sábado, 6 de junio de 2009

La evolución y lo contemplativo

Una mañana de enero me fui con mi mamá a Madrid.  Cuando íbamos por la N110, vimos la imagen de la foto (foto chunga, por variar), unos molinos que sobresalían sobre una nube de esas que parecen derramarse sobre las montañas. Sacó la cámara de mi bolso y sonriendo me dijo: "en estas cosas me recuerdas mucho a tu padre, que se fija en tantos detalles que uno apenas si se da cuenta"...

Hace dos meses mi papá tuvo un "pequeño percance" que le ha dejado, de momento, sin encontrar las palabras que quiere decir y sin mover su mano derecha. 

-Txitán! - me decía cuando era pequeña -  ¿sabes qué es la única cosa que no pueden hacer las manos?

- No - respondía  siempre yo a pesar de conocer la respuesta, y hasta que me ha llegado el momento de hacerle a mis niños la misma pregunta en plan maestra.

- Tocarse el codo del propio brazo.

F., mi papá, pintaba y escribía y se desesperaba con cualquiera de sus Tres Mujeres, como nos llama a mi mamá, mi hermana y a mí,  cuando nos veía torpes haciendo manualidades. Ahora F., con la vida cambiada y en proceso de mejoría a pesar de la fragilidad de su corazón, nos está dando lecciones de confianza, optimismo y de su manera de ver la vida,. F. contempla, no mira, todo a su alrededor, y lo ha hecho desde siempre, aunque apenas ahora lo percibimos nosotras: el mechón de pelo que se le cae a mi mamá sobre la cara, el guisante que se le cae del plato a cualquiera de los nietos, la ficha del puzzle, la puesta de sol, el nido de la gaviota, el color, la luz...

La catarsis que ha supuesto para mi propia vida, viéndome y sintiéndome tan parecida a él en tantas cosas, ha hecho que piense en F. mucho más que antes y que quiera heredar ahora más que nunca, ahora que todavía estoy a tiempo, su virtud contemplativa y serena. El tiempo.

Ayer bajaba por el Paseo del Prado, y a la altura del Ritz había un acordeonista tocando, un montón de guiris pasando y una mariquitita cruzando la acera en perpendicular. No me quedaba memoria en la cámara, pero me alegró haber visto ese detalle. Durante estos dos últimos meses he intentado aprender, sigo en ello, a controlar aquello de ir por la vida a golpe de impulso, sin detenerme más en los molinos y en las mariquititas urbanitas. No puedo hacer que los relojes y los calendarios vayan a mi ritmo, y cuesta no poder darles cuerda, ponerles pilas y tachar los días. Cuesta. Como cuesta respirar profundo cada noche, y cada mañana, y no decaer a pesar de que amanece lunes y sientes que ya se ha acabado la semana y nada. Cuesta.
Y sin embargo, la recompensa está siendo la Evolución, el cambio de planes vitales, la satisfacción de la Serenidad cuando uno asume que no tiene varitas mágicas, que no ha cambiado nada desde el momento del bajón hasta el nuevo, pero que está Serena y Esperanzada. Aprendes a mirar desde fuera la muñequita pendeja que se acelera sin necesidad para después, sin haber conseguido nada, vuelve a su estado original. Y que sin embargo avanza. Y mientras avanza y contempla, percibe, y siente que su mente se abre y comprende mejor la lectura, y aprende y comprende, y en el camino sueña cosas bonitas, como señales, y se sonroja sintiéndose medio bruja, y se le para la respiración cuando comprueba que sí había una conexión.
Contemplo. Y hasta voy al médico a contarle que me duelen los ojos

-¿Legañas? ¿de las verdes? no, sólo la sal de las lágrimas pegada a las pestañas.
- Entocnes son sólo los ojos secos, carencia de lágrimas, ni heridas, ni cuerpos extraños.

Es verdad: lágrimas puntuales, heridas cicatrizadas, y cuerpos... no quiero extraños.





(Molinos en la niebla)


Entre lo de F. y el I Ching, va a  ser que estoy creciendo. 

  


4 comentarios:

Música dijo...

ay mi niña...empatizo totalmente contigo, llevo 3 años viviendo "la evolución y lo contemplativo", a mi papá le dió un ictus en el tronco del cerebro con síndrome del cautiverio y desde primera hora tuvimos claro que la receta sería: paciencia, confianza y esperanza. Dijeron que solo podría mover los ojos y ha desatado el síndrome, algo mueve, todo es lento pero aquí no hay prisa y tras pasar la noche oscura del alma, ese hombre tan vital y tan impaciente, él que de todo está pendiente ahora nos ha dado una lección maravillosa a todos.
Me he emocionado mucho Pi leyéndote, leer a alguien bello por dentro es ...y si encima dice lo que no puede uno plasmar en papel pues...gracias.
Dentro del dolor hay mucha belleza, aparece la magia y seguro que para tí no pasa desapercibida.
Libro: "anatomía del espíritu de Caroline Myss.

La Semana Fantástica dijo...

Ay, las herencias agazapadas... Qué cosas nos descubren. ¡Bravo por la desaceleración, Pi!

Pi dijo...

Música, te has emocionado tú con el post y yo con tu comentario. La vida. El tiempo. Pufff.
Fantástico, la desaceleración, posterior a la crisis, como debe ser, supongo, aunque cueste.

Pecosa dijo...

Supongo que en ciertas circunstancias es inevitable acelerarse, impacientarse, querer ser, querer abarcar...

Uno puede desesperarse o serenarse. Y la desesperación no ayuda mucho a evolucionar... Yo también opto por la segunda.