. Esa foto era parte de la historia paralela de la que yo quería dejar constancia. El Cardhu es como esa polaroid. Debería desempolvar la polaroid de mi papá y sacarle provecho).

Algún día, si la tecnología permite recuperar el Cardhu de los comienzos, le explicaré a Alicia que la noche del 28 de marzo de 2010 repetí en bucle la canción de aquí abajo acabándola de conocer, y que, por variar, hice recuento de las cosas buenas de los últimos meses y pensé en la música. Busqué en wikipedia algo sobre Bon Iver para tener noticias precisas del pobre Justin que se escondió en una cabaña en Wisconsin a llorar a la novia perdida componiendo, pero entonces todo empezó a apelotonarse en mi cabeza y de repente apareció Raleigh, la ciudad donde el tipo vivía y con la que el origen de este Cardhu tiene una fuerte conexión que por supuesto le contaré a Alicia. Y Doctor en Alaska, de uno de cuyos diálogos salió el nombre del grupo de Justin y con la que el Cardhu también tiene su parte. Y que ya es 28 de marzo y de todo empieza a hacer más de un año...
Con la emoción sencilla de las cosas éstas, pensé también en aquel post de Nía donde puse una canción preciosa de Bon Iver, en lo que me recordaba el cantante barbudo a las aceras barcelonesas, en la sensación que tenía el día que lo escribí, y sobre todo en aquel comentario muy por la tangente del primer brunch en Madrid.
Algún día le contaré a Alicia la Relación de Nombres de Personajes del Cardhu de los que en este post hago referencia. Me encantará volver a escuchar esta canción y verle la cara a mi niña.


jueves, 25 de marzo de 2010

The good, the bad and the queen

He perdido habilidades: como ahora mi oficina no es mi coche, no tenía boli a mano para apuntar el nombre de la canción cuando la dijo Santiago Alcanda. Conocí al bueno, al malo y a la reina cuando conducía el todoterreno y Si-glo-vein-ti-un-o duraba dos horas. Qué épocas. Creo que era ésta. ¿o sería Green Fields?
Molan, pero de a poquito.




domingo, 21 de marzo de 2010

Eso me pregunto...




*Foto chunga re-aparecida así como así.

sábado, 20 de marzo de 2010

El tiempo

Hoy L. le ha dicho "te quiero" a A. sin haberle dado un beso todavía. De repente se me olvidaron los 21 años de diferencia con mi sobrina y volví a los 14. Nos emocionamos juntas y le pedí que, por supuesto, me tenía que contar cuando diera su primer beso.
Los catorce, los besos, la emoción. Me quedé con sonrisa de tonta el resto de la tarde, pensando en los años que han pasado desde mi primer beso y la ilusión que me hizo el último que dí. Ay. Hay cosas que no cambian y eso es lindo. A uno le deberían enseñar que el tiempo...
¿que el tiempo qué? se me olvidó lo que iba a decir y no tengo foto que poner.

lunes, 15 de marzo de 2010

Otra baja en mi Macondo particular.

Me contaron que minutos antes de morir mi tía Sofía tenía una palidez casi plateada, y que cuando se fue, cuando su cuerpo se relajó profundamente sobre la cama, le volvió el color, el rosadito de las mejillas, el de su piel. "Como si eso plateado se hubiera ido realmente, como si fuera su alma y se hubiera ido volando de verdad", me dijo mi tía Rosalía.

Sofi murió la madrugada del sábado 13. Sesenta años después que su abuela, una de las matriarcas que yo escuchaba nombrar de pequeña y que apenas reconozco en las fotos. Güela, como la llamaban, murió la víspera de la boda de mi tía la mayor, Esther, que murió hace 13 meses sin ver el mar. Las dos murieron dormidas. Ruth también murió dormida, o por lo menos eso me contaron. El sueño, la muerte, la paz. Rezaron y pidieron que cuando les tocara irse fuera de esa manera, sin sentir la angustia, sin montar dramas, sin verle la cara a los demás o tal vez sentirse solas. También me dijeron en estos días que tuviera cuidado con lo que pido, que cada palabra que uno suelta es toda una declaración de intenciones, de vida y de muerte al Universo. Cuidadito. Aunque hoy, mientras planchaba y pensaba en mi familia, recordé que el último día del invierno harían 11 años de mi boda, y que hay promesas de las que uno puede retractarse.
Por si acaso voy a cuidar mis palabras. Sofi se mordía la lengua cuando tocaba el piano, y sus sobrinos la imitábamos y nos reíamos: todavía no nos habían puesto un espejo para vernos, por ejemplo, mientras aparcamos. Hacerse mayor.
Llevo todo el fin de semana pensando en aquello de no volver a ver nunca más a alguien, y no lo pienso por ella porque haya muerto, sino en todos los que siguen vivos y que es casi probable que nunca vaya a visitar o que tal vez nunca vengan a mi casa. Familia y aledaños. Pienso en cuántas veces uno se despide ("como circo pobre", decía Sofi, maestra de dichos y refranes paisas) y vuelve, y se despide y termina siendo para siempre, a pesar de que pasen los años, y la vida, y las generaciones y de repente te morís y no me atrevo a preguntarle a un conocido, ni siquiera a buscarte en facebook no-sea-que. No quiero escuchar malas noticias. Tal vez esa reflexión sea propia de esta edad y venga pegada a La Cana. "Cana con reflexión deprimente de serie". Tal vez. O tal vez es que uno tiene penita, que piense y se grite para sus adentros "¡¡¡me duele el alma!!!", como lloraba Ruth cuando se quedó viuda, y que durante estos días no hay reiki que alivie el segundo, tercer y cuarto chakra en mínimo rendimiento. Sin más.


La casa de mi abuela, por Fernando Mejía.

lunes, 8 de marzo de 2010

Iniciación

1. En la percepción de la luz y el color de los cuerpos sutiles cuando me quito las gafas.
2. En el tráfico legal de Energía Universal a través de mis manos, desde el viernes soy antenita trasmisora entre Tierra y Espacio.
3. Y en Los Planetas, tarde, pero por fin.





Puedo hacer lo que quieras... toda una Mujer Maravilla.

martes, 2 de marzo de 2010

El banquito al sol

Así me imagino el rincón de mi cabeza donde se acomoda mañana, tarde y noche El Hombre que Callaba Demasiado, tranquilo, sereno, sin hacer ruido, sin molestar. Se sienta parsimonioso y se queda ahí, adormilado, y no se va. No se va.



(foto de Paula G. Furió)