A mí me gustaba jugar con Barbie. Mucho. No tengo ni idea de cómo jugarán las niñas de ahora o cómo habrán jugado las niñas de otras generaciones, yo me lo pasaba genial con mis barbies, sobre todo porque ese nombre sólo era un genérico. Esta es más o menos la historia completa a la que yo jugaba, y de cuyo esquema no podía salirme (es inadmisible que un muñeco tenga una personalidad y una historia un día y que al siguiente todo se vaya al carajo, eso no).
Barbie 1 se llamaba Estefanía. Barbie 2, Isabel. Eran hermanas. Vivían en Winnipeg, una ciudad al sur de Canadá, pero ellas creo que eran suecas, o noruegas. En realidad su casa estaba situada en Medellín, Colombia, en un mueble de estilo castellano que no cabía en el sálón de la casa de mi abuela y que entonces yo ocupé, sin pudor alguno, con mis guiris, balda a balda. Qué casa más bonita. Nada de lo que la decoraba era marca Mattel, aparte de las chicas. Mis papás se encargaron del mobiliario: los sofás era de poliespán forrado con espuma y tela de tapicería que le había sobrado a una tía mía de sus sofás, los cojines eran retales, las alfombras eran tapiticos de ganchillo que tenía mi mámá por ahí, las sillas de la mesa del comedor eran rollos de papel higiénico forrado con papel de rayitas rojas, la cocina, chulísima, rollo Ikea fabricada con bloques de un puzle de cuando era más pequeña, los "objetos decorativos" eran reinterpretaciones de Lego y Playmóvil, etc., etc. etc.
(Estefanía tomándose una copita con su gran amiga cuando al piso todavía le quedaba mucho por estar en orden)
Estefanía tenía un novio que no se llamaba Ken, sino Juan Sebastián. Él estudiaba Ingeniería Forestal, de hecho, Winnipeg era famosa por su facultad de Montes. Ella... no me acuerdo, creo que antropología, o sociología, una buen rollito hippy, pero con una hermana despendolada que al final se portó mejor que ella, porque he aquí que... Estefanía y Juan Sebastián se casaron de penalti.
Isabel vivía con su hermana en un triplex que les regalaron los papás, unos noruegos forrados (sí, eran noruegos). Ella se pidió la buahrdilla, jo, que tenía un pedazo de cama como para tres, repleta de cojines. La habitación de Estefanía era más... pija. Su canapé era un par de libros de una enciclopedia azul, y el armario, Made by Ferdy (mi papá), estaba repleto de ropa que mi mamá se había currado con patrones Burda para Barbies. Nada comprado, por supuesto.
Un fin de semana Isabel se fue no sé para donde, y coincidió que aparecieron por casa un par de amigos de E&JS. Se lo pasaron genial, se fueron de picnic, rollito tomar el sol, parejitas y tal, y ¡hala! que me llegó embarzada la muchacha y, bueno, fue dura la conversación con su hermana, porque claro... Aunque Isabel se guardaba lo suyo, pero al fin y al cabo, no tenía que rendirle cuentas a Estefanía, la mayor, la coñazo, que al fin y al cabo se suponía que era la que tenía que dar ejemplo y, eso, que terminó embarazada.
(E&JS de paseíto con sus amigos el día que se metieron la pata)
Planearon la boda. Y se celebró. El vestido de la novia se lo curró mi madrecita querida y el del novio, de Mattel, lo trajo mi amiga Lina, complice de todo el culebrón. Ha saber si con todo el ajetreo de aquella tarde, su parejita también salió con regalito... Pero claro, ella era más moderna, su papá era político liberal, y seguro que sus Barbies ni se casaban ni ná. Yo por lo menos no me entéré y ella se ha borrado del Facebook.
(Prueba de vestidos. De izquierda a derecha Isabel, Estefanía y Barbie)
En fin, que preciosa la boda. El cura tuvo que ser el tuno al que le arranqué la guitarra y del que todavía no le he pedido explicaciones a mi mamá por su existencia en casa. Lo demás, muy íntimo, sólo la parejita de amigos (creo que Lina no les tenía nombres), Isabel y una estúpida que se coló, una barbie chibiada, de esas que no doblaban las rodillas y que cuando las setabas se les abrían las piernas. La había bañado una vez, pero se le rizó el pelo en plan afro total y decidí raparla. Menos mal Lina me regaló una peluca marca Mattel y por lo menos podía aparecer de bulto en las historias. En todo caso, la estúpida és, se coló en la boda, creo que era la tipica que iba a malmeter con rollos sobre el novio, pero en fin, nos fuimos a vivir a Bogotá y cumplí 13 años.

(Los novios, cada uno mirando a un lado. Así les habrá ido)
Comentarios
Además, lo divertido de esos juegos era precisamente montar la parafernalia alrededor de las muñecas sin que fuera comprado ni de Mattel: buscar cosas y lugares para montar los escenarios (¡¡un mueble-tríplex, genial!!), hacerles vestidos, inventar las historias... Siempre había metidas de mano y escenas para adultos, aunque fuéramos niñas, ¡jajajaj!
¡Un post, y unas fotos brutales!
Así nos va, con esa infancca tan salida.
lo de rapar a la barbi no sé porque os da a todas por cortarlas el pelo.Mi hermana se lo cortaba y a una de ellas la dió mechitas con betún de judea.Al final quedó mona y todo.jajajajaja
Saludetes!!
no sabía esto de: hola barbie
hola barbie
como estás barbie, bien barbie...
no me salía
yo es que era más de muñecotes y llevarlos al médico, mi padre, y hacerles comidillas y eso
Por supuesto, cuando terminabamos de montar la super-casa-habitación casi era hora de irse... pero era lo más divertido de todo!
Y lo que te rondaré morena, podría estar durante un buen rato hablando de esto :)
Me repito: me ha encantado, y las fotos ni te cuento!
Besos guapa!!
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