sábado, 6 de octubre de 2007

Hay un nudo de Hartmann debajo de mi cama

Esas temidas paredes de energía telúrica, ya sabes. Tengo un tremendo nudo de Hartmann que mueve el péndulo dorado que me regaló César (ya estoy hablando de mis amigos, como Juan Cruz!), a un ritmo vertiginoso justo debajo del lado izquierdo de mi cama. ¿Cómo, desde dónde se decide qué lado es el derecho o el izquierdo de una cama? ¿desde donde se mira? ¿desde donde se duerme? Yo sólo sé que duermo pegadita a una esquina, recostada a la unión de dos muros invisibles de energía poderosa que me han permitido llegar a una conclusión importante sobre quienes algún día han dormido en ese lugar junto a mí: con razón ninguno de ellos, ninguno de mis huéspedes ha pedido renta perpetua. Y cuando digo esto, señores, también me río, porque no sé si he viajado piso tras piso, casa tras casa, con el nudo bendito (¿?) debajo del colchón, o si más bien es la típica bromita de la vida misma que nunca me deja opción para orientar la cama sin que una de sus esquinas coincida con la unión de un par de líneas Hartmann. Eso me pasa por tener una cama tan grande (Ikea, para ti mi próximo blog peleón). Pero es así, y debe ser que desde que he sido consciente de la presencia del nudo, cuando cruzo el límite entre mi almohada y la otra, comienzo a soñar sin tregua. Un sueño tras otro hasta despertarme agotada. Le atribullo al pobre la intensidad de esos sueños, si no duermo o si . me duele la garganta, incluso si por su culpa se me ha muerto la plantita de la mesita de noche. En ese segundo casi infinito me digo "el nudo, el nudo",y busco con desesperación de miope e insomne la tranquilidad de mi almohada (my pillow, qué bonito suena en inglés), y cuando vuelvo a mi lado de la cama, al que mira a la puerta, siento paz a pesar de que esa orientación tampoco es la ideal: no me gusta mirar las escaleras, temo, sí, temo a abrir los ojos y encontrarme de frente, así, sin presentaciones, con el osado Pietro Arkan de turno que busque un tesoro en mi casa. Entre el feng shui y los nudos de marras (¡uy!) la naturaleza está acabando conmigo. Menos mal últimamente no hay nadie ara condenar a dormir a mi lado.

1 comentario:

La Semana Fantástica dijo...

Tendré yo nudos de esos en mi cama? Espero que no, porque acabo de cambiarla por una que me tiene enamorado. Dura. Con almohadas gorditas y mullidas, y que te hunden la cabeza sólo lo justo. Ay, Pi, no pases el péndulo por mi espacio de sueño... que me emparanoio.
Por cierto, quién será ese joputa de Hartmann?