domingo, 6 de julio de 2008

00:00



Cuando tenía 11 años me gustaba llamar al teléfono de información horaria a las 12 en punto de la noche. Quería coincidir con la voz grabada justo en el momento de escucharla decir "son las 0 horas o minutos" .



También me gustaba sentarme a ver el atradecer en Medialuna mirando Medellín y esperando el momento preciso de ver encenderse las luces de las calles. Todavía hoy me emociona esa tontería de ver apagarse las farolas al amanecer de la ciudad donde me encuentre, o el momento en el que se encienden: primero amarillas, después blancas. Son movimientos imperceptibles.



No sé, acabo de mirar el relojito del ordenador justo a las 00:00 y creí que se me había estropeado. A veces se pierde la capacidad de sorpresa y por eso empecé a escribir esto. En fin.


(La foto es una caca, por pequeña, pero la imagen es lo más cercano a mi recuerdo)

5 comentarios:

La Semana Fantástica dijo...

¡Viva las horas que cambian días y los arrebatos escritos!

Carmen dijo...

a mí me gusta la gente que se sigue emocionando,
y que sigue recordando como veía el mundo a los 11 años.

:)

me ha gustado mucho leerte hoy, guapa. Un besote

Pablo Gamo dijo...

¡Qué bonita entrada! sin nada má que añadir.

Salutes.

Toshiaki dijo...

Vaya, a mí con 11 años me gustaba llamar a las farmacias para ver si tenían condones... Lo tuyo es muchísimo más poético :)

Saludos!

Patrice dijo...

Qué maja!
yo me sigo asombrando porque casi todos los días miro el reloj justo a las 17.28, que es el número de telefono de un amigo mío de la infancia. Es la hora que más veo en el reloj. Casi siempre, en mi reloj, son las 17.28 exactamente, ni más ni menos.
Y eso, para mí, es especial. Como tus 00.00 de reloj estropeado :)
Besos