lunes, 2 de marzo de 2009

Sobre el tiempo, las fotos, concesionarios y la comprensión de lectura

Asociación de ideas:
1. Esta mañana me hice una especie de promesa de no dar señales de vida.
2. Recordé, mientras me tomaba un café, cuando me bastaba con subirme a la Hiluxión y conducir, hablar con mis lugareños, emocionarme con paisajes, con casitas, con la música.
3. Decidí hacer un recorrido que tenía pendiente por cuestiones de trabajo y descubrí que no. Que las cosas ya no son las mismas.
4. Me dio nostalgia.

Y entonces

1. Dí señales de vida antes de quedarme sin cobertura. Antes de salvarme por la falta de cobertura. No tengo palabra conmigo misma.
2. Recordé que la semana pasada entré en el taller de Toyota por cuestiones que no vienen al caso y había una Hilux nueva pendiente de entrega. Me dejaron subirme... Mi Hiluxión olía a nuevo hace tres años, y se cruzó en los adoquines helados el día que la estrené, y se puso peineta, y sonaba como una tractor. Me emocioné con un miserable coche. Que ya no lo tengo. Que tengo derecho a la nostalgia.
3. Subí el puerto de Chía y me dió más vértigo que nunca. Y llegué al pueblo que buscaba y me dio pereza continuar. Me dio pereza hablar con el viejecillo que abrió la puerta, y bajarme y mirar Gredos, y hacer la foto de los montes sin cumbres por la niebla.
4. Me mareé en la carretera, quise llegar a casa, quise hablar, y entonces, en modo aleatorio sonó la canción que pongo aquí abajo. Las palabras, ay, mis palabras. Y pensé entonces que debía escribir un post con sentido del humor sobre la comprensión de lectura del anuncio de la venta de mi parcela, pero cuando llegué a casa me di cuenta que tenía un error y que por eso los posibles compradores me salían con tantas pendejadas.
5. Como me corté el rollo para el post, me puse a corregir y a actualizar el anuncio, a buscar las fotos, a cambiarles de tamaño. Y entonces encontré la que pongo aquí abajo.
6. Esa foto resume la nostalgia de este último año: la amiga que la hizo, el coche que me llevaba, los paisajes que descubría y las risa que me salía del alma.

En fin, por lo menos queda el peso de mis palabras... que cómo pesan...




(Diga boliqueso, mijita!)

1 comentario:

Pecosa dijo...

Con lo bien que te sienta esa sonrisa, cielo.