sábado, 10 de octubre de 2009

La felicidad y los regalos

Un día de este raro verano, vino Q. y me trajo el regalo de la foto. Me hizo tanta ilusión como si a una pija le regalan un buitón de última temporada. Fuí feliz haciendo la foto, y comiéndome esos tomates como si fueran manzanas, a mordiscos, con sal... huum.


(sí, para los del chiste fácil, el pepino también estaba muy rico)


El otro día, ya entrado el otoño, recibí un SMS desde las aceras barcelonesas con un regalo sparklehorsiano. El nuevo disco de Gryzzly Bear. Fui feliz leyendo el mensaje. Ready, able. De verdad.




Me resulta inevitable no pensar en quien me hace un regalo como estos, cuando suenan las canciones, o miro las fotos (si los regalos son además de entrañables, comestibles). Regalos intangibles. Conexiones. Futuros recuerdos.


A mí también me gustaría que me recordaran cuando escuchan un regalo que hago (qué frase más mal redactada, pero hoy no doy para más).

2 comentarios:

Pi dijo...

Pero esas son cosas que no se imponen.

Toshiaki dijo...

Esos son los mejores, no los que vas a una tienda, te dejas una pasta, pero no son personales... Totalmente a favor de ese tipo de regalos!